Breathe in

Breathe-In-2013-Movie-PosterMe gustó mucho la anterior obra de Drake Doremus, Like crazy (2011). Era una película emotiva, diferente. Llegaba un momento, por tanto, delicado para el cineasta. Tras un éxito como aquel, a uno solo le quedan dos opciones: bien demuestra con su segunda cinta que aquello no fue flor de un día, bien se disuelve como un azucarillo.

Pues bien, me ha gustado Breathe in. El autor vuelve a diseccionar el mundo que rodea a los asuntos del corazón con una frescura y un toque personal muy agradecido de ver. Los diálogos entre el maduro y frustrado Guy Pearce y la joven y solitaria Felicity Jones consiguen envolvernos en ese torbellino sentimental y mar de dudas en el que se convierte la película. La figura del matrimonio burgués y la imprevisibilidad de la juventud son escenificados de una forma sentida: a ratos hiriente, a ratos efusiva; siempre humana.

Esta es una historia de personajes. De buenos personajes, diría yo. A Felicity Jones y Guy Pearce se les unen la colosal Amy Ryan y la desamparada Mackenzie Davis. El relato, en definitiva, suena creíble, lleno de matices, contagiándonos sutilmente los sinsabores que azotan a sus protagonistas. 

7.5/10 

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‘Lawless’. Cuestión de honor.

lawless-poster-hitfixForrest, Howard y Jack componen el núcleo duro de la familia Bondurant. Sobre ellos pesa una larga leyenda de inmortalidad, dureza y violencia que pronto deberá enfrentarse con la despótica figura de Charlie Rakes, el ayudante del fiscal. Olvidé mencionar que estamos en los tiempos de la Ley Seca, donde la corrupción, el contrabando y la sangre a borbotones se conjugaban para poder llenar de alcohol las copas vacías.

También olvidé decir que esto no es Chicago, ni siquiera Nueva York. Aquí estamos en Franklin County, un pequeño pueblo de tradiciones y lealtades cocidas a fuego lento. Es uno de esos lugares donde la llegada de un forastero no suele estar bien acogida, y menos si éste tan solo tiene la intención de monopolizar el ilegal negocio del whiskey casero.

Una encomiable labor la aquí realizada por John Hillcoat. No busquen la continuación de ‘Boardwalk empire’ en los fotogramas de esta película, porque no la encontrarán. Sí se toparán, en cambio, con una historia en la que el honor recorrerá los caminos que sean necesarios para ahuyentar a la servidumbre. En fin, buenos personajes, grandes interpretaciones (tenemos, por ejemplo, a Jessica Chastain en el cartel) y una notable historia con tal de amenizarnos la velada.

7/10

‘Ravenous’. Antropófagos.

No termino de entender porque Antonia Bird no ha tenido una larga y digna carrera cinematográfica. Reconocida admiradora del cine de Ken Loach, alcanzaba su culmen filmográfico con una historia que gravitaba en torno al mito del canibalismo. 

Siempre me ha gustado ‘Ravenous’. Tiene una historia muy bien elaborada que engatusa al espectador con ese viaje al siglo XIX, enclavando nuestra mirada en un fuerte perdido en mitad de las montañas californianas (sí, también tienen “su” Sierra Nevada). Sorprende desde el primer momento. El personaje de Guy Pearce, el capitán John Boyd, está muy bien pulido. La vomitiva atracción que dicho personaje siente por lo sanguinolento, terminará de explotar cuando conozca a Colqhoun, un sensacional Robert Carlyle, introduciéndonos en una espiral antropófaga, malévola y repugnante. La lucha entre el bien y el mal, entre la rectitud y la perversión quedará servida, y el espectador no podrá más que disfrutar con dicha batalla.     

En definitiva, vean Ravenous. No tiene desperdicio. Eso sí, no la cojan pensando que se toparán con una densa historia reflexiva acerca del canibalismo y sus quehaceres. A mí me gusta más verla como una historia que no ambiciona grandes propósitos, pero que consigue dar con la tecla exacta para que ese plato cargado de sangre, vísceras y huesos roídos sacie nuestro feroz apetito.

7.5/10 

‘Don’t be afraid of the dark’. Insulsa fantasía.

Vale, Troy Nixey ha conseguido rodar una cinta de terror fantástico que huye de lo soez, del cutrerío y la bazofia que tanto nos abruma en este género. Presenta una factura técnica intachable que nos transporta, por momentos, a ‘El orfanato’ (2007) o ‘El laberinto del fauno’ (2006). Intuyo que es debido a la alargada sombra de Guillermo del Toro en esta cinta. Además, cuenta con un par de actores de caché, el correcto Guy Pearce y la desaparecida Katie Holmes,  para mover, dentro de lo posible, la historia revisada que aquí nos atañe.

Lo malo de ‘Don’t be afraid of the dark’ viene de la mano de la insulsez. La trama argumental está estancada en todo momento. Los malévolos bichitos, habitantes subterráneos de la inquietante mansión, sólo nos aterran en un par de ocasiones. La hiriente soledad de la niña tampoco me carcome, y no capto la supuesta intensidad y emoción que debiera acompañar su oscuro deambular. El momento culmen del film, sin duda, es el prólogo.   

En definitiva, un producto que no aburre al personal pero que tampoco le hace disfrutar. Como cinta de terror es un absoluto fiasco. Tiene un pase, en todo caso, si la catalogas dentro del género fantástico.

5.5/10

‘L.A. Confidential’. Grande y oscura.

Curtis Hanson, en compañía de Brian Helgeland, alcanzó el culmen de su carrera cinematográfica con la cinta que aquí nos atañe, exprimiendo todo el jugo posible del interesantísimo material literario de James Ellroy. Si a ello le sumas una factura técnica escandalosa (qué gran ambientación), una historia grandiosa y un reparto de lujo garantizado (Guy Pearce, Russell Crowe, Kevin Spacey o Kim Basinger, entre otros), te da como resultado una auténtica obra maestra.

Thriller policíaco sumergido en los años 50, en la ciudad de Los Angeles, que lejos de buscar la imagen paradisíaca de la zona, se inmiscuye entre el fango y el lodo, sacando trapos sucios por doquier y mostrándonos la cruda realidad: una ciudad corrompida, al estilo de Sodoma y Gomorra, esperando que alguien haga llover sobre ella azufre y fuego con tal de purificar las almas errantes que allí cohabitan.

Puzzle completo, sin piezas sueltas. Después de presentarnos a la tríada de policías que protagonizarán el baile (el rudo Bud White; el farandulero Jack Vincennes; el honrado Edmund Exley) y de contextualizar un tanto dónde se desarrolla la trama argumentativa (pequeñas pinceladas del negocio del hampa, putas de lujo, prensa sensacionalista y policías corruptos), explotará esta a partir del asunto del Búho, con un crímen múltiple por esclarecer, pretexto ideal para dar paso al ya mencionado azufre y fuego que limpie la ciudad.

Es un lujo ver ‘L.A. Confidential’ (1997). Uno no se cansa de hacerlo, disfrutando con los secretitos que se esconden detrás de cada uno de los rincones de la ciudad, entre policías, jueces, fiscales y mafiosos. Obra maestra que está dentro del Club, además de formar parte de la gran cosecha del 97 (junto con Titanic, Will Hunting, Mejor imposible o Fully Monty). Pues eso, si todavía no lo han hecho, véanla.

9/10

Spoiler

El azufre y el fuego no llegó a L.A. de la manera que lo hizo en Sodoma y Gomorra. Se presentó la misma fórmula, pero con distinta presentación y nombre.

Dudley Smith cayó con todos los honores públicos (en lugar de haber sido satanizado) para no ensuciar la imagen de esa blanca ciudad.

¿El heredero al trono? El ambicioso Exley, que sin saber de modo exacto si alcanzará el nivel de corrupción de su antecesor, sí sabemos con certeza que de primeras ya entra al trapo con los tejemanejes y jueguecitos de los peces gordos al asumir el cargo y tragar con lo de Smith.

‘Memento’. Única.

Christopher Nolan sorprendía a propios y extraños con una original propuesta presentada al público en el año 2000 y titulada con el nombre de ‘Memento’. La cinta en sí supuso una bocanada de aire fresco principalmente debido a su particular montaje, con una puesta en escena diferenciada en dos grandes bloques (blanco y negro para el presente y la reflexión, color para la acción en sí), y esa original línea argumentativa (dentro de la vía color) que se encaminaba de adelante hacia atrás, siendo una pieza única dentro del panorama cinematográfico (así a grandes rasgos), convirtiéndose en objeto de pedantería para unos (oh! qué moderno es este Nolan!), en un simple absurdo para otros (vaya lío! no la entiendo!), o en una obra maestra (gran coherencia entre la historia y la forma de plasmar ésta) para gente como yo.

Un guión formidable el escrito por el cineasta firmante, asentado sobre la historia de su propio hermano, Jonathan Nolan, y que sugería una adictiva e hipnótica trama en la que el espectador sucumbía ante los atractivos de ese individuo (papelón de Guy Pearce) con sed de venganza por la muerte de su esposa. Puede que si el montaje fuese realizado de distinta forma, la cosa pareciera más sencilla. Y es cierto, aunque más que parecer sencilla, la historia perdería su sentido, principalmente porque Memento no es un film de suspense al uso. Es decir, no se trata de un macabro crimen y de esclarecerlo. Aquí, eso es lo de menos. La esencia no es otra que la confusión (y ella no se lograría de otra forma). Empaparse, desde el primer plano, de la vida de Lenny, de su particular forma de vivir. En coherencia con ello, con ese majestuoso guión, va estructurado el film, con un montaje tan singular y único que lanzó al estrellato, a la obra de culto, a Memento. Christopher Nolan ponía el dedo en la llaga de una novedosa manera, jugando al escondite entre asesinos y justicieros, entre fotografías, notas y tatuajes, pero sin salirse un ápice del tema principal: retratar (y de qué manera) esa terrible enfermedad y sus consecuencias.

Spoiler

Lenny aparece en la habitación de un mugroso motel. Tiene una particular enfermedad (cierta en la realidad) que le hace no guardar recuerdos más allá de los dos minutos anteriores al momento en cuestión que está viviendo. Sin embargo, sí puede recordar todo lo anterior al traumático acontecimiento que le hizo padecer la enfermedad. En su caso, ésta vino provocada por el asalto de dos tipos a su casa, los cuáles violaron y asesinaron a su mujer, y apalizaron a Lenny, dejando en él como huella imborrable tan padecida enfermedad.

Con esa idea, la búsqueda de John G., el presunto asesino de su esposa, se convierte en el motor del film. Lenny se mueve en su búsqueda. Con su particular ritual para no perder el orden, ese surgido como antítesis a Sammy Jenkins, un tipo con la misma enfermedad que no logró habituarse a ella. Sin embargo, todo lo retratado hasta ese momento se viene abajo en el momento en que se desvela el misterio, la verdad: Su esposa no falleció aquella noche. Él la mató por las inyecciones de insulina (la historia de Sammy se entrelaza con la de Lenny). A partir de ahí, se creó su desconcertante mundo, ese nacido por la desasogante y aterradora enfermedad. Un mundo en el que asesinar a varios pares de John G. no supone problema alguno, porque al fin y al cabo no recuerdas al anterior. Un mundo en el que gente como Natalie o Teddy no son más que peones de un juego macabro, gente que se aprovecha (o se perjudica) relacionándose con un desvalido como Lenny. Un mundo en el que uno no llega a saber porqué corre, o porqué conduce tal coche, o porqué está en tal sitio. En fin, una soberana lección de cine.

‘The hurt locker’. Terror en Bagdad.

‘The hurt locker’ es un viaje amargo y áspero al corazón del conflicto. Un relato del agobio y asfixia que se vive en el día a día dentro de las cabezas y el cuerpo de los militares estadoudinenses. No hay detrás de la acción ningún discurso que argumente el porqué del sentido de la guerra, no van por ahí los tiros. Simplemente escenifica, dentro del bando de USA, eso sí, la locura, tensión y el miedo de saber que estás jugando a vida o muerte.

Acojona ponerse en el pellejo de esos artificieros. Pensar en esa emboscada en el desierto. O en la multitud de ojos enemigos aniquilándote sólo con la mirada. Sin embargo, Bigelow ha sido demasiado superficial. La película sólo aporta agonía diaria. No hay nada más detrás de ella. Se sitúa entre el desquicio psicológico de Jarhead y el realismo militar de Black hawk down. Es decir, no aporta nada nuevo al género. Es, cómo se cita desde el inicio, un chute de adrenalina en estado puro, sin más. En consecuencia, la película gana cuando hay acción y pierde, bastante, cuando desciende por los quebraderos morales de sus personajes. No tiene alma de gran película.