‘U.S. Marshals’. Correcta revisión de un clásico de los noventa.

En 1998 algún productor avispado decidía regocijarse en aquel mítico personaje encarnado por Tommy Lee Jones en ‘The fugitive’ (1993), el agente Samuel Gerald. Poco cambiaba pues, más allá de perder parte del punch y la originalidad de su predecesora, y de ver el rostro de Lee Jones en bastantes más ocasiones que cinco años antes.

La intriga había sido elaborada de una manera muy similar, aunque con menos  gracia, añadiendo una nota más de rutina a la cinta. Además, Wesley Snipes será un fantástico actor en el mundillo de la acción, pero no tiene el carisma ni la clase de Harrison Ford. Con todo, la caza se nos vuelve a presentar trepidante, tensa. Uno no se aburre con lo que visiona, ejerciendo el factor “acción” como principal sostén de la película.

En fin, más de lo mismo pero ciertamente desustanciado. Al cocktail del 93 algún ingrediente le han restado, servido ahora (es decir, allá por el 98) con menos glamour y brillantez. Una interesante revisión que sirve, principalmente, para entretener al gran público. Correcta.

6.5/10

‘Daredevil’. Insulsa adaptación.

Eran los comienzos del siglo XXI, y la Marvel encontraba el filón en la adaptación para la gran pantalla de sus cómics. La ola de superhéroes inundó todas las salas del hemisferio norte, y en una de ésas, casi sin darnos cuenta, aparecía ‘Daredevil’.

Película insulsa, hueca. Posee esa molesta sensación de estruendo vacío. A la pirotecnia acaparadora y a la acción rutinaria se le une una historia carente de sentimiento. El personaje principal está perfilado de una manera excesivamente plana. Daredevil, más allá del halo conservador y justiciero que inspira su conducta, es una caricatura fría y poco carismática. Además, el casting erró al contratar para el papel principal a un buena actor como Ben Affleck, quien, en esta ocasión, nos brinda un papel penoso.

Las flaquezas del film provienen de una historia poco elaborada, nada detallista. El ritmo acelerado al que es sometido el film acaba por llevarnos directos hacia el aburrimiento. Da la sensación de que han querido plasmar más de lo que se podía: los orígenes del superhéroe; la división abogado diurno/justiciero nocturno; el idilio con Elektra; la figura de Clarke Duncan como verdugo común; el punto bárbaro de Farrell; o la sensacionalista prensa de Pantoliano. Buenos ingredientes, pero mal elaborados.

En fin, películas como ‘X-Men’ (2000) o ‘Batman begins’ (2005) nos han demostrado que la fantasía y acción propias de todo superhéroe no tienen porqué ir reñidas con una historia potente y bien trabajada. Daredevil, por desgracia, no aprendió tal lección.

5.5/10 

‘The fugitive’. Trepidante pulso.

Vaya por delante que me parece una auténtica exageración que esta película estuviera entre las cinco nominaciones que antaño, allá por el 93, concedía la Academia de Hollywood. Por tanto, reconocimiento a la magna labor de persuasión ejercida por  los distribuidores y productores de este film en la carrera cinematográfica más dorada. 

Dicho esto, entramos a desmenuzar ‘El fugitivo’. Todo se centra en Richard Kimble, un cirujano al que la vida le sonríe. Felizmente emparejado, una vida social exitosa, profesionalmente reconocido y con la cartera repleta de billetes. Sin embargo, todo dará un vuelco cuando alguien decida quitarle la vida a su mujer. Tremenda catástrofe, a lo que se sumará la patán investigación policial que, cómo no, apuntará su dedo inquisidor en dirección a las barbas del apuesto Harrison Ford. Así pues, al pobre y desgraciado Kimble no le quedará otro remedio que hacerse fugitivo con tal de tratar de probar su inocencia por la vía de buscar al verdadero asesino, un tipo con brazo ortopédico. ¿El principal problema? Un fantástico Tommy Lee Jones, quien da vida al detective Samuel Gerald, un cazador de prófugos de ensueño. 

La lucha entre cazador y presa, esto es Tommy Lee Jones y Harrison Ford, es el punto fuerte del film. Una tensa y trepidante carrera que hará las delicias de los amantes del buen cine de acción. Esto se combinará con una intriga ramplona y mediocre en torno al esclarecimiento del crimen originario. De un modo u otro, la historia combina distintos elementos con la virtud de conseguir un cocktail tan frenético como adrenalínico.

En definitiva, buena película de acción que encuentra su motor de combustión en una intriga de sobremesa. Un cartel repleto de caras conocidas, donde brilla, como ya se ha dicho, un sensacional Tommy Lee Jones (ganó el Oscar a actor secundario), que se adentra en la revitalizante tarea de plasmar en la gran pantalla las desventuras de los personajes de la mítica serie acaecida en los años sesenta. Todo bajo la rutinaria batuta de Andrew Davis, a quien, no obstante, cabe reconocerle buenas dotes para las escenas de acción. Repetirían fórmula, ahora ya sin el apuesto Harrison Ford y cambiando dirección, cinco años después con U.S. Marshals.

7/10

‘Unknown’. De más a menos.

Tiene un planteamiento inicial bastante fresco y atractivo: cinco desconocidos despiertan súbitamente, ensangrentados y malheridos, sin recordar cómo han llegado a estar encerrados en un edificio totalmente sellado y de imposible escapatoria.

Caras conocidas como Jim Caviezel, Joe Pantoliano, Greg Kinnear o Barry Pepper, protagonizaban este thriller parido por Matthew Waynee (guión) y Simon Brand (dirección) en el que se destacaba a la hora de abrir interrogantes, errando, eso sí, en la tarea de dar respuesta a los mismos.

En fin, humo. Te mantiene en cautiverio durante los primeros veinte minutos. Luego la cosa ya va desinflándose de mala manera, llevándote, por tanto, el fiasco correspondiente, pues allá donde esperabas encontrar una obra ingeniosa, no había otra cosa que no fuera la típica bacalada hollywoodense.

5.5/10

‘Memento’. Única.

Christopher Nolan sorprendía a propios y extraños con una original propuesta presentada al público en el año 2000 y titulada con el nombre de ‘Memento’. La cinta en sí supuso una bocanada de aire fresco principalmente debido a su particular montaje, con una puesta en escena diferenciada en dos grandes bloques (blanco y negro para el presente y la reflexión, color para la acción en sí), y esa original línea argumentativa (dentro de la vía color) que se encaminaba de adelante hacia atrás, siendo una pieza única dentro del panorama cinematográfico (así a grandes rasgos), convirtiéndose en objeto de pedantería para unos (oh! qué moderno es este Nolan!), en un simple absurdo para otros (vaya lío! no la entiendo!), o en una obra maestra (gran coherencia entre la historia y la forma de plasmar ésta) para gente como yo.

Un guión formidable el escrito por el cineasta firmante, asentado sobre la historia de su propio hermano, Jonathan Nolan, y que sugería una adictiva e hipnótica trama en la que el espectador sucumbía ante los atractivos de ese individuo (papelón de Guy Pearce) con sed de venganza por la muerte de su esposa. Puede que si el montaje fuese realizado de distinta forma, la cosa pareciera más sencilla. Y es cierto, aunque más que parecer sencilla, la historia perdería su sentido, principalmente porque Memento no es un film de suspense al uso. Es decir, no se trata de un macabro crimen y de esclarecerlo. Aquí, eso es lo de menos. La esencia no es otra que la confusión (y ella no se lograría de otra forma). Empaparse, desde el primer plano, de la vida de Lenny, de su particular forma de vivir. En coherencia con ello, con ese majestuoso guión, va estructurado el film, con un montaje tan singular y único que lanzó al estrellato, a la obra de culto, a Memento. Christopher Nolan ponía el dedo en la llaga de una novedosa manera, jugando al escondite entre asesinos y justicieros, entre fotografías, notas y tatuajes, pero sin salirse un ápice del tema principal: retratar (y de qué manera) esa terrible enfermedad y sus consecuencias.

Spoiler

Lenny aparece en la habitación de un mugroso motel. Tiene una particular enfermedad (cierta en la realidad) que le hace no guardar recuerdos más allá de los dos minutos anteriores al momento en cuestión que está viviendo. Sin embargo, sí puede recordar todo lo anterior al traumático acontecimiento que le hizo padecer la enfermedad. En su caso, ésta vino provocada por el asalto de dos tipos a su casa, los cuáles violaron y asesinaron a su mujer, y apalizaron a Lenny, dejando en él como huella imborrable tan padecida enfermedad.

Con esa idea, la búsqueda de John G., el presunto asesino de su esposa, se convierte en el motor del film. Lenny se mueve en su búsqueda. Con su particular ritual para no perder el orden, ese surgido como antítesis a Sammy Jenkins, un tipo con la misma enfermedad que no logró habituarse a ella. Sin embargo, todo lo retratado hasta ese momento se viene abajo en el momento en que se desvela el misterio, la verdad: Su esposa no falleció aquella noche. Él la mató por las inyecciones de insulina (la historia de Sammy se entrelaza con la de Lenny). A partir de ahí, se creó su desconcertante mundo, ese nacido por la desasogante y aterradora enfermedad. Un mundo en el que asesinar a varios pares de John G. no supone problema alguno, porque al fin y al cabo no recuerdas al anterior. Un mundo en el que gente como Natalie o Teddy no son más que peones de un juego macabro, gente que se aprovecha (o se perjudica) relacionándose con un desvalido como Lenny. Un mundo en el que uno no llega a saber porqué corre, o porqué conduce tal coche, o porqué está en tal sitio. En fin, una soberana lección de cine.

‘Matrix’. Libertad.

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Estamos en un futuro muy lúgubre. Un futuro cercano al siglo XXIII donde las máquinas han tomado el control del planeta. Tras una espectacular guerra que nos imaginamos, los humanos salieron derrotados por su propia creación, la tecnología. Ahora, éstos sólo sobreviven en Sion, la última ciudad humana. El último enclave de resistencia. Un reducto al que las máquinas quieren poner fin.

Tras la desaparición del sol, la fuente primaria de energía para las máquinas, éstas tuvieron que encontrar otra fuente de la que suministrarse, los humanos, a los que habían vencido en batalla. Los sometieron, los esclavizaron y empezaron a cultivarlos en cautiverio. Sus cuerpos físicos eran controlados, estaban encerrados dentro de unas cápsulas, chupándoles su energía, energía con la que mover el mundo tecnológico. Mientras, sus mentes eran liberadas a través de Matrix. Un mundo imaginario creado para aletargar a los hombres, para someterlos. En dicho mundo, todo es posible, pero nada es real. Sus guardianes, los agentes especiales, controlan Matrix, eliminan cualquier resquicio de rebelión.

Sin embargo, un grupo de libertarios encabezado por Morfeo y secundado por Trinity y su séquito (Enchufe, Apoc, Ratón, Tank, Dozer y el judas de Cypher), todos ellos humanos liberados que transitan por el mundo en su nave Nebuchanedzzar,  han puesto todas sus esperanzas en un hombre del que creen que será capaz de tumbar al enemigo, Neo. Al elegir la pastilla roja, descubriremos al mismo tiempo que Neo lo que es Matrix.

Espectacular cinta futurista que no sólo se sustenta en su gran argumento futurista, en clave distópica, sino también en sus efectos especiales, pioneros indudables de una nueva manera de hacer cine de acción. Los Wachowski, en su obra cumbre, crearon un antes y un después de Matrix. Ya nada volvió a ser lo mismo. Todo lo que rodea a esta cinta está en lo más alto de la historia del cine. Obra maestra.

Spoiler

Durante la mayor parte del metraje vamos aprendiendo con Neo lo que es real, y lo que es imaginario, artificial. Descubrimos Matrix de la mano de Morfeo y Trinity. Y sentimos la responsabilidad que poco a poco va creciendo en el interior de Neo. Una responsabilidad que se agiganta tras la visita al Oráculo. Sus palabras le penetrarán.

A partir de ahí, los Wachowski dejan la filosofía a un lado y comienzan con la acción. La atmósfera de opresión y asfixia que se había construido durante todo el film, se libera ahora. El rescate de Morfeo, capturado tras la traición de Cypher, será la excusa perfecta para que Neo demuestre si es el libertario que todos esperan o no. El final, entrando dentro del género de acción, es espectacular, por no decir que es el mejor que he visto. Y sí, Neo es el salvador. Controla Matrix, lo ha demostrado. Imagino que salvará a la civilización humana con la ayuda de su amada Trinity, de su mentor Morfeo y de la resistencia de Sion. No le brindo la oportunidad de jugar con mi imaginación a Reloaded y Revolutions, cine con alma de marketing, que echa por tierra en buena medida el logro de su antecesora, la inigualable Matrix.

Obviamente, también se le puede dar un voto de confianza a las secuelas. Ver si han seguido los dictámenes de nuestra imaginación. Si no es así, se las puede borrar de la memoria con bastante facilidad y sencillez.