‘To Rome with love’. Graciosa.

to-rome-with-love-posterEsta no es la mejor película de Woody Allen, pero es una película de Woody Allen. Quiero decir, siempre hay algo especial en su cine. Es muy difícil encontrar una obra indigna entre toda su extensa filmografía. Además, qué reproche le podemos hacer a un hombre que nos brinda, cual reloj suizo, una nueva cinta por año, sin faltar nunca a la cita con su público.

Historias de Roma, de su gente. Esta es una historia coral en la que el guión se nos presenta más flojo que en anteriores ocasiones, mientras que los diálogos tampoco son tan ingeniosos. Los actores que encabezan el cartel tampoco nos dan la mejor de sus versiones, excepción hecha, claro está, del fabuloso Roberto Benigni y su sarcástico personaje.

En todo caso, pasear por el Trastevere, admirar el Colosseo o sentarse en la scalinata de la Piazza Spagna de la mano de Woody Allen, no es cualquier cosa. Disfrútenla.  

7/10   

‘La red social’. La construcción de un imperio (II).

Decir que ‘La red social’ (2010) es la ‘Ciudadano Kane’ (1941) del siglo XXI, no tiene nada de descabellado. Carece, eso sí, de la innovación técnica de aquélla. Ésta no ha roto el panorama cinematográfico al estilo ‘Avatar’ (2009), ni falta que le hace. Siempre he pensado que la parte más importante de un film es su historia. Huelga decir que David Fincher y Aaron Sorkin han hecho los deberes en este aspecto, ello pese a que el tema era de una peligrosidad latente. Me explico, el tema facebook, depende cómo se tratase, podía resultar un fiasco escandaloso para la filmografía del reputado cineasta. Esto hubiera sido así si se hubiese decantado por la vía facebook en su dimensión social, esto es, como medio de ligue (sí, imagínense una película de universitarios en celo con la pantalla de ordenador como propulsor de todo) o como medio de control (no imagino a ningún productor metiendo un duro ahí con el fin de subirse al carro de las teorías conspirativas). Alejándose de esta perspectiva, los susodichos guionistas deciden plantearse el proyecto desde un punto de vista tan orsonwelliano como el de relatar, en plan biopic, el auge y la caída (más moral que económica) de un magnate contemporáneo: Mark Zuckerberg.

Como ya hemos dicho, bebe de la fuente de ‘Ciudadano Kane’, en claro homenaje a la misma, estructurándose cuasi del mismo modo. Diría yo que el discípulo supera al maestro. David Fincher nos brinda una versión moderna y acorde al siglo XXI, con una puesta en escena tan llamativa y atractiva como frenética y efectiva. Su poderío visual, su arte de captar imágenes, son el vehículo ideal para meterse de lleno en los entresijos de la construcción de un imperio. Aspectos como la arrogancia, la avaricia, el recelo o el propio desprecio del prójimo, supuran de cada uno de los poros del protagonista, al que cobra vida un sensacional Jesse Eisenberg. Además, el litigio con los creadores de Harvard Connection, pone a tela de juicio la originalidad de su creación, la falta de ética en la misma. Aspecto que resalta todavía más si cabe cuando se aleja del cofundador de la web, Eduardo Saverin, para caer rendido en los brazos de un miserable y osado Justin Timberlake,  el Maquiavelo de las comunicaciones, quien da vida al creador de Napster y, por lo visto en el film, uno de los principales apoyos en la extensión universal de Facebook.

Spoiler

Curioso que la clave de bóveda de toda esta historia sea el propio rencor vengativo de Zuckerberg, un engreído fanfarrón, un frustrado gentleman, un superdotado intelecto, hacia la ruptura de su relación sentimental por parte de su novia, Erica Albright. Será el despecho el que mueva al protagonista a poner los cimientos de facebook a través de facemash. Será el resentimiento de no formar parte de esos clubs elitistas lo que le haga reunirse con los niños de papá (los Winklevoss) de Harvard. Será la envidia que sentirá por Eduardo (por ser admitido en un club también de élite) la que le moverá a construir la nueva Roma de las comunicaciones, traicionando a su mejor amigo y dejando de lado el proyecto acogedor y romántico, para sustituirlo por los Mil millones de dólares. Curioso que, en el fondo, no sea el lucro lo que impulse al muchacho a ello. Ni mucho menos. También curioso que la familia de él ni siquiera sea citada. Podría decirse que lo que le mueve a unir el mundo (a formar Facebook) sale de la fría y gélida existencia en el mismo.

La escena final, tan acorde a las nuevas tecnologías, sustituye la bola de nieve y el vocablo “rosebud” por una invitación en facebook hacia su ex novia. El desalmado Zuckerberg quiere olvidarse así de su mísera existencia, cargada ésta de traiciones, odio, maldades. Cuánto le gustaría volver con ella. Volver a sentir esa calidez, esa felicidad, esa bondad derivada de una vida tan mundana como sencilla. ¿Qué sería hoy de Facebook si ella no hubiese roto con él en aquel local?

‘Adventureland’. Retrato generacional.

Cuando a James, recién graduado en el Insituto, con novia, aunque virgen, con un verano por delante en el que recorrer Europa, y una próxima carrera de Periodismo en Columbia, le digan sus padres que debe cambiar sus prometedores planes  y darse de frente con la realidad, olvidarse del viaje, olvidarse de su novia que le dejó y ponerse a currar en un parque de atracciones tan cochambroso como ruinoso, comenzará a sumergirse, para su desgracia, en la espiral de la derrota.

Entre atracciones, niños farragosos y adultos capullos, conocerá a un sinfín de personajes, de emergentes derrotados como él, entre los que aparecerá el amor de su vida, Em.

‘Adventureland’ habla del incipiente amor entre un chaval, James, que desea abalanzarse sobre los brazos de una chica, Em, a la que la vida había desorientado pero que, al fin, le ha puesto en su camino. Son historias comunes las de todos los chavales. Aventuras, como las de Em con Connell, noches de fiesta de verano en la piscina, inquietudes culturales y sexuales, que resolver con Joel o LisaP, borracheras y trastadas, todo con lo que finiquitar el paso por la adolescencia y encaminarse hacia la adultez, donde esperan otro tipo de menesteres, ya no encaminados a encontrar el camino, sino más bien a sobrevivir en él. Pero eso corresponde a otras películas. Ésta nos ha retratado la primera parte, y lo ha hecho a lo grande. Peliculón.