Good night, and good luck (2005)

good_night_and_good_luck_ver2Dirección: George Clooney 
Guion:
 George Clooney / Grant Heslov 

Producción: Warner Independent Pictures / 2929 Entertainment / Participant Productions
Fotografía: Robert Elswit
Montaje: Stephen Mirrione
Música: Dianne Reeves
Reparto: David Strathairn / George Clooney / Jeff Daniels / Frank Langella / Robert Downey Jr. / Patricia Clarkson / Robert Knepper
Duración: 90 min
País: Estados Unidos 

Estamos en los años 50. Los Estados Unidos son, por excelencia, el país de la libertades. Libertades refrendadas y protegidas por la división de poderes. En un poder en concreto, el legislativo, recae el punto de mira de esta película. Y es que está bien investigar antes de legislar, claro, pero no tiene acomodo democrático la persecución política indiscriminada. Esta fue la práctica más habitual de Joseph McCarthy, senador republicano por Wisconsin que, en pleno apogeo de la Guerra Fría, lanzó una feroz campaña anticomunista a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Su figura no ha pasado a la historia como un modelo de civismo. Es más, se puede tildar sin tapujos al macarthismo como una conducta infame, vergonzosa. La paranoia comunista, siempre presente en territorio estadounidense, nunca jamás volvió a alcanzar las dimensiones de aquel tiempo.

El cine entendido como espacio para refugiar y alentar el espíritu crítico me parece un detalle. Está bien que el séptimo arte se comprometa a darle una revisión crítica al contexto en el que se enmarca. En este sentido, George Clooney siempre ha estado al pie del cañón. Tiene su punto contradictorio que un tipo que amasa una fortuna como imagen de una multinacional que vende café termine por coger la bandera de la desobediencia civil y política. En todo caso, se agradece. Como actor se ha involucrado en películas tan reivindicativas como la irregular Syriana (2005) o la turbia e intensa Michael Clayton (2007). Como guionista y director ha dado si cabe un paso más, pues tanto Buenas noches, y buena suerte (2005) como Los idus de Marzo (2011) son dos películas esplendorosas. Ambas están firmadas en compañía de Grant Heslov (sí el tipo que firmó esa payasada titulada como Los hombres que miraban fijamente a las cabras, 2009), y la última, de hecho, viene inspirada por una obra de Beau Willimon, a la postre aupado a los cielos por haber creado la sobrevalorada House of cards (2013). Total, en medio de todos estos nombres y títulos aparece una idea clara: observar el entorno cuchillo en mano.

Así es como se nos presenta Good night, and good luck. Destripa las miserias de la política estadounidense al tiempo que ensalza el papel que la CBS y el cuarto poder jugaron en el asunto McCarthy. Lo hace rindiendo un homenaje especial a la figura de Edward R. Murrow, así como a toda la camada de valientes (espectacular el cartel de secundarios de este film) que le acompañó en aquella titánica batalla. La sobria fotografía en blanco y negro de Robert Elswit sirve para encuadrar las vivencias que esconde uno de los mejores guiones de la pasada década. Ayuda lo suyo David Strathairn, sencillamente sobresaliente. Así, sin llegar siquiera a los 90 minutos, Clooney elabora una obra precisa. Sienta cátedra, en clave política e histórica. 

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‘The newsroom’. La trastienda de la televisión.

newsroom_xxlgTodavía no he terminado de ver la primera temporada de ‘The newsroom’, pues apenas llevo siete episodios de la misma, y ya sé que estoy frente a una obra maestra. Es Aaron Sorkin de nuevo, demostrando una y otra vez a todos que su mordaz escritura sigue en plena forma.

HBO tuvo un ojo clínico cuando decidió apostar por este proyecto. El día a día en la trastienda de un informativo televisivo de noticias estadounidenses es la clave de bóveda de una serie, ‘The newsroom’, que derrocha calidad, estilo y personalidad. Sin duda, el reputado guionista (y creador) de la misma tiene la forma más astuta, brillante y elocuente de retratar a la actual sociedad estadounidense, empapando al relato con el punto crítico que siempre debe acompañar a temas de actualidad política, económica y social. 

La inteligencia de Sorkin, escudada por su marcado espíritu liberal, despliega una mordaz crítica que no deja títere con cabeza, encontrando, además, en Jeff Daniels al socio perfecto para humanizar toda su genialidad. Los dilemas personales y enredos sentimentales tampoco faltarán, pues son el complemento indispensable en toda historia digna de ser contada.

Una combinación magistral, en definitiva. Un relato veraz, actual y endiablado sobre el universo que rodea a las televisiones de primer nivel. Es decir, el cuarto poder puesto a disposición de Sorkin. Cada episodio es una obra de arte. Una nueva joya, y ya van unas cuantas, de la cadena HBO.

9/10 

‘Speed’. Tan inverosímil como sumamente entretenida.

El holandés Jan de Bont arrastraba a sus espaldas un trabajo más que meritorio como director de fotografía. Corría el año 1992 y él ya había dejado su impronta en películas como ‘Die hard’ (1989), ‘The hunt for Red October’ (1990) o ‘Basic instinct’ (1992). Era el momento, por tanto, de avanzar en su carrera por la vía de atrapar nuevos retos. Ahí estaba ‘Speed’, la primera película en la que el cineasta holandés ejercía como director.

La cinta tenía los ingredientes precisos para cautivar al espectador. Primero, Jan de Bont se conocía el género al dedillo, pues ya había trabajado con gente de la talla de Ridley Scott, Richard Donner o John McTiernan. Luego, nos topábamos con un acertado reparto. Buena química entre Sandra Bullock y Keanu Reeves, genial la malévola expresión de Dennis Hopper y reputada aparición como secundario de lujo de Jeff Daniels. A ello súmenle una factura técnica intachable, destacando una meritoria labor de fotografía y unos brillantes efectos especiales. Tampoco conviene olvidar el poder adrenalínico que atesoraba la historia de Graham Yost, oficioso guionista en el género de acción (Hard Rain; Broken arrow) que conseguía elaborar aquí un relato tan sencillo como magnético.  

En fin, el pulso brindado por Keanu Reeves y Dennis Hopper logra satisfacer las expectativas del espectador. Un autobús y la amenazante presencia de un artefacto explosivo sirven para tejer esta trepidante historia cargada de explosiones, tensión y velocidad. Están frente a una de las mejores cintas de acción de la década de los noventa.

7.5/10  

‘Un lugar donde quedarse’. A vueltas con el hogar.

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Una pareja de treintañeros se ve sorprendida por el embarazo en mitad de un cunnilingus. A partir de aquí, los dos protagonistas, deberán decidir qué hacer con sus vidas. Formar el mejor hogar posible. Una familia. Para ello, rebuscarán en su pasado e improvisarán en su futuro a través del presente.

Un presente materializado en un viaje por la geografía estadoudinense, un viaje  en busca de su hogar. Un viaje por Phoenix, Tucson, Madison, Montreal y Miami. Un viaje en el que contemplar diversos tipos de hogar. En Phoenix, una familia destrozada por la depresión crónica del padre, y la desfachatez sonrojante de la madre. En Tucson, una hermana a la que consolar por un pasado muy nostálgico y un presente triste. En Madison, una prima y su novio que viven en continuum con sus hijos, es decir, en plan hippie pedante. En Montreal unos antiguos compañeros de facultad ahogados en la tristeza de no poder tener hijos propios. Y en Miami, un hermano destrozado por el abandono de su esposa y el futuro incierto de la hija de ambos.

De todo ello, los dos protagonistas aprenderán. Comprenderán que lo importante por encima de todo es el amor. Da igual si la ventana de la casa es del mejor material del mundo o de cartón. Un hogar no se cimenta en lo material, sino en lo sentimental. El amor, la añoranza por el pasado y el deseo de un futuro mejor se darán de la mano en esta cinta otoñal que habla acerca de la vida, acerca de la familia, acerca de las parejas. Bonita película de Sam Mendes que, una vez más, vuelve a romper el mito del sueño americano.

‘La rosa púrpura de El Cairo’. El cine como motivo de vida.

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Cecilia está ahogada en su miserable vida. Son los años de la Gran Depresión en el New Jersey de los años 30. A ella le toca trabajar en una cafetería donde su jefe y los clientes no la soportan. Por otra parte, tiene que soportar al golfo de su marido, un tipo que pasa el tiempo que le ha concedido el cierre de la fábrica de juerga con sus amigos y sus golfas.

Menos mal que Cecilia tiene un cine cerca de casa para refugiarse. Y ahora echan ‘La rosa púrpura de El Cairo’, una historia romántica que transcurre por diversos lugares del mundo. Cecilia, como siempre, irá a verla. Y esta vez quedará enamorada del film y de su personaje, Tom Baxter, un explorador y poeta muy romántico. Le prendarán las escenas llenas de champagne, baile, vestidos elegantes y aventuras amorosas. Quedará tan enamorada, que es lo único que le motivará para dar una alegría a su vida. El cine será el refugio a su gris existencia en la realidad. No le queda nada, ningún motivo para seguir adelante. Pero ahí está el cine, como vía de escape, como salvación.

El delirio de Allen llegará cuando Baxter salte de la pantalla, prendado por Cecilia, para vivir una aventura de amor con ella. El ingenio, la gracia, los grandes diálogos y las carcajadas inundarán a partir de entonces el film. Woody Allen deambulará entre la ficción y la realidad, creará dos mundos contrapuestos, uno idílico, el ficticio, otro nefasto, el real. Dos mundos contrapuestos, pero a la vez compatibles. ¿Quién no ha encontrado refugio en algún momento de su vida en el cine? Esta película es un canto a la vida ficticia, esa vida que tantos admiramos. Un canto al cine. Porque la vida real, al fin y al cabo, no es tan idílica. La pobre Cecilia lo ha comprobado en más de una ocasión. Pero a ella siempre le quedará en el recuerdo aquella inolvidable noche en el cine con Tom Baxter. Le hará más llevadera su mísera vida.