‘Narc’. Miserias policiales (II).

narcA Joe Carnahan poca gente lo conoce. Normal, pienso, pues tampoco es un cineasta que raye lo excelso. Sin embargo, el tipo podrá contarle a sus nietos, entre otras cosas, que fue él quien escribió la notable ‘Pride and glory’ (2008), y que un buen día la crítica mundial lo ensalzó al parir la obra que aquí nos ocupa: ‘Narc’.

El centro gravitatorio del film no es otro que la fatalidad y la desgracia que envuelven a esas personas que integran las brigadas de narcóticos y antivicio. Las miserias, en definitiva, que acompañan a quienes viven en primera línea de combate, entre el bien y el mal. Es difícil identificar un atisbo de felicidad en el mundo ideado por Carnahan. Su cámara desentraña, de un modo tan pausado como hiriente, la delgada línea que separa la legalidad de la ilegalidad (con todas las consecuencias morales, familiares, personales, que ello supone), sirviéndose de una correcta intriga para cumplir con tal cometido.

En fin, quien esté dispuesto a visionar ‘Narc’ ya sabe lo que va a encontrar: un sórdido viaje hacia las tinieblas. Película que posee calidad y oficio. No es James Gray, pero es lo más parecido que uno puede encontrar en la actualidad. Notable.

7.5/10 

‘Pride and glory’. Miserias policiales.

El poso dejado por James Gray durante los últimos años en Hollywood se aprecia en cintas como ‘Pride and glory’. Ésta se parece, y mucho, a ‘We own the night’ (2007), estrenándose, además, con apenas un año de diferencia. Por el breve lapso de tiempo que separa a una y a otra, nadie puede hablar de mimetismo en tema y género. Pero, sin duda, Gray ha conseguido que sigan alimentando en USA un género tan carismático y enriquecedor como el gangsteril, en este caso salpimentado con el toque policial. Es decir, está creando escuela.

Joe Carnahan, el padre de ‘Narc’ (2002), coge las riendas de esta historia junto a Gavin O’Connor. Centran su atención en los corrompidos cimientos del grupo de narcóticos del cuerpo policial de Nueva York. Todo bajo el demoledor marco que ofrece un drama familiar como el aquí expuesto. Policías con distinto sentido de la ética. La corrupción frente al honor. Y una familia frente a la que responder. Lo dicho, me recuerda al mejor Gray.

Película elegante, con estilo. Su director, Gavin O’Connor, consigue crear una encomiable atmósfera, pulida a través de dilemas morales, sentimientos a flor de piel, dinero ensangrentado y cuestiones familiares. Todo ello consigue transmitir una autenticidad que termina por cautivar nuestra atención, dejándonos llevar por una intriga que pivota en torno a las tres grandes piezas del puzzle: Emmerich, Norton y Farrell. 

La dupla que ha parido esta cinta demuestra que sabe moverse en este género. Es una historia potente, por momentos brillante. Uno nota que se saben bien la melodía, aunque les falta cierta espontaneidad. Además de soltar automatismos debieron pensar el no incluir bufonadas de tercera división (sí, la escena del bar) que chirrían en demasía. Es por ello que esta cinta no alcanza la perfección. Aunque, con todo, nos deja un buen sabor de boca.

7.5/10