‘Crash’.

crash_xlg“Es la sensación de contacto en cualquier ciudad por la que camines, ¿comprendes? Pasas muy cerca de la gente y esta tropieza contigo. En Los Angeles nadie te toca. Estamos siempre tras este metal y cristal y añoramos tanto ese contacto que chocamos contra otros sólo para poder sentir algo.”

El título de esta obra ya denota sus intenciones. ‘Crash’ es una oda a las colisiones, los tropiezos, los choques y los golpes. No entendidos éstos en sentido literal, sino como una metáfora del lado áspero de la vida. Esta es, por tanto, una historia llena de humanidad.

Paul Haggis pincela con sutileza un retrato de la sociedad angelina a comienzos del siglo XXI. Las figuras del paisaje quedan perfectamente contornadas. Caminan, lloran, sufren. Aun quedando prendados por la ilusión y fantasía del cuento que un padre le susurra a su pequeña hija, lo cierto es que aquí apenas encontramos atisbos de felicidad y alegría. Retales de vida, en definitiva, tan emotivos como sentidos.

8.5/10

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‘Beautiful girls’. Preciosa película.

“¿Sabes? Hay cuatro palabras que necesito antes de irme a dormir. Cuatro palabras: “Buenas noches, mi niña”. Y eso es todo. Soy muy sencilla, lo sé. El chico que me dice esas palabras, me quedo con él”. (Personaje Andera. Uma Thurman).

Willie Conway está ante una difícil tesitura. Su novia Tracy, con la que lleva saliendo once meses, le ha pedido el matrimonio. A punto de entrar en la treintena, el trovador pianista decide escapar de los humeantes garitos neoyorquinos para volver al pueblo de su infancia, Knights Ridge, con tal de reflexionar sobre su futuro. Así comienza esta maravilla de película titulada ‘Beautiful girls’.

Enclavando su atención en los gélidos parajes que proporciona la vida en una pequeña comunidad, Ted Demme consigue hacernos ser partícipes de las mil y una interacciones existentes entre los habitantes de dicho lugar. Nos emocionamos con ellos, sufrimos y nos alegramos con sus vivencias, tan pronto uno ríe y canta en la barra de un bar como se desespera y entristece al volante de una camioneta. Salvando las distancias temporales (aquí están dejando la veintena para llegar a los treinta) y de espacio (esto no es Texas, sino algo parecido a Minnesota), he de decir que esta cinta me parece una versión en miniatura de la imperecedera ‘Friday night lights’ (2006), así que ya está hecha la recomendación paralela.

El fabuloso guionista Scott Rosenberg, uno de los padres de la también mítica ‘High fidelity’ (2000), consigue brindarnos toda una explosión de sentimientos y sensaciones en la que los personajes quedan perfectamente pulidos e interpretados. Prepárense, por tanto, para dar un paseo por el mundo del corazón. Un mundo repleto  de amistad infinita, romances hirientes, afectos inquebrantables, amores penitentes, temores insospechados, corazones malheridos, sueños frustrados y tantas sensaciones más que caben en los apenas cien minutos de duración de esta genial película.

En fin, una historia tan alegre como triste, tan sencilla como profunda, tan dulce como amarga, tan nostálgica como melancólica, tan bonita como pesarosa. Una historia, en definitiva, humana y llena de vida. Véanla, pues están ante una de las mejores películas de la década de los noventa. Gran reparto, mejor historia, sensacionales diálogos, buena fotografía y emotiva banda sonora. Mención especial para el personaje de Uma Thurman, simplemente brillante.

9/10 

‘A kiss before dying’. Notable intriga.

Tiene muy mala prensa este film. Puede que sea porque a todo remake se le mira con lupa, pero el caso es que no llego a entenderlo. A mí me parece una notable película en la que el espectador, por ejemplo y entre otras cosas, puede disfrutar de un Matt Dillon en plena forma.

La historia gravita en torno a los corrompidos sueños de Jonathan Corliss, en lo que supone una ácida crítica a la búsqueda de la felicidad recetada en el ideario liberal estadounidense, aprovechándose así de la vena pasional que acompaña al perverso plan del protagonista para dotar a la narrativa de un tono inquietante, tan corrosivo como incendiario. 

En definitiva, interesante intriga plasmada con buen pulso por James Dearden. Ayuda, digan lo que digan los razzies, ver en el cartel a Sean Young y, sobre todo, a Dillon. Así, déjense llevar por el recital criminal/pasional dado por aquel chiquillo fascinado por los trenes de mercancía de la compañía Carlsson. Seguro que lo disfrutarán.

7/10 

‘Solteros’. Himno generacional.

En la Seattle de principios de los 90 se sitúan los personajes de esta historia. Una historia coral que pulula por un bloque de apartamentos en el que habitan jóvenes como Matt Dillon, Campbell Scott o Bridget Fonda. Algunos ambicionan ser una estrella del rock, otros ansían cambiar el mundo con un megaproyecto de trenes o arreglando el medio ambiente, otras mientras consideran qué rumbo escoger (ser arquitecta o no) alternan su distracción tratando de ocupar su corazón con algún muchacho.

Himno generacional que retrata, de manera entretenida aunque un tanto caótica, esa crucial etapa de transición a la madurez, con los vaivenes sentimentales, las preocupaciones por el trabajo, la pura amistad, la dicotomía  (si/no) de comprometer el corazón o esa indecisión de no saber qué será de mí. No logra ser una gran película, no logra la excelencia que dos años más tarde comenzaría a conseguir la magnífica ‘Friends’ (1994). No obstante, sí podría ser el tentempié con el que abrir el apetito de cara a aquélla. Buena película.

 

‘Albino alligator’. Esperaba más de ella.

Un tal Kevin Spacey, casi nada, debutaba en el mundo de la dirección, allá por 1997, con “Albino alligator”, mal traducida aquí, siempre, como “La trampa del caimán”. Una película que cogí con grandes expectativas, esperando bastante de ella, pues portaba certificado de calidad (las alabanzas eran unánimes).

Tras verla, sucede lo que, en muchas ocasiones, ocurre: defrauda. Esperas tanto de ella, que no resulta. Matt Dillon, Gary Sinise y William Fichtner son tres atracadores de poca monta que, sin comerlo ni beberlo (es decir, atropellando a un policía después de salir por patas tras su chapucero asalto), se ven envueltos en una operación policial contra un importante delincuente. El caso es que todos (y de manera muy facilona, el papel de Viggo es crucial) acaban envueltos en un garito-sótano rodeados de policías armados hasta los dientes.

Kevin Spacey y el guionista se dedican a mostrarnos como tratar de salir de ahí, de ese embrollo. Contínuos diálogos, dilemas, confrontaciones, algún giro barato en el guión (malos, hermanos, madres e hijos) y poco más. La tensión que inunda la relación entre los secuestradores y los secuestrados prácticamente no la percibo. Y ahí es donde chirría. De todas formas, no disgusta su visionado. Eso sí, no esperan la obra maestra que yo buscaba en ella porque no la encontrarán.