‘Tower heist’. Ya saben, cosas de la crisis.

En plena resaca financiera, el bueno de Stiller apuntaba las miras de esta cinta hacia un objetivo bien claro: los especuladores financieros. Sabedor de los expansivos recelos de la ciudadanía ante estos sinvergüenzas del capital, los productores vieron el filón y se subieron al verde del dólar. 

Todo es simple y bobalicón en esta comedia que parte del pretexto del atraco justiciero (al más puro estilo Robin Hood) como motor de combustión de una historia que no da mucho más de sí. El reparto hace lo que puede y la factura técnica es del montón. El entretenimiento perseguido, se alcanza. Faltaría más… si uno cuenta con Ben Stiller, Eddie Murphy, Matthew Broderick, Casey Affleck o Téa Leoni en el reparto, muy mal tiene que hacerlo para no entretener. 

En definitiva, un alarde de mediocridad. Si uno quería satirizar la existencia de los tiburones financieros de Wall Street, se podía hacer algo mucho mejor. Por tanto, se mantiene en la línea que caracteriza a la mayor parte de producciones propias del género cómico de la última década: chabacanería comercial.

5/10

‘Ferris Bueller’s day off’. Aprendiendo a vivir al volante de un Ferrari.

Ferris Bueller se las sabe todas. Es un maestro en el arte de hacer novillos, y de camelar a sus papás para hacerlo, además, de manera oficial (nada de votar la valla) . Ahora, ha decidido saltarse por novena vez las clases, jugándose el graduado, pero buscando otro tipo de sensaciones, de aventuras. Y lo hará de la mano de su novia y de su mejor amigo, Cameron. Estos tres adolescentes pasarán el día disfrutando por las calles de Chicago, visitando museos, edificios emblemáticos, comiendo en restaurantes lujosos, bailando en los pasacalles. Todo ello, en lugar de acudir, religiosamente, a la escuela.

John Hughes volvía con ‘Todo en un día’ a un terreno en el que se mueve como pez en el agua: el mundo de los adolescentes, retratando las inquietudes de esas edades, las presiones paternas (sobre todo, en la figura de Cameron a través del Ferrari), las insatisfacciones y la amargura (grande el papel de la hermana), pequeños problemas, todos ellos, a los que enfrentarse, cómo no, de una manera rebelde, gracias a las andanzas del gamberrete de Ferris. No olviden el sarcasmo en el guión (qué buenos son los papis de Ferris!), ni la fotografía de Fujimoto. En definitiva, una película fresca, alocada y divertida que se enmarca dentro de las “revoluciones” juveniles que nos deparó el bueno de Hughes.

‘Election’. Historias de un instituto.

Election no es sólo una simple elección a la presidencia de estudiantes de un instituto de Omaha. Es mucho más. Es una pequeña fotografía de lo que es la vida en la sociedad occidental. Se enmarca dentro de un instituto, donde McAllister, un profesor humilde, sin grandes pretensiones y conforme a su vida, levanta una auténtica cruzada contra Tracy Flick, una sabelotodo perfecta con una ambición desbocada.

A la lucha humildad/ambición central, le secundarán unas cuantas piezas más con las que acabar de completar este reducido, pero gratificante, rompecabezas social. Por un lado, los hermanos Metzler. Con ellos, Payne podrá hablar acerca del típico muchacho ignorante cuyo única obsesión en la vida son el fútbol y el sexo (la juventud), y la ¿típica? lesbiana adolescente rebelde y solitaria que acaba metiéndose en un colegio de monjas para poder estar con más chicas y vivir a su gusto (grupos minoritarios). Por otra parte, en torno a los dos personajes centrales, examinaremos el matrimonio del profesor, su insatisfecha vida sentimental y la incidencia que en ella tuvo la siempre insoportable Tracy Flick. Atención al personaje de la madre de ésta, la ambición hecha persona.

En definitiva, Election es una pequeña joya del cine. Una American Beauty en miniatura. Un film que habla acerca, como ya hemos dicho, de los distintos modos de afrontar la vida, desde la búsqueda de la perfección y la ambición pasando por la humildad y solidaridad, hasta llegar a la simple ignorancia. También habla acerca de la sexualidad. Y del matrimonio. O de cómo se corrompen nuestros valores morales (y políticos). Y lo hace todo ello a través de un guión fresco, ácido y original. De modo que cuando terminas de verla, llegas a darte cuenta de lo relativo que es el fracaso y el éxito en la vida social.