High fidelity (2000)

high_fidelityDirector: Stephen Frears 
Guion: D.V. DeVicentis / Steve Pink / John Cusack / Scott Rosenberg (Novela: Nick Hornby)
Producción: Touchstone Pictures
Fotografía: Seamus McGarvey  
Montaje: Mick Audsley 
Música: Howard Shore  
Reparto: John Cusack / Iben Hjejle / Todd Louiso / Jack Black / Catherine Zeta-Jones / Joan Cusack / Tim Robbins / Lily Taylor / Lisa Bonet 
Duración: 113 min
País: Estados Unidos 

Oye, aquí está, es Stephen Frears. Sí, uno de esos autores con gusto por el buen cine: lo que hace, lo hace bien. Su filmografía habla por sí sola… Mi hermosa lavandería (1985), Las amistades peligrosas (1988), Los timadores (1990), Negocios ocultos (2002) o Philomena (2013), por nombrar algunos de sus títulos más memorables. Pero háganme caso, si un día de estos les da por hablar del cineasta británico (en conversaciones freak propias del planeta Júpiter), díganlo sin miedo, reivindiquen: ¡High fidelity es una obra maestra!  

Si hiciéramos una lista con “las cinco principales” películas de amor, Alta fidelidad debería estar en ella. Para mi gusto, esta cinta habla sobre el amor y el mundo de la pareja con mucha gracia, estilo y cercanía. Es decir, cuidado porque esto no es fácil de conseguir. Se sale del discurso sensiblero y meloso. El universo pop de Nick Hornby, en este sentido, es trasladado a la gran pantalla de una manera brillante. Además, el soundtrack es una pasada, ¡no podía ser de otra manera! Las referencias musicales, que aparecen por doquier, son brutales. Los personajes están muy bien cuidados, pues el guion es un alarde de ingenio. Y sí, John Cusack está estupendo. Asume el peso del film, avanzan las tragedias sentimentales, se suceden las listas de todo tipo y él brilla como nunca. Qué buen actor es.

Una comedia romántica mayúscula. El toque melómano y la nostalgia se dan de la mano para pincelar esta fabulosa odisea sentimental protagonizada por un resignado John Cusack. La acidez de las situaciones y el descaro de la propuesta no disimulan para nada el sabor agridulce que reina a lo largo de esta película. Lo dicho, una OBRA MAESTRA. 

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Blood ties (2013)

blood_ties_ver9_xxlgDirección: Guillaume Canet
Guion: Guillaume Canet / James Gray (Argumento: Jacques Maillot) 
Producción: Les Productions du Trésor / Worldview Entertainment / Caneo Films / Le Grisbi Productions
Fotografía: Christophe Offenstein
Montaje: Hervé de Luze 
Música: Varios
Reparto: Clive Owen / Billy Crudup / James Caan / Marion Cotillard / Lily Taylor / Mila Kunis / Zoe Saldana
Duración: 127 min
País: Francia / Estados Unidos

El cine negro, tal como quedó concebido en sus orígenes, se ha esfumado de la escena internacional. Pocas son las producciones puristas con los cánones de un género consagrado a lo largo de los años cuarenta y cincuenta, principalmente en los Estados Unidos. El pivote del mismo eran las historias de criminales enclaustrados, policías desamparados o mafiosos arrogantes. Temas que ahora se ramifican, permitiendo una mezcla de géneros muy gustosa, entre los que destacan el drama, el policíaco o el thriller. En esta línea se mueve Blood ties, presentando un relato donde el criminal de toda la vida sale del penal con la idea de volver a empezar. Volver a empezar con un hermano policía, una familia sumida en el dolor y muchas cuentas pendientes con el pasado. 

La película viene firmada por un cineasta que, a mi entender, representa una de las mejores bazas del cine francés reciente: Guillaume Canet. Notable me pareció la intriga que se desataba con Ne le dis à personne (2006), sin duda el antecedente del film que aquí nos ocupa en cuanto a fondo y tema. De este modo, después del exquisito paréntesis que suponía la sobresaliente comedia dramática Les petits mouchoirs (2010), volvía a seguir la línea trazada en 2006, y lo hacía en compañía de uno de los grandes cineastas del momento, James Gray. No vamos a descubrir ahora el universo del autor neoyorquino, pero no está de más advertir que sus historias, en las que combina de una manera sobresaliente el drama familiar y el amor penitente con los azotes diarios del derrotista criminal o el agobiado policía, son un auténtico lujo.       

La combinación, por tanto,  se presentaba como algo extraordinario. El talento de dos de mis cineastas preferidos aunado para levantar una historia acompañada de altas expectativas. Sin embargo, lo primero que llama la atención es la fugaz presencia en el escaparate internacional de este film. Ha pasado desapercibido, al igual que The immigrant, la otra película que James Gray lanzaba en 2013. Además, la crítica ha recibido este relato de un modo tibio. Y después de haber visto la película, podemos recalcar que la melodía suena, pero la letra no parece ser la misma. Algo falla en este relato, algo no le permite alcanzar la grandeza de historias como Little Odessa, The yards o We own the night. La factura técnica admite pocos reproches. Quizás le falta algo de naturalidad, de espontaneidad. La narración avanza, pero no fluye. A Billy Crudup me lo creo, pero Clive Owen desentona. Gusto da ver a clásicos como James Caan todavía en activo. Mientras que el nivel de las chicas es desigual: Lili Taylor está estupenda; Zoe Saldana, correcta; Mila Kunis y Marion Cotillard, desaprovechadas. El guion contenía los ingredientes precisos, pero la mezcla no ha resultado como debiera. En todo caso, una historia fraternal cargada de violencia, sufrimiento y nervio. Irregular, pero talentosa.    

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