‘Trance’. Muñecas rusas.

Trance-349519031-large¿Dónde estará la obra ‘Tormenta en el mar de Galilea’ de Rembrandt? Desde 1990 nadie lo sabe, más allá de la persona que consiguió robarla en el museo Isabelle Stewart Gardner de Boston, en lo que fue uno de los robos más grandes en la historia del arte. Sin embargo, no es el único. Pinturas de Van Gogh, Caravaggio, Cézanne y tantos otros maestros han sido víctimas de famosos robos, envueltos ahora en el misterio de dónde se hallará su secreta guarida.

El británico Danny Boyle estrena nuevo juguete de la mano de John Hodge, habitual compañero en tareas de guión: ‘Trance’. A partir de la planificación de un magistral robo en torno a la obra ‘Vuelo de brujas’, un óleo pintado en 1797 por Goya, la película nos adentrará en una sucesión de acontecimientos del todo frenética, trepidante y tensa. La historia tiene algo de tramposa, sí, pero es un mal menor que para nada empaña al cometido principal de la misma: el digno entretenimiento. 

El talento puro del británico queda patente a partir de este planteamiento con alma de muñecas rusas. ¿Qué sucedería si hubiesen robado una valiosa obra de arte y no recordaran, a causa de la amnesia, dónde se halla esta? James McAvoy, Vincent Cassel y Rosario Dawson nos amenizarán la velada con esta hipnótica narración.

7.5/10 

‘X-Men: First class’. Paso atrás, en todos los sentidos.

Después de los orígenes de Lobezno, la Fox y la Marvel siguen brindándonos la oportunidad (a cambio de unos seis euros) de disfrutar con las andanzas y desventuras mutantes de nuestros intrépidos protagonistas.

En esta ocasión, es el turno de dos de los célebres, los dos líderes de las distintas corrientes: el Dr. Xavier y Magneto. Se ahonda en perfilar las personalidades y rasgos característicos de estos personajes, los actos y acontecimientos que han marcado sus vidas y cómo eso ha influido en lo que luego hemos visto en la gran pantalla en anteriores cintas. Se une, de modo complementario, la génesis de Mística, conformándo así una tríada de personalidades carismáticas a diseccionar. A vueltas con ello, en la raíz de la historia, se encuentra la escisión primigenia entre esos dos grandes amigos, y el nexo cambiante que supone Mística. Uno, frente a lo humano, busca el imperio, el otro la reconciliación. Maneras distintas de defender un mismo objetivo: el respeto al mutante.

El motor de combustión, antes que la batalla con los humanos, será el personaje al que da vida Kevin Bacon (warning: hace de malo, qué raro), un nazi de nombre Sebastian Shaw, convertido, con el paso de los años, en señor de la guerra. Aquí la cosa va acerca de la crisis de los misiles cubanos y tal (a esta parte tampoco le presten excesiva atención). El caso es que el susodicho personaje marcará, a fuego lento, la ira en el carácter de un jovenzuelo Magneto, al que influirá decisivamente en sus temperamentales concepciones acerca de la sociedad.

Es la historia más floja (con diferencia) de toda la saga. Diálogos pobres y simples, interpretaciones mediocres (excepción hecha de Michael Fassbender), dirección flojísima (sobre todo en las escenas de acción, de risa son las acciones voladoras del final), contexto horroroso (una Guerra fría de andar por casa) y un toque teen de efervescencia hormonal (bastante niñato y niñata jugando a ser monos o guais, por no hablar del cameo entre la Mística adolescente con el madurito Magneto) que no viene a cuento con la línea de lo que era X-Men. A todo ello, súmenle un más de lo mismo desde que  Bryan Singer abandonó la saga: acción por encima de la historia, o lo que es lo mismo: profundidad supeditada al efectismo.

6.5/10

‘La última estación’. Agradable pincelada de una célebre vida.

Leo Tolstói era el objeto de esta historia de tintes biográficos narrada por Charles Horman con muy buen gusto y agilidad en el ritmo (aunque el montaje chirría un tanto). Centrándose en el último año de su vida, nos sumergimos en la dinámica diaria del personaje, en los entresijos de la finca de Yasnaya Polyana, lugar en el que tantas horas le gustaba pasar al escritor. Allí, pronto comprobamos, que nada fácil resulta ser un hombre de tal peso. La vida campestre y rural, alejada de materialismos, y dogmatizada con mano férrea por el movimiento tolstoiano (gran interpretación de Paul Giamatti), choca de frente con las avaricias y anhelos personales de la Condesa, la esposa del susodicho escritor.

Egoísmos, avaricias, pomposidades y dogmatismos. Todo se retrata aquí, junto y revuelto. Sirve el personaje de Valentin Bulgakov (otra gran interpretación) como excusa ideal para adentrarnos en la vida de ese célebre escritor, relatando brillantemente el dilema de quién trata de finalizar su existencia encontrando el equilibrio entre el dogma, los asuntos mundanos y, principalmente, el amor. Porque, para mí, ‘La última estación’ no es más que una historia de amor. Un amor crepuscular, el de Tólstoi y la Condesa, que deja paso a un amor naciente, el que sienten los jóvenes Bulgakov y Masha  (una excelente Kerry Condon).

El resultado es una agradable película que se ve con gusto (se añade, además, algún toque de comicidad al asunto), que se digiere fácil, pues posee agilidad, frescura y mucha “naturalidad” en su retrato. No roza, eso sí, salvando quizás las interpretaciones, la grandiosidad. Con todo, buena película.