‘The impossible’. Dramón.

Impossible_810x1200Situémonos. En el mes de diciembre de 2004 un tsunami azotaba al océano Índico. El capricho de la naturaleza dejaba la escalofriante cifra de unas 250 mil pérdidas humanas. Muchos de ellos, eran turistas occidentales que disfrutaban de sus vacaciones navideñas en las paradisíacas vistas que ofrece el Sudeste Asiático.

Una de esos turistas era María Belón, la mujer que a través de sus vivencias y palabras terminaría por dar pie al buen drama aquí tejido por el dúo que conforman Juan Antonio Bayona y Sergio G. Sánchez. La historia, por tanto, no deja de ser una anécdota, una angustiosa pesadilla, como tantas otras se sucedieron durante aquella catástrofe natural.

No busquen en ‘Lo imposible’ una obra mayúscula porque no la van a encontrar. Nos sirven, eso sí, una importante ración de dolor, sufrimiento y esperanza. La gran baza del film es Naomi Watts, quien nos hace ser partícipes de la estoica actitud con la que se desenvuelve esa aturdida mujer que en medio de la desesperanza tan solo pensaba en auxiliar a un indefenso chiquillo. Nos brinda así una interpretación tan emotiva y humana que uno termina por perdonarle a esta verídica tragedia el puntito lacrimógeno y sensiblero con el que ha sido condimentada para cumplir con los gustos del gran público. 

7/10

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‘Mientras duermes’. Horror.

El genio del terror, Jaume Balagueró, se dejaba llevar, en esta ocasión, por Alberto Marini, quien ingeniaba aquí un guión perverso e inquietante que se zambullía en las entrañas de un desquiciado absoluto como César, portero de un bloque de pisos en una ciudad urbana española.

Luis Tosar borda el papel de hombre perturbado. Desarraigado, desalmado, desamparado. No tiene afán por vivir, pues no conoce la felicidad, o la alegría. Sólo encuentra refugio en su trabajo como portero, en sus sonrisas y “buenos días”. Es un hombre que pasa desapercibido, al que pocos atienden (si no es por interés propio) y consideran. Sin embargo, él está ahí. Y los conoce, a todos. Además, su cocotera sufre un reventón de mucho cuidado.

La narrativa se torna tenaz, paranoica y asfixiante, consiguiendo transmitir el obsesivo acoso hacia la víctima elegida por parte del infeliz, aquel tipo que sólo encuentra la felicidad en las tristezas y penas de los demás. O más bien, en las calamidades por él inflingidas a la pobre Marta Etura, a quien el espectador no tiene más remedio que compadecer mientras presencia atónita y minuciosamente las fechorías del monstruo.

Sea como fuere, el nauseabundo mundo que rodea las entrañas mentales de Tosar ha sido radiografiado con pulso y nervio por Balagueró, hasta el punto de que a partir de ahora, a más de uno le dará por mirar debajo de la cama antes de ir a dormir. En fin, notable cinta que consolida al cineasta catalán como uno de los grandes baluartes del género.

8/10

‘Azuloscurocasinegro’. Extravagancia convertida en sentimiento.

Drama urbano que centra su historia en torno a Jorge, un muchacho arrepentido de ser quien es, un simple portero de finca. Enjaulado por su padre y con una novia frente a la que se siente en desventaja, su vida tomará un cambio radical cuando su hermano, encerrado en chirona, le proponga una plan un tanto peculiar: dejar preñada a su novia (cuñada). Todo se complementa con el personaje secundario de Raúl Arévalo, quién da más jugo a la historia con su personal tambaleo por los entresijos de la sexualidad.

‘Azuloscurocasinegro’ es un viaje muy especial. Un viaje personal, de toma de conciencia, de saber dónde estás y dónde puedes llegar. Una viaje en el que soltar lastre, olvidarte de prejuicios, y creer en tí. La óptica interclasista adoptada por Sánchez Arévalo da mayor vigor a la historia, haciéndote partícipe de esa rabia oculta debajo de un sucio uniforme, de esa lucha por superar un terrible complejo de inferioridad. Por cambiar, en definitiva, el color de tu vida.

‘Celda 211’. Sobrevivir.

Juan es el perfecto “ciudadano medio”. Tiene novia, es feliz con ella, y ambos esperan un hijo al que dar el mejor de los hogares. Por eso, ha encontrado empleo como funcionario. Malamadre, en cambio, es la compañía ideal para el peor de tus enemigos. Él recuerda la vida en base a sus anécdotas entre juzgados, fugas, asesinatos y prisiones. Ambos se toparán frente a frente en la prisión. Juan, nuevo en el trabajo, quedará encerrado en medio de un motín liderado por Malamadre. Ahora, deberá tratar de fingir que es uno más. Deberá tratar de sobrevivir en medio de tanta escoria.

De sobrevivir. De eso nos habla, a fin de cuentas, Daniel Monzón con este drama carcelario. La supervivencia de un chico que está en un mundo totalmente opuesto al suyo. La supervivencia de Malamadre y su séquito. Porque como a Juán, el espectador los coge con recelo. Con miedo y cautela. Pero a medida que avanza el film, la solidaridad y la camaradería aparece. La bondad y la maldad comienzan a ser muy relativas. Uno se pregunta hasta que punto lo merecen. Uno deja de llamarse Juan y lo cambia por Calzones. Hasta que punto merecen esa vida llena de vejaciones, intimidaciones y maltratos. Esa vida de la que tratan de sobrevivir, de escapar, de ajusticiar a través de motínes, cuando no de tajarse las venas o de traicionar al compañero.

‘Celda 211’ se da un paseo doloroso por los más bajos fondos del sistema. Nos retrata la derrota y el fracaso. Y, principalmente, el olvido que ello conlleva. Porque seamos sinceros, ¿quién movería un dedo por aumentar el bienestar de un asesino? ¿a quién le importa lo que en su mundo, el de las prisiones, ocurra? Monzón remueve conciencias. Y esto no es Guantánamo. Es Zamora, aquí al lado.

8/10