‘The dark knight’. La cumbre de una saga.

Después de la presentación que había supuesto ‘Batman begins’ (2005), Christopher Nolan retomaba la acción justo donde aquélla la había dejado. Cambiando, eso sí, un tanto la estética de Gotham, pues ésta da la sensación de ser ahora una ciudad más cercana, más coetánea. Incluso los malos, una panda de capos mafiosos, no son ajenos a nuestra realidad. La verdadera singularidad del film la aporta un excéntrico personaje, el Joker, a quien da vida un fabuloso Heath Ledger. 

El guión venía elaborado por el mismo tándem originario, Goyer y Nolan, sumándose también para esta ocasión, el bueno de Jonathan Nolan. Conseguían dar así, entre los tres, con la fórmula exacta para narrar una verdadera epopeya futurista sustentada en una formidable tensión narrativa, fruto ésta de la milimétrica combinación entre la potente acción, la correcta intriga y, sobre todo, el logrado drama.

La lucha por erradicar el mal, verdadera Biblia de Batman, se ve agitada por el Joker, un tarado con vocación de tornado que abre a su paso un caos repleto de violencia y locura que no tiene más fin que tocar las narices al mismísimo hombre murciélago. En el vértice opuesto encontramos a Harvey Dent, el caballero blanco del pueblo, verdadero azote de los criminales de Gotham y cumplidor galán, qué infortunio para Batman, de Rachel Dawes. El juego queda completado por Gary Oldman, el honrado Jim Gordon, ejecutor de la ley en las mugrientas calles de la ciudad.

Gotham parecía brillar con más fulgor que nunca gracias al encomiable trabajo del fiscal Dent. Sin embargo, la caída a los infiernos maquinada por el Joker volvía a poner en la encrucijada a una ciudad que no siempre podría acogerse a la oscuridad redentora que suponía Batman. Una ciudad que requería de un caballero blanco, de un héroe de carne y hueso que fuera capaz de prolongar el imperio de la ley en el tiempo.

La historia avanza así de forma frenética. Contemplamos, por tanto, un thriller urbano realmente meritorio. ¿De lo mejor de la década? Sin duda, un rara avis en este tipo de cintas. La disputa entre los jugadores que componen la partida será resuelta de un modo magistral, entrelazándose la tragedia y la amargura a la hora de perfilar la figura del guardián nocturno de las calles de Gotham. Mítica.

9/10

‘Un lugar donde quedarse’. A vueltas con el hogar.

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Una pareja de treintañeros se ve sorprendida por el embarazo en mitad de un cunnilingus. A partir de aquí, los dos protagonistas, deberán decidir qué hacer con sus vidas. Formar el mejor hogar posible. Una familia. Para ello, rebuscarán en su pasado e improvisarán en su futuro a través del presente.

Un presente materializado en un viaje por la geografía estadoudinense, un viaje  en busca de su hogar. Un viaje por Phoenix, Tucson, Madison, Montreal y Miami. Un viaje en el que contemplar diversos tipos de hogar. En Phoenix, una familia destrozada por la depresión crónica del padre, y la desfachatez sonrojante de la madre. En Tucson, una hermana a la que consolar por un pasado muy nostálgico y un presente triste. En Madison, una prima y su novio que viven en continuum con sus hijos, es decir, en plan hippie pedante. En Montreal unos antiguos compañeros de facultad ahogados en la tristeza de no poder tener hijos propios. Y en Miami, un hermano destrozado por el abandono de su esposa y el futuro incierto de la hija de ambos.

De todo ello, los dos protagonistas aprenderán. Comprenderán que lo importante por encima de todo es el amor. Da igual si la ventana de la casa es del mejor material del mundo o de cartón. Un hogar no se cimenta en lo material, sino en lo sentimental. El amor, la añoranza por el pasado y el deseo de un futuro mejor se darán de la mano en esta cinta otoñal que habla acerca de la vida, acerca de la familia, acerca de las parejas. Bonita película de Sam Mendes que, una vez más, vuelve a romper el mito del sueño americano.