Qué decir sobre… «The spectacular now» (2013)

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Dirección: James Ponsoldt

Guión: Scott Neustadter, Michael H. Webber

Fotografía: Jess Hall

Música: Rob Simonsen

Montaje: Darrin Navarro

Reparto: Miles Teller, Shailene Woodley, Brie Larson, Jennifer Jason Leigh, Kyle Chandler, Mary Elizabeth Winstead

Después del bombazo indie que supuso dentro del género romántico la célebre 500 days of Summer (2009), el dúo compositor de aquel guión, Scott Neustadter y Michael H. Webber, reemprendía la escritura para elaborar otro manifiesto (anti) romántico, dirigido ahora por el joven James Ponsoldt.

El resultado es más que digno. Todo se centra en Sutter y Aimee, dos jóvenes con sus problemas y cosas. Ella es tranquila, tímida, sensible y con un punto de misantropía. Él es un acomplejado y traumatizado chaval que se esconde tras la fachada del juerguista “pasota”. Así, el mundo de la adolescencia y el high school queda retratado de un modo distinto, fuera de la línea estándar y acaramelada que todos conocemos. Aquí hay baile de graduación, claro que lo hay, pero uno acude a él con una petaca en el bolsillo de la americana o sin tener ni idea ni ganas de bailar.

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La historia permite lucirse al tándem protagonista: Milles Teller y Shailene Woodley. Los dos están muy bien, pero es una lástima que el relato termine volcándose de manera descarada en la figura del chico, dejando un tanto de lado el espléndido trabajo realizado por Woodley a la hora de interpretar a Aimee Finicky. En todo caso, The spectacular now contiene buenos diálogos y expone acertadas situaciones. El tema del padre del muchacho, a quien da vida un excepcional Kyle Chandler, alienta un poco más (si cabe) el estilo contestatario y repleto de ácido con el que queda adornada esta narración. 

Romanticismo de inadaptados, servido con frescura y ese punto friki tan agradable de ver, para levantar un monumento al espectáculo que es la vida, aun en sus amarguras y desconsuelos.

7/10 

‘The thing’. Innecesario remake disfrazado de precuela.

En una escena de la cinta de Carpenter, cuando el Doctor y MacReady visitaban la base noruega, el primero le preguntaba al segundo: “¿qué ha ocurrido aquí?”. Con esa idea debió nacer esta insulsa precuela, parida por Matthijs van Heijningen Jr, que tiene más de remake que de otra cosa, con la idea de responder a este enigma.

Ha errado en su principal cometido: desvelar algo que no supiéramos ya. Poco (o nada) se dice de la famosa nave espacial. Tampoco se inspecciona en absoluto el origen y procedencia del alienígena. Apenas se dan un par de pinceladas (el tímido esclarecimiento de la imitación y poco más) para poner en órbita a todos aquellos espectadores que por motivos varios no hubiesen visto el original, abriendo así el telón para el festín efectista, gratuito y mínimamente decente que nos tenían aquí preparado.

Como cine absolutamente comercial, la nueva ‘The thing’ no está mal. Es decir, entretiene. En élla tenemos la crónica búsqueda del susto fácil como receta para conseguir la inquietud en el espectador, unido al despliegue de unos efectos especiales (me quedo con los viejos, aún siendo más modestos) que parecen, a diferencia de su antecesora, el fin último de la película y no el medio. Me da por ahí que todo es demasiado precipitado y ansioso, de puro nervio y ritmo impulsivo. Además, irrita comprobar que hay más de un calco, en alguna que otra escena, de su hermana mayor. Vamos, es como versionar a Carpenter pero despojando a su vástago de la fuente inspiradora paterna, quedando todo plenamente hueco.

En definitiva, buen presupuesto para un producto que no es más que fuegos artificiales. Muchos efectos especiales y sustos baratos como medida para paliar el déficit creativo (en la historia, dirección, reparto, música y demás) que ha habido para siquiera acercarse a la mítica cinta de los años ochenta. Esta cinta le da más mérito a la joya de Carpenter. Y sí, ya sé que las comparaciones son odiosas, pero aquí se prestaba a ello sobremanera.

6/10

‘Scott Pilgrim vs. the world’. Sólo para frikis.

Típica película que coges con excesiva ilusión y desmedidas expectativas para acabar dándote un buen chasco a los quince minutos de empezar. Ni el británico Edwar Wright que venía de dos parodias absolutamente disparatadas (en el buen sentido de la palabra) y se volcó en labores de todo tipo para que esto saliera de la mejor manera posible. Ni Michael Cera, quien volvía a encasillarse dentro del papel de adolescente rebelde. Ni siquiera Mary Elizabeth Winstead que acababa de romper la pantalla con un papel tan explosivo bajo las órdenes de Tarantino en ‘Death Proof’ (2007). Nada pudo salvar de la quema a este petardazo de película.

No se salva porque no conecto con ella. Es decir, tiene una puesta en escena en la que se combinan con demasiada facilidad el caos y la algarabía. El autor recurre en demasía a la gilipollez pretenciosa añadiéndole ciertos toques personales que me ponen de los nervios. El reparto trata de no naufragar aplastándole la cara a Edwar Wright en busca de oxígeno pero ni por esas rozan la decencia (exceptuando a Ellen Wong). Ah! se me olvidaba: la historia… qué decir de la historia! De lo más suicida, aburrido y, palabra mágica, friki que me hayan tirado a la cara en mucho tiempo. Si la consiguen acabar querrá decir que su paciencia puede alcanzar límites insospechados.