‘Amour’.

amour-poster2‘Amour’ es un descenso a los infiernos. Haneke plasma con amargura y desasosiego todo ese mundo que rodea al crepúsculo de la vida, a la vejez, a la agonía de los últimos instantes. Uno se siente impotente, tratado de manera injusta, cuando le sobresalta, de repente, un adiós tan aflictivo.

Son la vida y la muerte según Haneke. Y todo ello lo plasma con absoluta naturalidad en cada uno de los fotogramas que componen esta película. El cineasta austriaco siempre se había  alejado,  hasta la fecha, de la felicidad y la alegría. Sin embargo, ‘Amour’ contiene algo de esa melodía, de esas notas, cuando uno se fija en los ojos de Emmanuelle Riva al observar un álbum de fotos. “Qué larga y bonita es la vida”, reflexiona en voz alta la entrañable anciana, invadida por la nostalgia.

Ayudan, y mucho, en la tarea de hacernos sentir partícipes de esa despedida tan agridulce, los formidables Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva al encarnar a ese par de ancianos que verán como su tranquila vida se marchita al abrigo de un desayuno invernal. No busquen el sombrío y turbio universo que acompaña al cine de Haneke, pues no está presente en ‘Amour’. Lo que aquí van a encontrar es un personal, tierno e íntimo canto al amor. 

9/10 

‘Funny games’. Violencia extrema.

Michael Haneke se aleja, en esta ocasión, de retratar nuestra sociedad, como lo hizo en sus tres primeras cintas, a modo de explicar el origen de la violencia. Esta vez, no hay explicación alguna para la misma. Simplemente va directo al grano, mostrándonos una violencia extrema que se apodera de la pantalla, con esos gritos, lloros y baños de sangre desgarradores. Con unos ejecutores, dos niñatos, uno tirillas y otro panzudo, que se divierten con sus macabros juegos, alterando la naturalidad de esa familia que, ni en sus peores pesadillas, esperaban tal bienvenida.

Es asfixiante la presencia de los dos energúmenos en pantalla. Te enerva la sangre ver todo eso, la frialdad con la que se ejecuta, y el sufrimiento que conlleva en las víctimas (es gracioso que esas sensaciones no tes las produce el 98% de las pelis de tiros americanas). Aterradoras escenas. No se explaya en explicitarlo, más bien juega psicológicamente con nosotros, haciéndonos sufrir emocionalmente casi más que a esos tres pobres desgraciados. Además, Haneke juega con el actor Arno Frisch, quién sirve como interlocutor entre el film (la ficción) y el espectador (la realidad), creando esa sensación de confusión entre ambas, apaciguando las demandas violentas de nuestros días (sí, día a día se pide a gritos) y, principalmente, jodiéndote la mente para el resto de tus días al invocar la estampa de esos dos dementes.

En definitiva, brutal película que ahonda en lo macabro, arrastrándonos hacia nuestros instintos más primitivos, produciéndonos mil y una sensaciones (para dejarnos jodidos) al comprobar la mezquindad de tergiversar juego, diversión y violencia (seguro que a más de un alto cargo de la industria militar norteamericana le habrá resultado familiar el film).

’71 fragmente einer chronologie des zufalls’. Haneke roza el tedio.

El tiroteo, anunciado desde los inicios, sirve como pretexto para que Michael Haneke se de un garbeo por la vida de las personas, que por cuestiones de azar, se verán involucradas en él. De este modo, nos retrata, de una manera bastante tediosa, el día a día de los seleccionados por el cineasta austríaco, realizando, nuevamente, un fresco en el que retratar el desasosiego cotidiano, en diversos niveles, de nuestra sociedad.

Sin embargo, ’71 fragmentos de una cronología del azar’ es la cinta más floja de las tres iniciales de su filmografía. No está al nivel de las dos anteriores, salvándose en ella, únicamente, ciertos fragmentos de ese puzzle que tiene como momento culmen, eso sí, un grandioso final. No es de lo mejor de su filmografía.

‘Der siebente kontinent’. De viaje a Australia.

Michael Haneke debutaba en esto del cine haciendo un análisis detallista y minucioso (he de reconocer que roza por momentos el tedio, quizás buscado) de la vida de una familia acomodada de una urbe austríaca. Consumo, materialismo, medios de comunicación rompiendo el diálogo familiar, la lucha por un buen empleo, el coche impoluto, el frío contacto familiar, las apariencias establecidas.

Todo queda empaquetado, transmitiéndonos la insatisfecha vida de los miembros de la familia, con una niña sin ubicación en la vida social, y unos padres muertos en vida. Una vida descorazonadora en el que el sentimiento se somete a lo material. Una vida en la que uno no es más que un peón al servicio del sistema, con su automatismo (la escena de la cajera es brutal, o la del accidente) inherente a él, ahogándote dentro de sus redes, sintiendo la asfixia. Estallas, intentando soltar amarras, soñando con ese idílico viaje a las playas australianas.

El final rompe con la dináfmica del film, pues hasta ese momento todo era lento, aburrido (como impregnándote del tostón de esa vida). Se allana el camino hasta esa escena en la que les da por destrozar la casa entera, abriéndole los ojos a uno de la cantidad de cosas manufacturadas, inútiles e innecesarias para vivir, que nos rodean en nuestro día a día. Se liberan de esta vida, despidiéndose de una manera bastante triste, aflictiva, desasosegante. Uno, al presenciarlo, se queda bastante jodido. Pero, así es el cine de Haneke. Desolador, angustioso, pesimista hasta el extremo (u optimista, reflexionar para transformar, como él dice). Un film al que no le sobra nada. Cada escena tiene un significado y, en conjunto, todo el film tiene un mensaje muy claro. Un mensaje desgarrador: estamos a la deriva.

‘Benny’s video’. Brutal reflexión.

‘El vídeo de Benny’ es un paseo por la violencia diaria de nuestras vidas. Un punto de vista nada convencional, alejado de cualquier destello de esperanza y alegría (ni siquiera en ese cálido Egipto), desde el que Michael Haneke desarrolla todo su potencial tormentoso, desapacible y lúgubre, carácteres de nuestra existencia, a través de esa familia burguesa rota en mil pedazos a causa de un sistema que ambiciona el materialismo, alejado de los lazos sociales, provocando la brutalidad, la brutalidad de un chiquillo que ya lo tiene todo (lo material) y busca nuevas sensaciones, curiosidades (a través de una cinta en la que se asesina a un cerdo), justificándose, tan sólo, con un simple “no sé”. No le hacen falta las palabras a Haneke, le bastan las imágenes para desatar la reflexión acerca de nuestra sociedad.

Spoiler

Sin hija (pero, ¡qué buena es en los negocios!) y a punto de perder al hijo, tras su incipiente vena psicópata, los padres tratarán de ocultarlo, detallando fríamente el plan de cómo descuartizar a la niña que su hijo guarda ensangrentada en su armario. Todo es de una dureza importante. Muy áspera. Benny, finalmente, declarará, gracias a sus grabaciones, en contra de sus padres, como tratando de vengarse por la infame educación (inserta en la ola del sistema) recibida. Ojo con la escena del asesinato. Brutal, tremenda. Duele visionarla y, sobre todo, escucharla (los gritos son desgarradores).