‘Ravenous’. Antropófagos.

No termino de entender porque Antonia Bird no ha tenido una larga y digna carrera cinematográfica. Reconocida admiradora del cine de Ken Loach, alcanzaba su culmen filmográfico con una historia que gravitaba en torno al mito del canibalismo. 

Siempre me ha gustado ‘Ravenous’. Tiene una historia muy bien elaborada que engatusa al espectador con ese viaje al siglo XIX, enclavando nuestra mirada en un fuerte perdido en mitad de las montañas californianas (sí, también tienen “su” Sierra Nevada). Sorprende desde el primer momento. El personaje de Guy Pearce, el capitán John Boyd, está muy bien pulido. La vomitiva atracción que dicho personaje siente por lo sanguinolento, terminará de explotar cuando conozca a Colqhoun, un sensacional Robert Carlyle, introduciéndonos en una espiral antropófaga, malévola y repugnante. La lucha entre el bien y el mal, entre la rectitud y la perversión quedará servida, y el espectador no podrá más que disfrutar con dicha batalla.     

En definitiva, vean Ravenous. No tiene desperdicio. Eso sí, no la cojan pensando que se toparán con una densa historia reflexiva acerca del canibalismo y sus quehaceres. A mí me gusta más verla como una historia que no ambiciona grandes propósitos, pero que consigue dar con la tecla exacta para que ese plato cargado de sangre, vísceras y huesos roídos sacie nuestro feroz apetito.

7.5/10 

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‘Saving private Ryan’. USA en la II Guerra Mundial.

Digámoslo así: ‘Salvar al soldado Ryan’ (1998) tiene el mejor inicio, dentro del género, que jamás haya existido. El realismo que alcanza ese desembarco, con esa agonía manifiesta, con el nervio de jugarte la vida, con la artillería y la metralla rodeándote, ensangrentado por la hemoglobina de tu propio compañero, perdido en la irracionalidad del combate, sabedor que vas directo al mismísimo infierno con férrea moral. Una magna presentación, una escena que pasará a los anales del cine por su fiel recreación de la realidad.

Después viene una gran historia. Una historia de ritmo clásico, extensa en cuanto a minutos pero de incansable disfrute. Es la historia de una compañía de rangers estadounidenses encomendada al rescate de un soldado, James Ryan. Una compañía que tendrá que sufrir las mil y una inclemencias con tal de cumplir con su misión, a sabiendas de que deben encontrar una aguja en un pajar, o mejor dicho, un soldado aliado en un enjambre nazi. El final, por suerte para el espectador (y en consonancia con el inicio), también pasará a la historia por ser uno de los mejores combates bélicos nunca narrados, con tensión y frenético pulso, mezcla, su relato, de horror, impotencia y valentía.

A todo esto, y dejando de lado los aspectos técnicos del film (que son de 10), no conviene olvidar que Steven Spielberg le saca todo el jugo posible a la historia de Robert Rodat, quién realiza un fresco, a medio camino entre las luces y las tinieblas, acerca de la guerra, representada ésta no sólo en batallas y fuego cruzado, sino también al inmiscuirse en la figura y personalidad de cada uno de los personajes, con especial énfasis en el Capitán John Miller (un sensacional Tom Hanks). Es una película humana, que destila una empatía total con los desgraciados que allí, en aquella cruenta guerra, sucumbieron. No se pierdan en las insensateces de aquéllos que sin atender a la historia prestan especial fobia a todo lo americano, y saboreen, por tanto, como se merece, con ese punto amargo y triste, esta joya de película que supone un reconocimiento histórico a la labor de aquellos héroes, con nombres y apellidos, que entregaron sus vidas en favor de esa cosa llamada libertad.

9.5/10