‘Hard times’. Las palabras ya no bastan.

Corrían los años 70 y Charles Bronson era uno de los referentes indiscutibles dentro del cine de acción. En esta ocasión, se brindaba a participar en el debut ante el gran público de uno de los maestros del género: Walter Hill.

El mito interpreta a Chaney, un tipo nómada que ve pasar los días entre raíles, paseos solitarios y moteles baratos. Son tiempos duros, pues estamos en el año 1933. Tiempos idóneos para que Chaney explote sus mejores virtudes (obvio cuáles son). Por cosas del destino, el bueno de Bronson terminará por conocer a Speed, un vivalavida interpretado fabulosamente por James Coburn, quien verá en ese castigado hombre un auténtico filón para hacer caja… en peleas callejeras.

A lo de siempre (puñetazos, patadas y sangre), clave de bóveda del film, súmenle un poso de amargura, tristeza y melancolía, derivado del sempiterno retrato del perdedor. Una factura técnica que ya dejaba entrever el talento de un tal Walter Hill, servía para desarrollar una historia, amante ferviente de la acción, que quedaba complementada, eso sí, por un drama sincero que acompañaba a nuestros dos protagonistas. A uno, Bronson, la compañía de una desamparada rubia parecía llenar su corazón, logrando dibujar los encantos de aquella, al menos, una mueca de complicidad en tan serio rostro. Sin embargo, ambos sabías que lo suyo era un imposible. Mientras que el otro no sabe escapar de las malas compañías y de su torpe cabeza. Al final, el derrumbe personal de ambos dos siempre hay una pelea por disputar, y dinero que ganar.

En fin, no busquen en ‘Hard times’ un drama social épico. No lo hay. Lo que sí encontrarán es una cinta en la que la acción queda enclavada en un contexto de tristeza generalizada. Solitarios errantes, amantes taciturnos, devotos del fracaso y, en definitiva, un destino que no mira más allá de una sangrienta y cruda pelea.  Notable cinta de acción.

7/10

‘Maverick’. Póker y humor en el far west.

Una timba de póker es el motor de combustión de esta cinta. A Maverick, un especialista en el juego, le restan tres mil dólares para pagar la inscripción de la misma, y tiene previsto hacerlo como sea, aunque el destino no se lo pondrá nada fácil al irrumpir en su rutina gente como Annabelle Bransford (Jodie Foster), una timadora muy sutil, o el español Angel, un intrigante Alfred Molina.

Sin grandes pretensiones se mueve la historia del reputado guionista William Goldman (‘Marathon man’ 1976), quién rescata, para la gran pantalla, al personaje de Maverick con tal de brindarnos un western que gravita en torno al mundo del póker, y que le viene como anillo al dedo a un clásico del género de acción como Richard Donner, quién narra con oficio y soltura las andanzas del cómico personaje principal al que da vida un acertado Mel Gibson, el cual repartirá cartel con Jodie Foster, James Garner y James Coburn, conformando así un auténtico lujo de reparto que atina en sus simpáticas interpretaciones. 

Film cargado de humor, buenos diálogos y  una verborrea desenfrenada (por parte de Maverick), que destila total complicidad con las desventuras aquí narradas, al tiempo que nos encandila con tal peculiar affaire sentimental entre Foster y Gibson, para regalarnos una timba final de altos vuelos, acompañada de un par de giros últimos del todo logrados que suponen el colofón a tan agraciada historia.

7/10

‘La gran evasión’. Atípica, densa, mítica.

Una película anclada en el pasado, de donde ella viene. Tiene otro ritmo, algo más clásico. Para gente como yo, de generaciones posteriores, su visionado puede resultar ciertamente tedioso (evadiéndose más de uno). Debo reconocer que por momentos se atranca. Mi mente, mis ojos, mi cuerpo, piden algo más de ritmo, acostumbrado como estoy a los vertiginosos volantazos del cine comercial de nuestros días. No obstante, me entra la morriña por ese cine, paradójicamente, que no conocí. Un tipo de cine en el que lo que realmente importaba era la historia que contar. Una historia sencilla pero cautivadora.

Un campo de concentración nazi. Oficiales de aviación británicos y estadounidenses recluidos. El relato de una fuga. La obstinación de McQueen. El mando del Coronel. La claustrofobia de Bronson. La asfixia del escocés. El dolor del falsificador por sus ojos. La solidaridad del proveedor. Y tantas otras situaciones. Un magistral retrato de cada personaje. Con pasos parsimoniosos y minuciosos va avanzando el film. Lentamente, sí. Pero, pese a ello, uno no pierde jamás el interés por lo que está viendo, acogiéndose a ese ritmo que va de menos a más, implicándonos poco a poco en esa evasión que va gestándose en las mentes de esos soldados tan ilusionados por la palabra libertad. Varias escenas para la posteridad, una BSO tan mítica como la de Elmer Bernstein, una fotografía encandiladora, una comicidad tan cómplice para el espectador, un guión sumamente elaborado, una dirección de categoría clásica como es la de John Sturges y un final (los últimos 50 minutos) majestuoso. En pocas palabras, un film imborrable.