‘A few good men’. Puro oficio.

few_good_men_ver2_xlgGuión de Aaron Sorkin, atención. Palabras mayores. De hecho, es la primera aparición del reputado guionista en Hollywood. Debutaba, por tanto, con esta intriga judicial, A few good men, enclavada en el corazón del ejército americano, destapando a través de una potente defensa legal (la realizada por el trío Tom Cruise, Demi Moore y Kevin Pollak) las tradiciones y costumbres llevadas a cabo en el cuerpo militar estadounidense.

La titánica lucha entre Tom Cruise y Jack Nicholson no tiene desperdicio. Ambos son hombres con carácter, fieles a sus ideas y aferrados a un particular modo de entender la vida. Total, que ambos asumen las consecuencias de sus actos. Y eso lo plasma a la perfección Rob Reiner. Los personajes, en suma, están perfectamente pulidos, pues no podía ser menos sabiendo que Sorkin, como ya hemos dicho, anda por ahí, en labores de escritura. Y entre todos esos personajes, a pesar de las merecidas flores que recibió el grandioso Jack Nicholson, destacaría a la estoica Demi Moore.

El juicio final es el pilar sobre el que reposa toda la historia. Buenas interpretaciones, un sólido guión, una correcta factura técnica y una notable dirección para narrar una de las mejores historias judiciales, hablando de cine, de los años noventa. Recomendable.

7.5/10  

 

‘End of days’. Satán anda por NY.

Entre mi Glock 9mm y su fe, elijo mi Glock“. 

Cinta oportunista que se aprovechaba de la inminente llegada del fin del milenio para hacer caja con aventuras apocalípticas. La rentabilidad de la inversión es prácticamente segura si uno tiene la deferencia de usar el incomparable marco que ofrece la ciudad de Nueva York y, sobre todo, poner en el cartel a un verdadero peso pesado como es Arnold Schwarzenegger.

La historia tan solo ofrece rutina y mediocridad. El tono infernal que impregna a la narrativa de Peter Hyams queda salpimentado por la acción requerida por el espectador. La cañonera verborrea del afamado culturista también salta a la palestra a poco que le abran espacio las disputas aquí ofrecidas entre satánicos, beatos malévolos y bienintencionados católicos. Todo ello servido al calor derivado del apetito sexual del mismísimo diablo, quien sueña con alcanzar un nuevo trofeo más para añadir a su historial casanovista: Robin Tunney.

En fin, las limitaciones de la propuesta son evidentes. Entretenimiento puramente comercial que tan solo agradará a los más devotos del gran Arnold. Con todo, no estamos ante su mejor versión.

5.5/10