‘As good as it gets’. Fabulosa.

mejor-imposible-subtitulada-poster-en-alta-resolucion-hd-greg-kinnear-cuba-gooding-jr-harold-ramis-smallCuando uno observa por primera vez la obra “Nighthawks” del maestro Edward Hopper, queda cautivo. Es difícil que no se le quede guardada en la retina para el resto de sus días. Es un momento único, especial. Descubrir el arte. Por eso, cuando te da por ver ‘Mejor… imposible’ (1997), no tardas en cerciorarte de la sintonía que existe entre los personajes de la pintura y los de esta película. 

Son tres los pilares sobre los que se asienta la historia de James L. Brooks. Tres personajes magníficos. Los nombres de quienes los interpretan son, cuidado, esplendorosos: Jack Nicholson, Helen Hunt y Greg Kinnear. Palabras mayores. El auténtico coloso porta el nombra de Melvin, escritor de éxito reconocido. Un tipo, en cambio, triste y solitario. Rozando la misantropía, su enfermedad mental tan sólo le permite ser feliz satisfaciendo muchas de sus manías compulsivas, gozando, entre otras cosas, frente a la desgracia ajena. 

Una madre coraje, camarera de profesión. Y un artista que pronto verá su vida sucumbir son los otros dos que completan el cartel. Todos quedan relacionados por las singularidades del personaje de Nicholson. Déjense llevar, en definitiva, por esta excéntrica y redentora comedia. Imposible no sucumbir ante los encantos de Helen Hunt y Jack Nicholson. Magnífica. Graciosa. Vitalista.

8/10 

‘The sessions’. Amor, sexo, poemas y confesiones con el sacerdote.

The-Sessions-posterMark O’Brien es un tipo que a sus 38 años de edad ha decidido perder la virginidad. Le importa poco el hecho de ser tetrapléjico, o el detalle de no poder respirar más de tres horas por cuenta propia. “A vivir que son dos días”, se dice a sí mismo este carismático hombre. Ahí, tal como suena, radica el motor de combustión de esta vitalista historia que se sube, en cierto modo, a la ola impulsada por ‘Intouchables’ (2011).   

Nadie duda de que estamos ante una buena película que posee carisma, ilusión y sentimiento a raudales, pero a la que le falta cierta ambición. Pese a contener grandes momentos y acertados diálogos, el guión de Ben Lewin no consigue atravesar la superficie y pulir una obra plena. Quizás tampoco era ese el objetivo marcado. Quizás la línea a seguir era elaborar una sencilla historia que merecía tanto ser contada como escuchada.

El verdadero pilar de la cinta es John Hawkes, actor predilecto desde que lo conociera en ‘Winter’s bone’ (2010), al interpretar a ese tipo que un buen día decidió echarle un pulso a la vida. No conviene desdeñar, sin embargo, a titanes de la interpretación como Helen Hunt o William H. Macy. En fin: amor, sexo, poemas y confesiones con el sacerdote, ahí reside la clave de bóveda de esta optimista historia.

7.5/10 

‘The curse of the jade scorpion’. Disparatado divertimento.

A Woody Allen le debemos mucho. Asocio su nombre con un género concreto, la comedia. Es un seguro de vida moviéndose por esas lindes. Aunque haya demostrado con creces que es un maestro en el tejido de historias con un mayor calado dramático, véase, por ejemplo, la magistral ‘Match point’ (2005), el legado del Woody cómico será sempiterno.

En su cita anual con su público, allá por el 2001, el polifacético neoyorquino nos brindaba esta mágica comedia de título tan inspirado: ‘La maldición del escorpión de jade’. El protagonista era interpretado por él mismo, encarnando a un detective de una agencia de seguros al que la vida le iba de fábula hasta que conoció, en plena ola de racionalización (sí, allá por los 40 ya se usaba el término), a una nueva compañera/superior, Betty Ann Fitzgerald, interpretada por una actriz a la que uno ve menos de lo que desearía en la gran pantalla, la brillante Helen Hunt. A ellos se les unían, en labores de reparto, uno de los cazafantamas más carismáticos de los ochenta, el bueno de Dan Aykroyd, y la sensual Charlize Theron. 

¿La historia? Enredos a tutiplén, marca de la casa, envueltos en un contexto maldito y ladronzuelo. Allen es un maestro diseñando circuitos sentimentales tan enrevesados como brillantes, disfrutando el espectador en tan volátil recorrido. Además, el perfil de los personajes es completo, gozando así con la caricatura y la desvergonzada actitud brindada a los mismos. A todo ello se le añaden unos diálogos chispeantes y alocados, junto con la mecha que enciende tan disparatado divertimento: una hipnosis en base a dos palabras (Constantinopla y Madagascar).

En fin, estamos ante un producto de calidad. Una obra que, sin ser maestra, atesora buen gusto por la comedia sana, consiguiendo transmitir esa cualidad tan escasa en la cartelera actual: la gracia espontánea. Un lujo.

7.5/10