Out of Africa (1985)

poster.jpg635248789981746000Dirección: Sydney Pollack 
Guion: Kurt Luedtke (novelas: Karen Blixen / Judith Thurman / Errol Trzebinski)
Producción: Mirage Entertainment / Universal Pictures
Fotografía: David Watkin 
Montaje: Pembroke Herring / Sheldon Kahn / Fredric Steinkamp / William Steinkamp
Música: John Barry 
Reparto: Meryl Streep / Robert Redford / Klaus Maria Brandauer / Michael Kitchen
Duración: 161 min
País: Estados Unidos 

Uno coge Memorias de África con altas expectativas. Es uno de esos clásicos que todavía no has visto y del que prácticamente todos te han hablado muy bien. Además, me llama la atención el hecho de que la historia esté ambientada en África, en la África de la Gran Guerra. Cuando uno ve los nombres del cartel, Robert Redford y Meryl Streep, todo tiene sentido: “sí, tienen razón, debe ser una gran película”. La firma la pone el eficaz Sydney Pollack y el punch los 7 Oscar (incluyendo película, dirección y guion) que obtuvo en 1985. Total que esperas un drama romántico de postal cuando comienza con este film.

Película académica, clásica. La dirección corre a cargo de un Sydney Pollack que alcanza el cénit de su filmografía, al menos en cuanto a reconocimiento de público y crítica, gracias a esta narración. Trabajos como They shoot horses, don’t they? (1969), Jeremiah Johnson (1972), The way we were (1973), Yakuza (1974), Three days of the condor (1975) o Tootsie (1982) daban fe de la polivalencia y buen hacer del cineasta, quien ahora ponía la guinda a su carrera añadiendo corrección y armonía al relato que aquí nos ocupa, Out of Africa. Ensamblaba el excelente trabajo de fotografía de David Watkin, el magnífico diseño de producción de Stephen Grimes y la inolvidable partitura de John Barry, de largo los tres mejores puntos de la película, para adornar un guion soso y que no daba pie a excesivas florituras, el firmado por Kurt Luedtke, pero que con todo se llevó la estatuilla al mejor trabajo de la temporada. Unido a todo ello, aparecen Robert Redford, actor con el que Pollack había guardado una estrecha relación hasta la fecha, y Meryl Streep, quizá una de las mejores actrices de todos los tiempos.

Me ha parecido una historia correcta. No me disgusta, claro está, pues tiene bastantes virtudes. Sin embargo, no me he emocionado con Memorias de África, lo cual, considerando que estamos ante uno de los dramas romanticones por excelencia, no deja en muy buen lugar a esta película. El personaje de Robert Redford tiene su encanto, lo hace bien encarnando esa pose de aventurero que termina cediendo ante las debilidades del corazón. A Meryl Streep, por su parte, le toca asumir el peso principal de la película y, a su manera, la sostiene con el vestido de mujer intrépida. Pero el amor no emociona, no entusiasma, no encandila. La aventura romántica está bien, pero las hay mucho mejores. Los puntos críticos con la lógica del imperialismo en África adornan con gusto este relato, pero podían haber explotado más esta vía, mientras que la idiosincrasia africana (de la zona de Kenia) está bien plasmada, sin maniqueísmos ni payasadas etnocéntricas. Estamos, pues, ante una película que destila grandeza, bonita de ver gracias a la maravillosa puesta en escena que presenta y correcta en lo sentimental. Todo sirve para enmarcar a uno de los clásicos de los 80.         

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Qué decir sobre… «Dances with wolves» (1990)

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Dirección: Kevin Costner

Guión: Michael Blake (novela: Michael Blake)

Fotografía: Dean Semler

Música: John Barry

Reparto: Kevin Costner, Graham Greene, Mary McDonnell, Rodney A. Grant

“Bailando con lobos, ¿es que no ves que soy tu amigo? ¿es que no ves que siempre seré tu amigo?”. 

El teniente Dunbar tiene la pierna maltrecha, destrozada. Es una secuela más de la guerra, pero ¿a quién le importa? A pesar de no tener gangrena, los doctores meditan si amputar o no una parte de su cuerpo. Un ardor interior abre el deseo de morir del teniente. Será la impotencia, será la frustración o será el afán por sentirse vivo, paradójicamente, lo que le impulse a montar sobre su caballo y cabalgar, cabalgar esquivando el fuego enemigo, cabalgar desafiando a la vida. Es un héroe. Puede ahora escoger el destino que le plazca, y a él le gustaría estar en las tierras que rodean a la frontera. Es el magistral prólogo con el que abre Dances with wolves (1990).     

Una aventura maravillosa. Es difícil no quedar prendado frente a la tranquila y sutil belleza que irradia el introspectivo y solitario viaje de Kevin Costner. Un diario y un lápiz le acompañan. Un fuerte le da cobijo. Su caballo Cisco le sirve como fiel escudero en sus expediciones. Y un lobo, Calcetines, le ofrece compañía y amistad. Es la naturaleza en estado puro. Es una quieta y pasiva felicidad que, pronto, se verá alterada por la visita inesperada de unos sioux. ¿Cómo reaccionará el teniente Dunbar? Y los sioux, ¿qué tipo de relación le ofrecerán? 

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El mito de los “salvajes indios” queda destrozado por Kevin Costner, quien lanza a través de esta película un alegato en favor del respeto a la diversidad, a la diferencia. Hurga en una de las muchas heridas que envuelve a la memoria histórica de los blancos, de su proceso civilizador. Son espléndidos los diálogos a los que da lugar esta historia. Maravillosas las reflexiones de sus protagonistas. Y preciosas las escenas, difícil escoger solo una, en torno a las que se cimenta esta épica aventura.

Jamás nos habían contado un western como nos lo cuentan aquí. El compás de John Barry y la fotografía de Dean Semler añaden virtuosismo a este elegante, armonioso y cálido relato que llega a nuestro corazón para quedarse en él por largo tiempo. Una película fabulosa. Un clásico.

9.5/10