The immigrant (2013)

immigrant-movie-posterDirector: James Gray
Guion: James Gray / Ric Menello 
Producción: Kingsgate Films / Worldview Entertainment / Keep Your Head Productions
Fotografía: Darius Khondji 
Montaje: John Axelrad / Kayla Emter
Música: Chris Spelman
Reparto: Marion Cotillard / Joaquin Phoenix / Jeremy Renner / Angela Sarafyan
Duración: 120 min
País: Estados Unidos 

Lo primero que llama la atención de The immigrant es la desidia con la que esta ha sido tratada por parte del mercado cinematográfico español. El lapso de tiempo que va entre el estreno estadounidense del film y la llegada a España del mismo es, ni más ni menos, de un año. Ya sucedió exactamente lo mismo con la sobresaliente Two lovers. Tardanzas, pues, imperdonables considerando que estamos ante obras elaboradas por uno de los mejores cineastas del momento, James Gray. A esta cuestión se le une el vergonzante título con el que se ha bautizado a esta película en territorio español, El sueño de Ellis, pero bien, esto ya es harina de otro costal. Vamos a lo importante: Joaquin Phoenix, Marion Cotillard y James Gray, nombres todos ellos que suenan muy muy bien. Combínenlos y verán como el nivel de expectativas que rodea a esta producción se eleva hasta cotas bien altas. 

Es verdad, había materia prima para elaborar una película fabulosa, excepcional. Sin embargo, The immigrant no lo es. Esto suena fatal, y me explico: no estamos frente a la obra maestra que todos esperábamos. De hecho, el cineasta neoyorquino nos deja aquí su película más floja de las que atesora, hasta la fecha, en su filmografía. El listón, en todo caso, estaba bien alto: Little Odessa (1994), The yards (2000), We own the night (2007) y Two lovers (2008). Para mí, cuatro trabajos brillantes y de profunda impronta. Con todo, ello no quita para afirmar tranquilamente que aquí se expone una obra notable. Es decir, no se entienden los palos desmedidos que ha recibido este reputado director. La esencia del cine de James Gray se mantiene: el peso otorgado a la familia y la pervivencia de los protagonistas errantes están presentes en este film. En la trilogía inicial de su carrera todo ello se agitaba por un contexto gangsteril que no tiene nada que envidiar a los grandes nombres del género. Por su parte, en Two Lovers el discurso se encauzaba a través de los derroteros del amor. Era un pequeño giro en el estilo temático del autor, quizás coincidente con la colaboración, en tareas de guion, con Ric Menello; colaboración que se mantiene en The immigrant.

El foco de la narración recae sobre Marion Cotillard. Ella es una emigrante polaca que huye de Europa y de las consecuencias de la Gran Guerra para buscar un futuro mejor en la tierra de las oportunidades, en los Estados Unidos. Lo hace en compañía de su hermana, pero pronto se dará cuenta de que la vida no siempre te da lo que mereces. Y ese punto amargo es el que aquí expone, con la elegancia de siempre, el bueno de James Gray. En este sentido, el afán por sobrevivir de nuestra protagonista, la estoica lucha por reencontrarse con su hermana, la hiriente relación que entabla con Joaquin Phoenix y la efímera esperanza que representa Jeremy Renner confluyen para vertebrar el discurso de esta película. Un homenaje en toda regla a aquellas personas que anónimamente lucharon, en tiempos difíciles y a su manera, por alcanzar su porción de “sueño”. Podemos decir que es una película íntima en lo narrativo y muy cuidada en cuanto a los aspectos técnicos y artísticos.

Le falta, sin embargo, un punto de emotividad a este relato. James Gray no consigue darle toda la profundidad que pretendía a esta narración. Así, la relación entablada entre la sufrida Marion Cotillard y el enfermizo Joaquin Phoenix consigue captar nuestra atención, pero no nos cautiva como debería. Los dos son buenos actores y lo hacen bien (que no muy bien) en este film. Además, la principal flaqueza de esta historia es el personaje de Jeremy Renner, quien busca representar el conflicto familiar y las contradicciones sentimentales con las que en tantas otras ocasiones nos había emocionado James Gray, pero que jamás termina de encontrar su sitio a lo largo de la película. La melodía suena, aunque le falta la espontaneidad y armonía de sus anteriores trabajos. No es una película redonda y daba para mucho más. Con todo, una obra notable.

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Qué decir sobre… «Her» (2013)

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Dirección: Spike Jonze

Guión: Spike Jonze

Fotografía: Hoyte Van Hoytema

Música: Arcade Fire, Owen Pallett

Montaje: Jeff Buchanan, Eric Zumbrunnen 

Reparto: Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson, Amy Adams, Rooney Mara, Olivia Wilde  

Espectacular. Todavía no acierto a averiguar cómo Spike Jonze ha sido capaz de transmitir tanto tanto sentimiento de un modo tan natural. Es difícil hacerlo, más aún si uno se propone clarificar toda esa explosión sentimental a través de una relación virtual entre un hombre con el corazón malherido y una voz femenina proveniente de un sistema de inteligencia artificial.

Sobre Joaquin Phoenix recae la atención principal. Lo hace muy bien, como siempre. Es un tipo que humaniza de una manera absolutamente creíble la batalla anímica a la que se enfrenta su personaje, Theodore. La narración, muy bien llevada por Spike Jonze, avanza espontáneamente con gracia y sutileza, acompasada por la preciosa The moon song de Karen O, envuelta en la belleza que proporciona la fotografía de Hoyte Van Hoytema. Qué bien están, además, Amy Adams y Rooney Mara al encarnar a unos personajes indispensables en este relato, expuestos de un modo sutil, conciso.  

A mí, Her, me ha hecho sentir. La siento muy cercana, próxima. No me cuesta nada identificarme con las vivencias narradas. El guión es una absoluta maravilla. Los diálogos y reflexiones son fabulosos. Qué natural y armoniosa película. Todo me resulta familiar. Termino así cautivo, prendado por la magia que impregna a esta preciosa historia.

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9/10    

‘Walk the line’. Johnny Cash.

poster_03It ain’t me, babe. It ain’t me you’re lookin’ for“.

Conviene hacer una primera advertencia: esta no es una película que abarque toda la vida de “El hombre de negro”. El cineasta, James Mangold, focaliza su atención, sobre todo, en el Johnny Cash treinteañero, un icono del country que parece tenerlo todo -familia, dinero y popularidad- pero al que se le resiste una única cosa: June Carter, el amor de su vida.    

La relación establecida entre ambos es preciosa. Quizás sea porque los encargados de darles vida son Joaquin Phoenix y Reese Witherspoon, dos estupendos actores que brillan con luz propia en este relato. Un relato edificado, a su vez, en torno a un guion bien trabajado, una dirección eficaz y un repertorio musical de auténtico lujo.

Un amor servido a fuego lento. Por tanto, una sentimental historia tan penitente  y sufrida como, al fin, dulcemente feliz.

8/10 

‘Hotel Rwanda’. Sobrevalorada.

hotel_rwandaPelícula altamente sobrevalorada. El contenido dramático y terrorífico que envuelve al genocidio de Rwanda no merecía este trato cinematográfico. A la narración le falta soltura y, sobre todo, seriedad. Le sobran tropelías y penurias. Encontrar, en definitiva, el justo equilibrio. 

Alguien debería haber advertido a Terry George de que para sobresaltar al espectador, conmocionar su conciencia y levantar su espíritu crítico, no era preciso caer en la continua exageración y el exceso. Y es que ‘Hotel Rwanda’, pese a contar con muy buenas intenciones y tener un marcado sesgo divulgativo, termina por ser una película mediocre, de sensiblería barata.

El desaprovechamiento de grandes actores como Joaquin Phoenix y Nick Nolte también hace daño a la vista, pero ese es otro tema. Vamos a lo importante, ¿quieren que les cuenten la vergonzosa historia de hutus y tutsis a través de un impregnado espíritu de sobremesa? Pues vean ‘Hotel Rwanda’. Si buscan algo más de seriedad, búsquenla en ‘Shooting dogs’ (2005).

6/10 

‘The Master’. Turbiedad.

the-master-poster1A partir de ahora, no puedes parpadear“. 

Me importa poco si la historia que aquí se nos muestra tiene algo que ver con la fundación de la Cienciología y Ron Hubbard. Dicen que sí, que simplemente Paul Thomas Anderson cambió nombres (La Causa y Lancaster Dodd) por aquello de ahorrarse pleitos innecesarios. Pero bien, digo lo de “me importa poco” porque es un tema que (por sensacionalista) no termina de atraerme. Igual que tampoco capto la complejidad hermética que (supuestamente) envuelve a esta historia, tan llena de matices y contrastes según los entendidos. 

Pero todo ello me da igual, pues solamente con ver a Joaquin Phoenix en escena, uno puede darse por satisfecho con ‘The Master’. La película es básicamente él, y su duelo con Seymour Hoffman. La interacción entre el errante vagabundo y el rechoncho hombre de afilada labia se le impregna a uno, calándote hondo en tu conciencia todo ese universo turbio que envuelve a esta narración. Ayuda a plasmar tal sensación el milimétrico guión de Anderson, capaz de pulir de manera espléndida a los personajes (atención a la maquiavélica Amy Adams), deparándonos, además, una serie de diálogos memorables.        

Película elegante, servida con estilo por la pluma de Paul Thomas Anderson. Éste siempre ha retratado a la perfección al solitario derrotado. Aquí lo borda pincelando a ese marinero varado en la tierra, siempre a punto de explotar, viviendo al límite entre arrebatos, tristeza y desesperación. ‘The Master’ nos deja, en definitiva, una historia poderosa, de extraño atractivo, que nos tiene cautivados durante todo su metraje. A uno le inquietan las andanzas de ese infeliz que, probablemente, verá su último atardecer en soledad, lleno de penas y sin atisbo de cordura.  

8.5/10 

¿Libertad y ausencia de tiranía para ti? Freddie, marinero de los mares. No pagas alquiler. Eres libre para ir adonde quieras. Vete. Alcanza esa libertad sin tierra y buena suerte. Pues, si descubres una forma de vivir sin servir a ningún amo, sea cual fuere, cuéntanos a los demás cómo lo lograste. Serías el primero en la historia del mundo“.

‘I’m still here’. Joaquin Phoenix.

Primero, me decantaré por la opción de la farsa. Quiero pensar que Joaquin Phoenix y su cuñado, Casey Affleck, idearon tirarse dos años de su vida, y carrera, sin actuar, dramatizando, dando veracidad a la obra que aquí les atañía. En segundo lugar, resaltaré que estamos ante uno de los mejores papeles de Joaquin Phoenix. El tipo se representa a sí mismo de un modo, cómo no, absolutamente creíble. La angustia, la desorientación, la vida errante, la espiral autodestructiva que conlleva la depresión, todo es palpable, humano, cercano. Lo cual me lleva al tercer punto: vuelvo a dudar, ¿farsa o realidad? Creía que esto era un circo que habían montado estos dos amigotes. Ellos, innovadores y transgresores, buscaron hacer un documental, ficticio, sobre la caída a los infiernos de Joaquin Phoenix. Eso sí, éste debía creérselo, meterse en el papel hasta tal punto que todo el mundo picara el anzuelo. ¿Phoenix abandona el cine? ¿Phoenix cantante de hip hop? ¿Phoenix barbudo, callado y gordo? ¿Phoenix depresivo? El caso es que lo hace tan sumamente bien que uno al final ya no sabe si es una farsa lo que está presenciando o es una realidad. Por tanto, y por último, no sabemos si estamos ante una obra cargada de ingenio, originalidad y cinismo (con viaje evasivo final incluido hacia los orígenes del actor), o si realmente esto es un infierno terrenal, una calamitosa existencia que, llegando a un punto del todo retorcido, decide ser documentada, mostrando al gran público todas sus vergüenzas, por el vagabundo errante que la protagoniza, esto es, Joaquin Phoenix. Y ahí, en esa incerteza, reside el punto fuerte del film que va aparejado indudablemente al buen hacer (ahora ya no sabemos si interpretativo o no) del actor, y a la capacidad de divertirse y de jugar con el espectador que tienen los autores de tan maquiavélica cinta.

7.5/10 

‘Reservation road’. Ideal para la sobremesa.

Terry George se adentraba mediante esta obra en un tema muy espinoso, pues se trataba, ni más ni menos, de remover las conciencias de los espectadores a través de una historia que ponía el dedo en llaga en torno al tema de la seguridad vial, los accidentes de tráfico y el deber como ciudadano de cada uno de nosotros.

Como tema serio, impactante y duro, cogemos la película con ciertas expectativas de agrado. No obstante, ‘Reservation road’ se lanza indiscriminadamente a la sensiblería barata, envolviendo a la obra con un aroma a historia de sucesos de un programa cualquiera de TV de media tarde. Nunca te cautiva. Más bien al contrario, irrita contemplar el histrionismo crónico con el que Jennifer Connelly da vida a su personaje. Tampoco es de buen gusto que el guión enlace a los distintos personajes de manera “casual”, asentando pues los cimientos para presenciar una obra hueca de ingenio y virtud, contagiándote rápido de su mediocridad y dejando de tomártela en serio a las primeras de cambio. Se salva por los pelos Joaquin Phoenix, y es que ‘Reservation road’ es un manual sobre como saber desaprovechar el talento artístico (Sorvino, Phoenix, Connelly) que otros cineastas jamás podrán tener para sí.

Además, la reflexión a la que conduce es la socialmente aceptada. Es decir, “habla por hablar”. Te conduce por los laberintos oscuros de la ética, esas actitudes vergonzosas derivadas del miedo, el nerviosismo o la ira. Todo acaba, en cambio, con un mensaje tan frío y lógico como socialmente aceptado: el imperio de la ley.

Spoiler

Veámos:

1. Un tipo, Mark Ruffalo, atropella mortalmente al hijo de Joaquin Phoenix y Connelly.

2. El matrimonio de aquéllos entra en crisis como consecuencia de ello.

3. Casualmente, la exmujer de Ruffalo, Mira Sorvino, es la profesora de piano de la hija de éstos (vía de investigación para el bueno de Phoenix).

4. Qué casualidad! A Phoenix le da por contratar a Ruffalo como abogado para encauzar la investigación que la policía ya da por perdida.

En fin, barata y rutinaria.

‘Inventing the Abbotts’. Romántica y cautivadora.

‘El secreto de los Abbott’ es una historia de amor. Una historia de amores trágicos. De dramas y tristezas. De secretos y mentiras. También, de amor del verdadero. Hablo, por supuesto, de ese inocente, tontorrón y puro cosquilleo que sienten Doug (Phoenix) y Pam (Tyler) cada vez que cruzan sus miradas. También es (principalmente) la historia de una obsesión, o de una rivalidad. La que sienten entre sí los Holt y los Abbott. Los primeros son ricos, populares y presumidos. Sus fiestas recuerdan a las de la alta aristocracia. Los segundos son pobres y trabajadores. No lucen mansión ni buenos coches. Sin embargo, la línea que los separó en su futuro destino fue muy fina. Un secreto que marcó el devenir de unos y de otros, marcando a fuego la rivalidad entre sí, emulando a los mismísimos Capuleto y Montesco.

Pat O’Connor recrea una historia de corazones en pugna. Una batalla magistral movida por los recovecos del corazón. Está narrada de una manera sencilla pero atractiva. Puede que en sí la historia sea bastante plana, pero es una historia tan conmovedora, tan sentimental, tan romantica, que uno consigue meterse de lleno en las mentes de cada uno de los personajes. Entiendes el rencor, plasmado en su actitud de Casanova, del mayor de los Holt. Entiendes la sencillez de Pam y Doug. También la rebeldía de Eleanor, enclaustrada en un tiempo que no es el suyo. Te repudia el convencionalismo social que conduce a Alice a su eterna amargura. Te metes de lleno en los entresijos de esa ciudad perdida por los parajes de Ilinois. Todo es almibarado (se nota la mano de Ron Howard) con una brillante puesta en escena, elegante y detallista. En fin, que le pese a quien le pese, me gusta ‘El secreto de los Abbott’.

‘El bosque’. Magistral.

 Las naciones se modernizaban siglos atrás a pasos agigantados. Los hombres y mujeres huían del campo camino a la ciudad, en busca de un porvenir mejor. Llegaron las grandes masificaciones, las grandes urbes. También llegó la degradación, la vida precaria. Los analfabetos campesinos vagabundeaban entre masas de hormigón. Con la modernización vinieron los burgueses y los proleterios, también llegó Marx y el ‘Manifiesto comunista’. La educación avanzó, también otros derechos sociales en previsión de una revolución dañina para el capital. La lucha de clases, se extinguió (quiero decir, se perpetuó). Lo disimularon bien a través de esa cosa llamada “clase media” propiciada por el Estado del Bienestar. Sin embargo, seguía habiendo bolsas de marginalidad que incitaban a la delincuencia, o ritmos endiablados derivados de esa obsesión por el reloj, por la jornada laboral. Las ciudades eran adrenalínicas, peligrosas, violentas. Las aldeas y pequeños pueblos eran silenciosos, miserables y fantasmagóricos.

La aldea, el bosque y la ciudad. En la aldea viven los aldeaños, gente que vive del campo, en consonancia con la naturaleza. Están cargados de bondad, aprensivos ante lo superfluo de nuestra civilización. Son inmunes al materialismo, se refugían en su vida en comunidad, con sus pequeñas normas y valores. Viven en calma, sin saber lo que es un reloj, disfrutando del placer en sí del aire, de la tierra, del agua, de la noche, de la niebla. Con ello, son felices. Además, como el resto de mortales, utilizan el amor como motor de combustión para el día a día, iluminando éste sus rostros con una plácida sonrisa. Sin embargo, los aldeaños tienen un temor, un miedo. Oyen ruidos provenientes del bosque, son truculentos. Temen al color rojo y se refugian en el amarillo. Para protegerse de los malvados horrores del bosque, hicieron un pacto con las bestias de allá. Si aquéllos no entraban en la aldea, ellos no lo harían en el bosque. Por si acaso, establecieron torres de vigía. Las miras de éstas no alcanzaban más allá del bosque, donde los aldeaños suponían a la ciudad. Una ciudad que jamás habían visto, tan sólo era un constructo, una imagen transmitida de boca en boca, de mente en mente. En este mundo y para esta cultura, la ciudad era lo más parecido al infierno.

En fin, que con todo llegó M. Night Shyamalan, un dios en el olimpo del cine que quiso elaborar una historia de esta pequeña pincelada que he dado. Una historia de renegados del sistema, de exiliados, de gente con esperanza de encontrar un sitio mejor. Pusilánimes que huyeron de una civilización que no creyeron suya. Se refugiaron tras los bosques. Vivieron en calma, se enamoraron y tuvieron hijos. Formaron un consejo e impusieron unas reglas. Unas reglas que respetar a lo largo del tiempo. Unas reglas que marcaban su existencia, retratada ésta de una magistral manera por un cineasta que realizaba un ejercicio tan inteligente como esquivo. Disfrazada por el marketing como una película de terror, ‘El bosque’ no encontró a su público, siendo dilapidada por la multitud. La esperanza que buscaban esas pobres almas entre tanta tiniebla no consiguió el reconocimiento justo. A mí me parece una obra maestra, un intelectual ejercicio de jugar con el espectador, de engañarnos como a chiquillos. La banda sonora y la personalidad visual (más caravaggiana que nunca) están a la altura de las circunstancias. Y la historia es narrada de una manera magistral, cátedra. Tanto de tan poco (qué importancia el personaje de Adrien Brody, y el amor). Combinando, cómo no, lo terrenal con lo fantástico, quedando todo ello tan (sobre) natural.

‘Señales’. Extraterrestres.

 

‘Señales’, curiosamente y pese al título de este escrito, no centra su historia en los extraterrestres, tampoco pincha mucho en si éstos son buenos o malos, ni da pie a escenificar las terribles malvades que son capaces de realizar (no hay explosiones ni efectos especiales chulos). No es nada de eso. Es una historia de puro sentimiento, de sensaciones humanas. Una película cercana, en la que M. Night Shyamalan vuelve a combinar, así como a narrar, de manera magistral, elementos de toque fantástico con la realidad más mundana. Quizás, por eso, me encanta ‘Señales’. Porque me la creo, me hace sentir o sufrir como si fuese el mismísimo protagonista del film. Me creo el dolor de Mel Gibson, la pérdida del sentido en su vida tras la muerte de su esposa, la lucha por recuperar el camino junto a su familia. También me creo a Joaquin Phoenix, ese tío romántico del deporte que protegería a su familia con su propia vida. Me creo a los niños, tanto a Culkin como Abigail, en sus miedos y temores, en sus inquietudes y fascinaciones. En definitiva, me creo la reacción (continua) de esa familia ante un suceso tan misterioso  (magistral inicio) como el presentado en este film. Todo retratado con la especial y encadiladora puesta en escena del cineasta de origen indio, rodeado de maizales y aroma a rural, con su detallismo y minuciosidad, con ese cierto tenebrismo que por momentos inunda la pantalla, creando una atmósfera que te va asfixiando casi sin darte cuenta desde el segundo número uno hasta el último (un final poderoso, entrañable aunque no sorpresivo). Vamos, una de las mejores películas de extraterrestres que he visto (y mira que aparecen poco).