‘Savages’. Amor, pop y drogas.

500d1e54480daEl universo de Don Winslow era llevado a la gran pantalla a través de la mirada de Oliver Stone. El propio escritor se inmiscuía en labores de guión, dando como resultado una notable historia que retrataba, toque comercial incluido, el mundo del narcotráfico en California.

La producción se encargaba de colocar savia nueva a modo de anzuelo como reclamo para el público joven. De ahí la presencia en el cartel de guaperas como Taylor Kitsch (Friday night lights), Blake Lively (Gossip girl) y Aaron Johnson (Kick-Ass), los cuales, por cierto, no lo hacen nada mal al encarnar al trío protagonista. Muy atinada la elección dado que, en el fondo, la película peca un tanto de efectista. Es decir, le falta convicción y seriedad al relato, pues Oliver Stone no traspasa la frontera, no va más allá, conformándose con mostrarnos a tres jóvenes norteamericanos viviendo al límite esta “aventura” repleta de Carteles, violencia y dinero ensangrentado. 

Lo dicho, una película notable a la que le falta ambición por ser algo más. No termina de creérselo, y es una lástima. El pincel con el que Winslow nos muestra la lacra del narcotráfico en la zona México-Estados Unidos queda complementado por el toque pop de Stone. Nadie se aburrirá con estos “savages” y, seguro, más de uno saldrá aterrorizado con el recital dado por Benicio Del Toro.

7.5/10 

‘The General’s daughter’. Detective Travolta.

Una atractiva rubia aparece muerta en una base militar de Georgia, Estados Unidos. El marrón de la investigación le cae a Paul Brenner, un rudo militar al servicio del equipo de criminalistas del ejército, interpretado por Travolta, quién ejerce, pues, de rock&roll star, salvando la papeleta con creces.

La trama es adictiva, compacta y entretenida. ¿Qué más se le puede pedir a un producto así? Queda rezagada al arrancar, pero pronto te enganchas a élla. No tiene fisuras (al menos aparentes), lo cual ya es de agradecer en este tipo de cintas, al margen de lo plano o profundo que nos parezca su desarrollo. Y, por último, uno se divierte, mientras devora pipas, palomitas o similares, viendo el transcurrir de los acontecimientos y haciendo sus improvisadas quinielas de “malos”. En el debe de la cinta, no obstante, anotamos el flojo feeling existente entre la Stowe y John, un poquito soso.

Entretenido thriller comercial, de calidad. No es una obra maestra, y ni mucho menos lo pretende, pues le bastaba con cumplir en taquilla. En fin, la engulles sin problemas, y la digieres un poco más despacio de lo que tardas en olvidarla.

6/10

‘Carrie’. Carrie White.

Brian De Palma conseguía transmitirnos, partiendo del material literario de Stephen King y la adaptación al guión de Laurence D. Cohen, una empatía total con la vilipendiada protagonista de esta cinta, una extraordinaria Sissy Spacek en uno de los papeles de su vida: Carrie White (fue nominada al Oscar como mejor actriz).

El relato era sencillo, pues tan sólo narraba de un modo sutil y sereno la cotidianidad de una jovencita colegiala. Ella era Carrie, una chica tímida e introvertida, sometida a la obsesiva (y enfermiza) disciplina religiosa de su madre. Maltratada (en todos los aspectos) por ésta, la pobre muchacha entrará en una dinámica de sinvivir, pues el maltrato se expandirá a su rutina escolar cuando sus compañeras de clase identifiquen en ella a una víctima fácil sobre la que cargar todas sus bromas y malas intenciones (ojito con Hargensen).

Tres mundos. Uno es su hogar, esa cochambrosa casa donde tan sólo hay rezos, fanatismo y cuartos oscuros de penitencia. Otro es el instituto, con sus humillaciones crónicas, sometida, la pobre Carrie, a todo tipo de vejaciones e injurias. ¿El último? La fabulosa telequinesis que domina a su antojo nuestra protagonista. Agítenlo todo y les dará como resultado una esplendida cinta de terror sembrada, no obstante, a partir del drama que tiene como vida esta joven pecosa.

En fin, una joya setentera. No esperen aquí sangre a tutiplén y sustos fáciles (bueno, un poco de todo hay). Más bien cojan ‘Carrie’ (1976) a sabiendas de que todo en ella es tan plácido y pausado como hiriente y dañino. Pasamos de la felicidad al horror en apenas décimas de segundo. Si no me creen, esperen al final, contemplen un baile de graduación que es la combinación perfecta entre el paraíso y el infierno, pasando a los postres por la vía de una insidiosa, maléfica y desquiciante Piper Laurie en el papel de Margaret White.

Gracias De Palma por dejarnos no una ni dos escenas memorables, sino bastantes más (¿hago la lista?). Una virtuosidad visual que, en definitiva, sirve para brindarnos el retrato de una de las villanas más entrañables que yo haya conocido jamás.

9/10

Spoiler

El insufrible mundo de angustia, ahogo y asfixia se nos muestra de un modo brillante, sintiéndolo en toda su intensidad. Nos reconfortamos por dentro al presenciar ese baile (con beso verdadero incluido) con el chico de sus sueños, el súmmum de su felicidad, sin duda. Sin embargo, una nueva jugarreta de sus malévolas compañeras espera para ser ejecutada ante la mirada atónita de Sue Snell (Amy Irving), quien tan sólo podrá sentir impotencia (eso sí, tendrá el premio de ser la única en sobrevivir) ante la incomprensiva actitud de Miss Collins (Betty Buckley) por no creerla.

Luego estará Carrie en el escenario con su mirada cargada de ira, y la marabunta tratando de escapar ante la barbarie que se le viene encima en forma de venganza fogosa. Parece el momento cúlmen del film, pero no lo es. ¿Por qué? Pues porque aún nos queda ver como la pobre Carrie acude a su casa en busca de la ayuda, comprensión y calidez que pueda dar toda madre. No obstante, en lugar de eso tan sólo encontrará una cuchillada por la espalda que nos dolerá como si nos la hubiesen punzado a nosotros mismos. El resto es pan comido, la casa se desploma y al fin Carrie lográ descansar entre llamas y escombros.

De Palme se luce, pero también se divierte al dejarnos ese susto final contenido en una de las pesadillas de la única superviviente.

‘Pulp fiction’. Tarantino.

Pulp Fiction es Tarantino. Es un “te quiero, Honney Bunny”. Es Vincent Vega y Jules. Es un masaje en los pies y una ventana. Es una hamburguesa Big Kahoona acompañada por un refrescante Sprite. Es un ¿qué?. Es Ezequiel 25-17. Es un espectacular baile de twist. Es Mia Wallace empolvándose la nariz. Es una jeringa punzada en pleno corazón. Es Butch en busca de su reloj de oro. Es Vincent Vega cagando. Es el Tarado. Es Marsellus Wallace sodomizado. Es una katana. Es un bache y una pistola. Es un resto de seso en la oreja de Jules. Es un café de gourmet servido por Jimmy, y una toalla ensangrentada. Es el Señor Lobo. Es un par de gángsters en playeras. Es una cartera marcada con algo así como “hijo de puta peligroso”. Es un guión repleto de diálogos memorables e inolvidables. Es ingenio puesto al servicio de los bajos fondos de una ciudad como Los Angeles. Es un montón de situaciones tan atípicas como geniales. Es sarcasmo y humor negro. Es un film inclasificable, sin argumento. Es una obra maestra. Es una BSO espectacular. Es Tarantino. Es la hostia.

‘Ladder 49’. Heroica.

Jack Morrison, un vocacional bombero, interpretado por Joaquin Phoenix, se enfrenta desde los primeros planos a un grave incendio. Un edificio de considerable tamaño arde en llamas. Su trabajo, no es otro que el de entrar cuando todos salen. Lo ha hecho cientos de veces, sin problema. Sin embargo, esta vez algo irá mal. Su vida correrá un grave peligro.

Aprovechando el dramatismo del incendio, Jay Russell, un director, en sentido estricto, del montón, se servirá de los continuos flashbacks para ir alternando el efectista desenlace con un recordatorio, amplio y a la vez superfical, de la vida del muchacho, desde sus inicios de bombero, pasando por su matrimonio con la guapa de turno y sus conflictos laborales, velados por un correcto John Travolta, mezclados en ocasiones, con los conflictos familiares, hasta llegar al dichoso incendio en el que se ve metido.

Película, cento per cento, propagandística. Se enmarca dentro del contexto 11-S, y la gran labor realizada por los bomberos en aquella barbarie. ‘Brigada 49’ no busca otra cosa que ensalzar los valores de esa profesión, esa entregada forma de vida, caracterizada por la solidaridad, la lealtad y el compañerismo. Hacer memoria de lo heroico de su labor hacia la comunidad. Producto estándar de cierta calidad, con sus debidos topicazos, y lastrada por la esencia misma del film.