Qué decir sobre… «The departed» (2006)

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Dirección: Martin Scorsese
Guion: William Mohanan (Alan Mak, Felix Chong)
Fotografía: Michael Ballhaus
Música: Howard Shore
Montaje: Thelma Schoonmaker
Dirección artística: Teresa Carriker-Thayer
Reparto: Leonardo DiCaprio, Jack Nicholson, Matt Damon, Mark Wahlberg, Vera Farmiga, Alec Baldwin, Martin Sheen, Ray Winstone
Premios: Oscar 2006 (4: Mejor película, director, guion adaptado y montaje), Globo de Oro 2006 (Mejor director) 

El hecho de que un maestro del cine como Martin Scorsese no tuviera ninguna estatuilla hasta llegar a The departed pone en evidencia dos cosas. Una, los premios no siempre reconocen a los mejores. Dos, Infiltrados está ciertamente sobrevalorada. Esta no es la mejor película de Scorsese, ni mucho menos. De hecho, tampoco fue la mejor película del año 2006 (recordemos que andaba Babel por allí). Y no, por supuesto que no es una obra maestra al estilo Goodfellas (1990).

Dicho esto, podemos caer en el equívoco de pensar que estamos ante una obra menor: pues no. La película que aquí nos ocupa es una absoluta delicia. Sería el pico más alto en la filmografía de muchos cineastas. Y aun tratándose de un remake, lo cual resta valor al acto de creatividad en sí, conviene resaltar que el guion de William Monahan por intrincado, persuasivo y eficaz, es un espectáculo grandioso. Non serviam se dice a comienzos del film, citando a James Joyce. Mienten como bellacos, claro está, pues aquí todos (recalco, todos) sirven a alguien: a la policía estatal de Massachusetts, al FBI o al capo local. Qué más nos dará.

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El “partido” presentado es ágil y vibrante. En el camino nos encontramos con una retahíla de frases memorables, objeto de colección. El montaje, por su parte, aligera la difícil tarea de cuadrar todos los elementos de la narración. Una narración que nos deja boquiabiertos durante buena parte de su metraje (y eso que hablamos de 150 minutos). Adictiva y trepidante, así es esta cinta. Y sí, el reparto es una de las bazas principales de esta producción. Uno no tiene otra opción que rendirse ante el recital brindado -otro más- por Leonardo DiCaprio (inimaginable que no estuviese nominado por esta interpretación); Matt Damon es frío como el hielo; Jack Nicholson es Jack Nicholson, y Mark Wahlberg está sensacional en su temperamental personaje.   

Nueva York, Las Vegas y… Boston. El cineasta, Martin Scorsese, vuelve a maravillar con un género que tanto (y tan bien) domina. Añade una nueva ciudad a su colección de paisajes gangsteriles. Los callejones más oscuros y mugrientos del Boston irlandés serán el escenario idóneo para tejer una historia tan poderosa como memorable. Policías y criminales para que el binomio Scorsese-DiCaprio, una vez más, vuelva a cautivarnos. 

Votación | 4/5

‘A few good men’. Puro oficio.

few_good_men_ver2_xlgGuión de Aaron Sorkin, atención. Palabras mayores. De hecho, es la primera aparición del reputado guionista en Hollywood. Debutaba, por tanto, con esta intriga judicial, A few good men, enclavada en el corazón del ejército americano, destapando a través de una potente defensa legal (la realizada por el trío Tom Cruise, Demi Moore y Kevin Pollak) las tradiciones y costumbres llevadas a cabo en el cuerpo militar estadounidense.

La titánica lucha entre Tom Cruise y Jack Nicholson no tiene desperdicio. Ambos son hombres con carácter, fieles a sus ideas y aferrados a un particular modo de entender la vida. Total, que ambos asumen las consecuencias de sus actos. Y eso lo plasma a la perfección Rob Reiner. Los personajes, en suma, están perfectamente pulidos, pues no podía ser menos sabiendo que Sorkin, como ya hemos dicho, anda por ahí, en labores de escritura. Y entre todos esos personajes, a pesar de las merecidas flores que recibió el grandioso Jack Nicholson, destacaría a la estoica Demi Moore.

El juicio final es el pilar sobre el que reposa toda la historia. Buenas interpretaciones, un sólido guión, una correcta factura técnica y una notable dirección para narrar una de las mejores historias judiciales, hablando de cine, de los años noventa. Recomendable.

7.5/10  

 

‘One flew over the cuckoo’s nest’. Anhelo de libertad.

Alguien_volo_sobre_el_nido_del_cuco-597249235-largeEn 1975 se estrenaba una de las películas más emblemáticas de la historia del cine. Su título, tan largo como metafórico, era el de “Alguien voló sobre el nido del cuco”. Su historia, tan poderosa y emotiva, era capaz de conquistar, además del aplauso del gran público, los cinco Oscar más importantes -película, director, actor, actriz y guión – de su correspondiente edición.

El nombre de McMurphy no es cualquier cosa. Es Jack Nicholson en estado puro, dando éste un absoluto recital interpretativo. Tampoco es cualquier cosa el nombre de la enfermera Ratched, representada magistralmente por Louise Fletcher. Ambos conforman uno de los duelos más cruentos que se haya dado jamás. Es la anarquía frente al orden, el libre albedrío frente a la rectitud, la espontánea calidez frente al frío acero. Y a todo esto, ¿dónde queda la cordura?

Tanto Bo Goldman como Lawrence Hauben elaboran un guión en el que los personajes quedan perfectamente pulidos. El duelo de gigantes queda complementado por una galería de secundarios deslumbrante en la que destaca, gusto personal, un Brad Dourif (Billy en la película) descomunal. Todo ello queda envuelto entre las paredes de un centro psiquiátrico, cuyos métodos terapéuticos estarán en el punto de mira de la afilada crítica de esta narración.

Este emotivo vuelo, deberán esperar al final para saber quién lo protagoniza, ha conseguido arrebatar a más de uno un llanto de emoción. El talentoso Milos Forman consigue transmitir, de un modo tan cercano, ese anhelo por la libertad, esa lucha por dejar de vivir enjaulado.

9/10 

‘As good as it gets’. Fabulosa.

mejor-imposible-subtitulada-poster-en-alta-resolucion-hd-greg-kinnear-cuba-gooding-jr-harold-ramis-smallCuando uno observa por primera vez la obra “Nighthawks” del maestro Edward Hopper, queda cautivo. Es difícil que no se le quede guardada en la retina para el resto de sus días. Es un momento único, especial. Descubrir el arte. Por eso, cuando te da por ver ‘Mejor… imposible’ (1997), no tardas en cerciorarte de la sintonía que existe entre los personajes de la pintura y los de esta película. 

Son tres los pilares sobre los que se asienta la historia de James L. Brooks. Tres personajes magníficos. Los nombres de quienes los interpretan son, cuidado, esplendorosos: Jack Nicholson, Helen Hunt y Greg Kinnear. Palabras mayores. El auténtico coloso porta el nombra de Melvin, escritor de éxito reconocido. Un tipo, en cambio, triste y solitario. Rozando la misantropía, su enfermedad mental tan sólo le permite ser feliz satisfaciendo muchas de sus manías compulsivas, gozando, entre otras cosas, frente a la desgracia ajena. 

Una madre coraje, camarera de profesión. Y un artista que pronto verá su vida sucumbir son los otros dos que completan el cartel. Todos quedan relacionados por las singularidades del personaje de Nicholson. Déjense llevar, en definitiva, por esta excéntrica y redentora comedia. Imposible no sucumbir ante los encantos de Helen Hunt y Jack Nicholson. Magnífica. Graciosa. Vitalista.

8/10 

‘About Schmidt’. Triste solitario.

Jack Nicholson es Warren Schmidt. Su vida pronto será un cúmulo de despropósitos. Veamos: un estajanovista jubilado; un corazón marchito; una hija perdida entre la geografía estadounidense; un yerno patán y odiado; una infidelidad inoportuna e hiriente; un viaje a los orígenes del todo desmitificador; una familia política “peculiar”; y una boda indeseada a más no poder. Todo quedará relatado a través de las cartas en las que Schmidt se sincerará con Ngugu, un niño de Tanzania recién apadrinado y, al parecer, única persona, allá en la lejanía, que lo comprende.

Película pequeña, en el buen sentido de la palabra. El sentimentalismo costumbrista de Alexander Payne arrecia para brindarnos un relato del todo melancólico, nostálgico y profundamente triste. Es el pozo de la depresión. Pero el buen cineasta sabe combinar los tiempos, alegrándonos la velada de tanto en tanto con ese toque optimista, con esa gracia espontánea que tan bien maneja, dando como resultado una historia tan tierna como dolorosa.

Apenas hay felicidad para un hombre que se siente sólo, perdido y desorientado. Es Warren Schmidt, y esta es su historia.

7.5/10 

‘The shining’. Terror.

Inquietante historia de Stanley Kubrick que conseguía aterrorizarnos a través de una de las vías, habidas y por haber, más espeluznantes que podía emplear: la familia. ¿Alguien imagina a su padre deseoso de descuartizar a uno mismo con sus propias manos? Mejor no, ¿verdad?.

Esa idea era la punta del iceberg en el film del maestro. Detrás, eso sí, se escondía una fantástica historia de espíritus malignos, dones telepáticos y sangrientas leyendas que merodeaban en los alrededores del famoso y mítico Hotel Overlook.

La potencia visual de Kubrick, más de una (y dos) escenas para la posteridad, conseguía meternos de lleno en la paranoica, escalofriante, angustiosa y claustrofóbica historia que aquí nos tenía preparado. Se servía también de una banda sonora del todo truculenta e inquietante, esto es, el acompañamiento ideal para el plato principal, además de unas interpretaciones brindadas en auténtico estado de gracia por el trío protagonista. A este respecto, destacar el genial papel de Shelley Duvall, quien muta increíblemente desde la sumisión al horror total. Sin olvidarnos del mítico papel de Jack Nicholson, quien, la verdad, consigue acojonarnos a través de una cosa tan fácil como es la de poner cara de desquiciado absoluto. Vamos, que todo (lo aquí nombrado y lo que no, por ejemplo la fotografía de John Alcott) es un lujo en ‘The shining’.

En definitiva, pasen y vean. Esto es cátedra de terror en estado puro, exprimiendo ésta la receta que combina el mundo “natural” (papá, mamá e hijito) con el paranormal (espíritus y leyendas), guiado todo por la mano de Dios, digo de Kubrick, quien emplea los mil y un recursos técnicos , ésos que él mejor que nadie sabía utilizar, para deleite de los frikis (los hay, y son muchos) y de nuestros ojos, dando como resultado una escalofriante historia que aterrorizó, aterroriza y aterrorizará la cocotera de más de uno.

9/10

Spoiler

El Hotel Overlook se construyó previa matanza. Esto es, buena parte de la población indígena que habitaba en las montañas de Colorado se opuso a la construcción del hotel porque, básicamente, iba a ir asentado encima de uno de sus cementarios. Sacrilegio total.

Doy por hecho que esto quedó estigmatizado entre las paredes y habitaciones del hotel, pues en cada rincón se percibía la esencia maligna y primigenia que reposaba en aquel ingrato lugar. Por tanto, era imposible que los huéspedes de tal sitio tuvieran una velada tranquila y confortable, como si los espíritus indígenas buscaran una venganza eterna.

Ya se lo predijo el cocinero al muchacho, sabiendo el primero que este segundo poseía su mismo don: el resplandor. Esto no era más que una habilidad telepática que permitía percibir sensaciones que el resto de los mortales no conseguían sentir. Sin embargo, estando en el Hotel Orverlook, esto se convertía en una auténtica desventaja.

El infierno (baños de sangre, carnicerías, muchachas descuartizadas, la habitación 237) que azota al muchacho, lleno de maldad, horror e ira, le inquieta. Le inquieta tanto que se vuelve asustadizo, deseoso de salir de allí. Su padre, Jack Torrance, sin entender todavía muy bien por qué, también será atrapado por las redes espirituales que allí perviven, con la diferencia, respecto a su hijo, que a él le gusta lo que percibe. Se siente cómodo entre aquéllos horrores, refugiándose así de la soledad, aislamiento y claustrofobia que están volviéndolo loco. Ente mitad de ambos, se encuentra la esposa. ¿Qué hacer? ¿Qué le sucede a su hijo? ¿Han sido las fechorías del padre, o los temibles espíritus, el leitmotiv para su horror? El caso es que ella está del lado de su hijo, tratando de evadir el espíritu maligno del hotel, ése que a ultimísima hora ya percibirá de un modo pleno, aterrorizándola más aún si cabe que la figura de su desquiciado esposo.

El resto es conocido por todos. La lucha entre el bien y el mal, dada dentro de una familia estándar. Esquivar a los maléficos espíritus, como buscan hacer madre e hijo, o caminar devótamente hacia ellos, como hace el padre. Inquietante.

¿La foto final? Puese como Kubrick deja el final abierto, cada uno que lo entienda a su modo. Yo me apunto a la teoría de que la imagen nos transmite la esencia del mal. Es decir, todos los ahí reunidos, incluidos Jack Torrance, han sido cautivos del mal desde que el hotel fue construido. Es la maligna herencia espiritual, transmitida de unos a otros.  Primero fue Delbert Grady y su familia. Ahora le tocaba a Jack Torrance. Pero seguro que antes de éllos hubo alguien más. No es posible escapar del mal, como parece decirle, en la mítica escena del baño, Grady a Torrance cuando le recuerda aquello de “tu siempre has estado aquí“. No creo que se refiriese a Jack como padre de familia, sino a Jack carcomido por el mal. Un mal que, efectivamente, siempre ha estado allí.  

‘Easy rider’. Un pasote de primera.

El Capitán América lanzó el reloj. Ya no quería ataduras, ni prisas. Estamos en las proximerías del 68. Se marchaba, juntamente con Billy, camino hacia la libertad. Y lo hacían en sus dos choppers, cargadas de gasolina y dinero manchado de farlopa. Por delante tenían un camino de asfalto en el que saborear el aire que colisiona en tu cara, disfrutando del paisaje, durmiendo en los desiertos del medio oeste estadounidense, soñando con el martes de carnaval de New Orleans y el retiro en las playas de Florida.

Un ranchero católico, un hippie y su utópica comuna, una cárcel compartida con Jack Nicholson, una taberna cargada de pueblerinos conservadores, New Orleans, el cementerio y las dos putas. Dos cuerpos ensangrentado en el asfalto. Todo a golpe de una BSO sensacional, rock sesentero del bueno, y de una fotografía cautivadora. No olviden el alcohol, la maría y el LSD. Tampoco el destino final de todos esos pecadores, el de “si Dios no existiera habría que crearlo”.

Retazos, todos ellos, de una obra plenamente lírica. Dennis Hopper y Peter Fonda nos han regalado una visión muy poética del pasote general que se pegaron por aquellos años los niños de papá de medio mundo occidental. De sueños y grandes acciones que se ahogaron entre drogas y esloganes bienintencionados.