‘Assault on precinct 13’. Carta de presentación.

assault_on_precinct_13_poster_01Con esta pequeña película se daba a conocer al gran público uno de los maestros por excelencia del género de terror: John Carpenter. Éste ya había realizado con anterioridad la modesta ‘Dark star’ (1974), escrita y protagonizada por el padre de ‘Alien’ (1979), Dan O’Bannon, pero fue este homenaje a Howard Hawks y su ‘Rio Bravo’ (1959) el que consagró al cineasta neoyorquino.

En fin, un hombre llega enloquecido y sin poder hablar a una comisaría semivacía del distrito trece. Andan de mudanzas los inquilinos del edificio, y lo único que logran sacarle al histérico hombre es un “me persiguen”. Planteamiento servido: un grupo de desalmados sin ética alguna asediarán durante una larga noche a los pocos individuos (un teniente, dos secretarias y un par de reos) que todavía siguen allí.

John Carpenter conseguía darle brío a su narración, demostrando, a pesar de las limitaciones técnicas y presupuestarias, sus buenas dotes para esto del cine. Un relato tenso, apoyado en una lograda bso, que sirve para amenizarnos la velada. No busquen, en cualquier caso, encontrar una obra maestra aquí, pues no la hay. Simplemente encontrarán una digna carta de presentación de uno de los grandes.

6.5/10

‘Christine’. Chasis de terror.

Buena película dentro del género, propia de los ochenta y con una dirección notable a cargo de John Carpenter, quien sabía sacarle todo el jugo posible a uno de los tantos relatos que posee esa máquina de hacer dinero que es Stephen King.

Veamos, un bonachón que alterna sus días de insti entre palizas y burlas, decide darse un gustazo y comprarse un coche parido, cómo no, en Detroit. Se llama, el coche digo, Christine. Y el tontorrón en cuestión, a lomos de la susodicha, pasará a ser… un auténtico sex-symbol en alza, un tipo con personalidad. ¿El problema? Pues que la pelirroja Christine es bastante celosa y no le gusta que nadie se fije en su chico.

No diré que desde que ví esta cinta los chasis me aterraban, ni que las radios me producían escalofríos. Tampoco que sentía repulsión por los guardabarros o los tubos de escape. Y, ni mucho menos diré que el olor a chamusquina del neumático quemado fuera la peor de mis pesadillas. A tanto, ‘Christine’, no llega. Sin embargo, lo que uno no puede negarle a esta cinta, es la capacidad que posee para crear una atmósfera tensa y angustiosa a partir de un chasis y cuatro ruedas. Buena banda sonora para mover tensamente esta siniestra historia en la que el bueno de Carpenter se regodeaba de lo lindo.

Mordaz sátira que focalizaba su atención en el culto, urbanita y occidental, hacia los automóviles. Cintas como esta nunca pasan de moda.

7/10

‘Ghosts of Mars’. Entretenimiento por cortesía del maestro Carpenter.

Es de agradecer que un cineasta veterano como John Carpenter siguiera deleitándonos allá por el 2001 (últimamente no se prodiga mucho) con cintas como la aquí comentada. Vaya por delante que no estamos ante una de las obras maestras del neoyorquino, tampoco creo que pretendiese ostentar tal honor en esta ocasión, pues las miras de ‘Fantasmas de Marte’ no buscan otra cosa que no sea satisfacer el apetito de los fans carpenterianos.

La cinta nos traslada a Marte, año 2176. La primera sorpresa que nos llevamos viene dada por la forma de organización sociopolítica que tienen allí montada: un matriarcado (guiño cínico del todo atinado hacia el feminismo radical). Junto con ello, descubrimos que el planeta rojo parece ser una suculenta vía de expansión humanoide, asentándose los colonizadores en pequeñas ciudades cuyo centro gravitatorio suele girar en torno a las grandes minas que allí parecen encontrarse. También nos queda claro, desde el inicio, que el presupuesto del que disponía Carpenter no era como parar tirar cohetes, pues se nota la modestía artesanal (eso sí, muy resultona), con la que tuvo que solventar la papeleta.

¿La historia? Sencilla. Dos mujeres hechas y derechas (en el futuro esta será la expresión a emplear) como son Pam Grier y Natasha Henstridge, ambas policías, tendrán la misión de acudir a  la ciudad de Shining Canyon para recoger y escoltar al peligroso prisionero James ‘Desolación’ Williams, quien ha sido acusado de haber orquestado una delicada matanza. ¿El problema? Pues que algo raro está ocurriendo en aquella ciudad, y todo parece indicar que ‘Desolación’ será el menor de los problemas de nuestros intrépidos protagonistas (Jason Statham y Clea Duvall entre ellos).

Jugosa combinación la aquí brindada por Carpenter. Todo en ‘Fantasmas de Marte’ irradia un aroma a western futurista: una mujer de ley; Ice Cube como forajido; una ciudad árida y despoblada; el saloon y la cárcel; el tren; la custodia con la alargada sombra de la justicia. Ingredientes básicos que se combinarán, no obstante, con la aparición del toque “fantasmagórico”. Pronto el western se adentrará en una senda más conocida por el maestro Carpenter, introduciendo reminiscencias hacia las míticas ‘Escape from New York’ (1981) o ‘The thing’ (1982), materializando ese terror y fantasía socarrona en unos temibles espíritus que sólo buscan ahuyentar a los extraños (humanos) de su planeta. Al fin, correrá la sangre, resolviéndose la trama por la vía de la acción pura y dura, siendo ésta el colofón ideal para tan explosivo cocktail marciano.

Resumiendo, ‘Fantasmas de Marte’ es una cinta que no conviene coger con altas expectativas, pues ni siquiera ella se toma muy en serio a sí misma. Con todo, para los amantes de Carpenter, supondrá un gozoso y placentero divertimento.

7/10

‘The thing’. Gélida, angustiosa y espeluznante.

Estamos en la Antártida, año 1982. Un husky siberiano (¿o es un alaskan malamute?) huye aterrado a través de la nieve. Le persigue un helicóptero, a bordo del cual hay dos hombres, de nacionalidad noruega, que buscan acabar con la vida del can. Casi por casualidad, unos y otros acabarán en una base de investigación estadounidense. Paréntesis: Impresionante escena que uno no tiene más remedio que guardar en la retina hasta el fin de sus días.

Es el prólogo con el que inicia una de la mejores cintas de la década de los ochenta: ‘The thing’. Un grupo de hombres se ve sorprendido por la visita de una extraña criatura. ¿Qué es? ¿De dónde viene? ¿Hay motivos para tenerle miedo? Todos los interrogantes son resueltos con maestría por John Carpenter, quien nos sirve una ambientación espectacular, acompañada de una truculenta y sensacional BSO orquestada por el genio Morricone, dando con la tecla exacta, al remate, para conseguir transmitirnos sensaciones que ni uno sabía que existían a través de la historiada ingeniada por Bill Lancaster y protagonizada brillantemente por un Kurt Russell más en forma que nunca.

El mundo visual creado por el cineasta consigue sutilmente que, en primer lugar, nos intriguemos a la par que los protagonistas con el origen del mal (destellos del antecedente noruego); segundo, nos aterroricemos con la escena desencadentante de los perros y la jaula; tercero, mostremos recelos frente a todos como si fuésemos uno más de la expedición; cuarto, que se nos hiele la sangre como se nos hiela, no sé si tanto por el blanco y nevado paisaje, o por la presencia de la cambiante criatura; quinto y último, que nos frotemos los ojos ante el devastador, desasosegante e inquietante final presenciado (eso sí, también ambigüo… lo damos por positivo o negativo, el resultado final digo?).

La pulcritud, serenidad, saber estar y elegancia con la que Carpenter nos narra la acción, hace que devoremos las andanzas del mítico piloto MacReady, quedándonos perplejos, anodadados por el golpe sombrío y espeluznante asestado por “la Cosa”, fascinados, al mismo tiempo, ante el recital combinado de géneros  como el terror y el sci-fi que aquí nos era brindado.

En definitiva, aquí tenemos una obra que de tan tensa, tan intrigante, tan angustiosa, tan espeluznante, tan cautivadora, tan serena, tan gélida y tan terrorífica, no tiene otro remedio que pasar a formar parte del club personal. Mítica y entrañable.

9/10   

‘The fog’. Una vieja historia de marineros.

Dos años después de encandilar al público con su excepcional ‘Halloween’ (1978), Debra Hill y John Carpenter volvían a formar dúo con el fin de llevar a cabo un nuevo proyecto: ‘The fog’ (1980). Un clásico del género en la década de los ochenta que centraba su historia en torno a un pequeño cuento, mitad fantasía, mitad terror, que nos mantenía pegados al sofá durante lo corto de su metraje.

Película realmente conseguida con una atmósfera que influye y mucho en que te creas la historia (la inmersión en el pueblo pesquero es total), con una banda sonora sutil y ajustada, muy a juego con el ritmo del film y, cómo no, con una gran historia. La historia del Elizabeth Dane, un velero que cien años atrás desapareció en la niebla engañado por el calor de una hoguera. Ahora, en la conmemoración de aquel suceso, la niebla incandescente ha vuelto… y oculta algo en su interior. Terror inteligente, puro y sin excesos (nada de hemoglobina o sustos baratos), creado a partir de una gran ambientacion, una sutil banda sonora, un buen reparto y un excepcional prólogo: un grupo de niños reunidos en torno a una hoguera esperando a que un viejo lobo de mar les cuente una historia, una historia de terror. La historia de Antonio Bay, pueblo maldito.

‘Halloween’. Michael Myers.

En la víspera de todos los santos, por razones inherentes a la mcdonalización cultural, nos da por celebrar (aún no está del todo propagado) la noche de Halloween. Disfrazarse, pedir caramelos, hacer farolillos de calabaza y, cómo no, ¡ver una peli de terror! En fecha tan señalada (nótese la ironía) la cinta más conveniente pudiera ser la imperecedera ‘Halloween’ (1978) (mal traducida aquí, casi siempre sucede, como ‘La noche de Halloween’), segunda cinta (seria) en la filmografía de un ilustre del género como es John Carpenter, quién se zambullía en labores de dirección, guión (juntamente con Debra Hill) y música, como habitualmente ha sido en su carrera cinematográfica.

Un presupuesto austero era suplantado por la brillantez del susodicho cineasta, regalándonos uno de los inicios más inquietantes, escalofriantes y terroríficos que yo haya visto dentro del género, con esa cámara al hombro que nos mete casi en primera persona en el pellejo del asesino, una música tan truculenta como nostálgica e inolvidable acompañándonos en tan macabro asunto, y una revelación, la de la identidad del asesino, tan sobrecogedora como punzante: un niño llamado Michael Myers, la maldad hecha persona. Peculiar e ingeniosa era la forma de plasmar en pantalla el mundo que Carpenter tenía idealizado, brindándonos una película de terror en la que, váya, casi todo era luz del sol, juegos de apariciones (introduciendo lo paranormal) y una ausencia (casi) absoluta de hemoglobina. La atmósfera paranoica y aterradora se cernía sobre un residencial barrio a plena luz del día. La pulcritud del killer nos asombraba.

Nacía así una de los asesinos en serie más populares en la historia del cine. Acompañábamos a Jamie Lee Curtis y sus amigas en una noche de Halloween verdaderamente taquicárdica para nosotros, una noche que pasaría a los anales del cine convirtiéndose en una película de culto imposible de olvidar. Cierto es que tampoco se olvidaron de ella los productores (sí lo hizo al menos John Carpenter), quiénes se cebaron en explotar a la gallina de los huevos de oro brindándonos la friolera de nueve (han leído bien, nueve) secuelas. Algo así no es fruto del azar. Todo surgió de la mente de John Carpenter y Debra Hill (volvieron a formar dúo en ‘La niebla’). Lo dicho, un clásico.