‘Collateral’. Violenta noche al calor del asfalto angelino.

Max, un taxista de la ciudad de Los Ángeles, conduce placenteramente a una clienta hacia su destino. Por el camino, se permite la indiscreción de coquetear con la misma, haciéndose finalmente con el número de teléfono de la elegante mujer (por cierto, esposa real de Will Smith). Es la calma que precede a la tempestad, pues la estancia de su siguiente cliente, Vincent, estará en las antípodas en cuanto a trato y cordialidad.

Premisa atractiva la aquí manejada. La idea es hacer de chófer de un asesino a sueldo, con la inherente presión y asfixia que ello supone para un tipo que podría definirse como un ciudadano “normal”. El director, Michael Mann, consigue así tenernos cautivos desde el primer momento, insuflando a su narración un efecto tremendamente adictivo que viene dado por la capacidad y oficio de saber cómo contar un thriller. Por tanto, la tensión y emoción no desaparecen en ningún momento, manifestadas ambas en esa relación tan especial como violenta establecida entre los dos grandes protagonistas del film, Tom Cruise y Jamie Foxx.    

Cuenta con el escollo de no haber sabido manejar con holgura el complemento de la historia: la trama policial. Ésta no acaba de dinamitar, por lo que la intriga va esclareciéndose a base de remiendos facilones que sirven para conectar situaciones y personajes. El guión, manufacturado por Stuart Beattie, es más estándar y mucho menos elaborado que en otras cintas de Michael Mann. El poder del film viene dado aquí por el efectismo y el impacto en lugar de por el detalle y la precisión.

El cineasta explota su faceta como director en detrimento de una dimensión escritora que aquí olvida. En cualquier caso, el encargo es resuelto con brillantez y maestría. No podía ser de otra manera tratándose de él. Entretenimiento de alta calidad. Recomendada.

7.5/10 

‘The kids are all right’. Collage sentimental.

Vale, partimos de que la idea inicial del film está cogida un tanto con alfileres. Es decir, no juzgo la idea del hogar homosexual, pues faltaría más. Pero sí que un par de jovenzuelos decidan conocer, atención, al pringao que donó esperma en su día y gracias al cual sus mamás pudieron concebirlos. También juzgo que el pringao en cuestión diga “si” con una sonrisa de oreja a oreja a la fría pregunta de la clínica (“¿Le gustaría conocer a lo que salió de su esperma?”, no es textual). Lo dicho, cogidito con alfileres.

Bien. Exceptuando que busca la transgresión descarada desde el primer momento, lo cierto es que ‘The kids are all right’ es una película gustosa de ver. No quita eso de que, pese a todo, rebose irregularidad por los cuatro costados. El matrimonio, interpretado por unas excepcionales Julianne Moore y Annette Bening, es perfilado con gran habilidad, haciéndonos partícipes del desplome de la estabilidad cartesiana buscada y lograda por Nic, así como de la crisis emocional que ocasionará entre nuestras protagonistas la entrada en su vida de Paul, el padre esperman, a quien da vida un sensacional Mark Ruffalo. A éste, Lisa Cholodenko, también lo trazará con esmero, relatando su grisácea existencia, el colorido de su nuevo rol y lo arriesgado de su affaire (Jules), apostándolo todo en ello, aún a riesgo de perder.

El fresco de historias personales, con luchas y batallas continuas en el interior de cada uno de los personajes, se complementará con los dos hijos, interpretados por Mia Wasikowska y Josh Hutcherson. Es el punto más flojo del film, pues cuesta conectar con la personalidad del chaval, no causando gran empatía tampoco élla. Con todo se nos queda un buen collage de sentimientos y emociones urbanas, pintado sobre un singular caso (matrimonio lésbico+padre solitario), que nos deja un regusto agridulce, aunque sintiendo esa pizca necesaria de humanidad.

‘Reservation road’. Ideal para la sobremesa.

Terry George se adentraba mediante esta obra en un tema muy espinoso, pues se trataba, ni más ni menos, de remover las conciencias de los espectadores a través de una historia que ponía el dedo en llaga en torno al tema de la seguridad vial, los accidentes de tráfico y el deber como ciudadano de cada uno de nosotros.

Como tema serio, impactante y duro, cogemos la película con ciertas expectativas de agrado. No obstante, ‘Reservation road’ se lanza indiscriminadamente a la sensiblería barata, envolviendo a la obra con un aroma a historia de sucesos de un programa cualquiera de TV de media tarde. Nunca te cautiva. Más bien al contrario, irrita contemplar el histrionismo crónico con el que Jennifer Connelly da vida a su personaje. Tampoco es de buen gusto que el guión enlace a los distintos personajes de manera “casual”, asentando pues los cimientos para presenciar una obra hueca de ingenio y virtud, contagiándote rápido de su mediocridad y dejando de tomártela en serio a las primeras de cambio. Se salva por los pelos Joaquin Phoenix, y es que ‘Reservation road’ es un manual sobre como saber desaprovechar el talento artístico (Sorvino, Phoenix, Connelly) que otros cineastas jamás podrán tener para sí.

Además, la reflexión a la que conduce es la socialmente aceptada. Es decir, “habla por hablar”. Te conduce por los laberintos oscuros de la ética, esas actitudes vergonzosas derivadas del miedo, el nerviosismo o la ira. Todo acaba, en cambio, con un mensaje tan frío y lógico como socialmente aceptado: el imperio de la ley.

Spoiler

Veámos:

1. Un tipo, Mark Ruffalo, atropella mortalmente al hijo de Joaquin Phoenix y Connelly.

2. El matrimonio de aquéllos entra en crisis como consecuencia de ello.

3. Casualmente, la exmujer de Ruffalo, Mira Sorvino, es la profesora de piano de la hija de éstos (vía de investigación para el bueno de Phoenix).

4. Qué casualidad! A Phoenix le da por contratar a Ruffalo como abogado para encauzar la investigación que la policía ya da por perdida.

En fin, barata y rutinaria.