‘Layer cake’. Imitación de segunda.

Matthew Vaughn, un tipo que está haciendo una más que interesante carrera cinematográfica como director, debutaba tras las cámaras con esta cinta: ‘Layer cake’. Trataba así de evocar un tanto a las talentosas obras de Guy Ritchie, ‘Lock & Stock’ (1998) y ‘Snatch’ (2000). Desgraciadamente, el resultado final deja mucho que desear.

Mediocre. Así es como defino a esta película. Tiene un inicio cautivador, interesándote por ver qué sucederá con ese lacayo del crimen al que da vida el actual Bond, Daniel Craig (sí, la versión cinematográfica de Vladimir Putin). Sin embargo, poco a poco va esfumándose el poder de atracción. El narrador trata de mantener el pulso, pero el material que tiene entre manos es limitado.  La intriga no termina de convencer, y los quebraderos morales del protagonista (¿los hay?) no levantan ningún tipo de empatía con el espectador. No me parece ni transgresora ni chispeante ni original. Más bien, aburrida.

Vaughn se inicia en la dirección con un producto que no pasará a la historia del cine. Una película que nada dice, pues está altamente desaprovechada. En fin, una imitación de segundo nivel de las cintas mentadas en el primer párrafo. Del montón.

6/10 

‘X-Men: First class’. Paso atrás, en todos los sentidos.

Después de los orígenes de Lobezno, la Fox y la Marvel siguen brindándonos la oportunidad (a cambio de unos seis euros) de disfrutar con las andanzas y desventuras mutantes de nuestros intrépidos protagonistas.

En esta ocasión, es el turno de dos de los célebres, los dos líderes de las distintas corrientes: el Dr. Xavier y Magneto. Se ahonda en perfilar las personalidades y rasgos característicos de estos personajes, los actos y acontecimientos que han marcado sus vidas y cómo eso ha influido en lo que luego hemos visto en la gran pantalla en anteriores cintas. Se une, de modo complementario, la génesis de Mística, conformándo así una tríada de personalidades carismáticas a diseccionar. A vueltas con ello, en la raíz de la historia, se encuentra la escisión primigenia entre esos dos grandes amigos, y el nexo cambiante que supone Mística. Uno, frente a lo humano, busca el imperio, el otro la reconciliación. Maneras distintas de defender un mismo objetivo: el respeto al mutante.

El motor de combustión, antes que la batalla con los humanos, será el personaje al que da vida Kevin Bacon (warning: hace de malo, qué raro), un nazi de nombre Sebastian Shaw, convertido, con el paso de los años, en señor de la guerra. Aquí la cosa va acerca de la crisis de los misiles cubanos y tal (a esta parte tampoco le presten excesiva atención). El caso es que el susodicho personaje marcará, a fuego lento, la ira en el carácter de un jovenzuelo Magneto, al que influirá decisivamente en sus temperamentales concepciones acerca de la sociedad.

Es la historia más floja (con diferencia) de toda la saga. Diálogos pobres y simples, interpretaciones mediocres (excepción hecha de Michael Fassbender), dirección flojísima (sobre todo en las escenas de acción, de risa son las acciones voladoras del final), contexto horroroso (una Guerra fría de andar por casa) y un toque teen de efervescencia hormonal (bastante niñato y niñata jugando a ser monos o guais, por no hablar del cameo entre la Mística adolescente con el madurito Magneto) que no viene a cuento con la línea de lo que era X-Men. A todo ello, súmenle un más de lo mismo desde que  Bryan Singer abandonó la saga: acción por encima de la historia, o lo que es lo mismo: profundidad supeditada al efectismo.

6.5/10

‘Kick-Ass’. La combinación perfecta entre humor negro, superhéroes y disparos a quemarropa.

Un pringado, en el sentido estándar del término, decide un buen día que ya está harto de que le abofeteen la cara y le roben dinero y móvil cada dos por tres. Su vida de chaval impopular, friki del cómic y pajillero compulsivo, quedará a un lado. Ha decidido ser superhéroe, y tiene nombre: Kick-Ass.

No estará sólo en su faceta justiciera, pronto se dará cuenta que es el amo de facebook, uno de los reyes del telediario, por lo que captará la atención de: dos locos (padre e hija, sensacional Nicolas Cage), Hit Girl y Big Daddy, con ansias de vengar una muerte; y de un mafioso y su hijito mimado, Frank d’Amico y Red Mist, dos tiranos. A partir de ese triángulo se moverá el film. Bueno, sin olvidar el aumento en la popularidad (más por gay que por héroe) del chaval, lo que le permite ligarse a una de las cachondas del insti.

‘Kick-Ass’ ha supuesto una grata sorpresa, una de esas películas que uno siempre anda buscando y cuesta encontrar. Cuenta con un guión brillante, escrito en estado de lucidez, que destila sarcasmo por los cuatro costados, con un humor que, a su vez, incluye más de un guiño cinéfilo (a superhéroes y no tan superhéroes). Y una dirección con cierto aire tarantinesco, en especial, por su comodidad con la violencia, la cual es retratada, a su vez, casi siempre acompañada de una BSO a juego con la escena. Eso sí, ni se le ocurra verla con niños, pues digamos que la violencia, la sangre, las puñaladas, los disparos a quemarropa y demás, son la esencia de la misma. Por no hablar de lo transgresor del papel de Hit Girl, todo un ejemplo para los más peques (nótese la ironía). En definitiva, un film que se aleja de lo convencional, brindándonos un espectáculo sensacional. Un soplo de aire fresco dentro del chabacanero cine comercial hollywoodense. Entra dentro del club personal.