‘The newsroom’. La trastienda de la televisión.

newsroom_xxlgTodavía no he terminado de ver la primera temporada de ‘The newsroom’, pues apenas llevo siete episodios de la misma, y ya sé que estoy frente a una obra maestra. Es Aaron Sorkin de nuevo, demostrando una y otra vez a todos que su mordaz escritura sigue en plena forma.

HBO tuvo un ojo clínico cuando decidió apostar por este proyecto. El día a día en la trastienda de un informativo televisivo de noticias estadounidenses es la clave de bóveda de una serie, ‘The newsroom’, que derrocha calidad, estilo y personalidad. Sin duda, el reputado guionista (y creador) de la misma tiene la forma más astuta, brillante y elocuente de retratar a la actual sociedad estadounidense, empapando al relato con el punto crítico que siempre debe acompañar a temas de actualidad política, económica y social. 

La inteligencia de Sorkin, escudada por su marcado espíritu liberal, despliega una mordaz crítica que no deja títere con cabeza, encontrando, además, en Jeff Daniels al socio perfecto para humanizar toda su genialidad. Los dilemas personales y enredos sentimentales tampoco faltarán, pues son el complemento indispensable en toda historia digna de ser contada.

Una combinación magistral, en definitiva. Un relato veraz, actual y endiablado sobre el universo que rodea a las televisiones de primer nivel. Es decir, el cuarto poder puesto a disposición de Sorkin. Cada episodio es una obra de arte. Una nueva joya, y ya van unas cuantas, de la cadena HBO.

9/10 

‘Hollywood ending’. Endiablada sátira.

Esta es la historia ficticia de un director de cine acabado, cual Peter Bogdanovich (en tono real). Poseedor de dos Oscar al mejor director, las estatuillas cogen polvo en un cajón de sastre mientras el antaño esplendoroso cineasta rueda spots televisivos para llegar a fin de mes. Sin embargo, la fortuna está a punto de sonreírle. Su ex, una actriz que le abandonó por un adinerado productor, ha pensado en él para dirigir la última obra producida por su marido. Sin nada que perder, y con una aguda hipocondría a sus espaldas, el susodicho director, cual Michael Cimino, aceptará el cargo.  

Woody Allen satiriza el mundo que envuelve a la gran industria cinematográfica enclavada en los cálidos parajes californianos. La historia se torna tan redundante como divertida. Toda película del maestro neoyorquino posee algún momento formidable, plasmado en verdadero estado de gracia. ‘Un final made in Hollywood’ no podía ser menos. No obstante, uno sonríe más que ríe con esta película. Le noto cierta falta de chispa, cierta irregularidad. 

En cualquier caso, el maestro Allen no requiere de carta de presentación. Aún siendo una de sus obras menores, si les gusta (intuyo que sí) el peculiar gusto por la comedia del cineasta, no lo duden y láncense a disfrutar con esta película. El polifacético autor no se anda con rodeos, cachondeándose de compañeros, amigos, enemigos y hasta de sí mismo. 

7/10

‘Supersalidos’. Qué tiempos aquellos.

Dos chavales están a punto de finalizar su período por el high school. Con la graduación en el bolsillo y un futuro universitario por delante, ahora sólo les queda una cosa relativamente importante: cepillarse a alguna chavalilla antes de poner tierra de por medio con todo ese mundo. Sin embargo, la cosa no será nada fácil, pues tanto Evan como Seth (por no hablar de Fogell) están en las antípodas del estrellato social. Es más, los pobres todavía no saben si quiera lo que es una fiesta estudiantil.

El film es un viaje directo de vuelta a la adolescencia. Cuenta, para ello, con un guión agilísimo (qué grandes diálogos), chispeante (tiene momentos del todo alocados) y terriblemente nostálgico. Conviene recordar que detrás de la máscara de film soez que le puso el marketing a modo de cebo (los chavales acudirían más al cine si en el trailer veían tías cachondas y escuchaban la palabra “polla” diecisiete veces), se esconde una película seria y calibrada (vale, por momentos sí es soez en su lenguaje… pero, ¿qué queréis?) que habla sobre la adolescencia. Es decir, habla sobre el valor de la amistad (muy buena la recreación de esa amistad entre los dos protagonistas). Habla sobre el instituto y sus entresijos (ser o no popular, he ahí la cuestión). Habla sobre las chicas, sobre cómo ligarlas, sobre cómo uno sueña con ellas. Y si tienes amigos, estás en época de instituto y buscas chicas, lo lógico es que el film también hable de las fiestas. Bueno, de la fiesta. Porque, al fin y al cabo, a esas edades una fiesta podía suponer toda una aventura, pero también toda una forma de vida (pues gravitaban en torno a ella gran parte de tus preocupaciones e inquietudes).

‘Supersalidos’ es un periplo por el mundo y ambiente juvenil. Es un canto lleno de nostalgia por aquellos años de tu vida. Es una joya que confirma a Greg Mottola como el nuevo John Hughes de nuestro tiempo, después de haber parido las sensacionales ‘Adventureland’ (2009) y la propia ‘Supersalidos’ (2007). Aunque conviene aclarar que a diferencia de aquélla, en ésta no es él quien se encuentra en las labores de guión (ese trabajo corresponde a Seth Rogen y Evan Goldberg). Curioso que los personajes del film y los dos guionistas se llamen de la misma forma. Eso me suena a relato “autobiográfico”. Un relato realmente conseguido, pues en el fondo (a diferencia de otras películas de corte similar) todo en ella suena a verdadero. Esa es su gran virtud: retratar la adolescencia desde la sinceridad, desde la morriña por aquellos tiempos.

Spoiler

Puede que el papel de los dos policías sea el claro reflejo de “la eterna adolescencia”. Gente que quedó anclada en ella. Los guionistas le han dando un puntito ácido a la idea insertando a estos tipos en el papel de hombre de la ley (un guiño muy gamberro).

Genial la relación entre Evan y Becca. Me la creo, suena a verdadera.

La adolescencia. En esencia, vendría reflejada en un carné falso de ciudadano mayor de edad de la isla de Hawai y de nombre McLovin. Ingenio puesto al servicio de la búsqueda de una botella de alcohol que tan sólo podría venir de la mente de un adolescente hipersalido.

Y la amistad a esas edades, la amistad de los dos protagonistas. También suena a verdadera. Ya lo creo que sí.

‘Adventureland’. Retrato generacional.

Cuando a James, recién graduado en el Insituto, con novia, aunque virgen, con un verano por delante en el que recorrer Europa, y una próxima carrera de Periodismo en Columbia, le digan sus padres que debe cambiar sus prometedores planes  y darse de frente con la realidad, olvidarse del viaje, olvidarse de su novia que le dejó y ponerse a currar en un parque de atracciones tan cochambroso como ruinoso, comenzará a sumergirse, para su desgracia, en la espiral de la derrota.

Entre atracciones, niños farragosos y adultos capullos, conocerá a un sinfín de personajes, de emergentes derrotados como él, entre los que aparecerá el amor de su vida, Em.

‘Adventureland’ habla del incipiente amor entre un chaval, James, que desea abalanzarse sobre los brazos de una chica, Em, a la que la vida había desorientado pero que, al fin, le ha puesto en su camino. Son historias comunes las de todos los chavales. Aventuras, como las de Em con Connell, noches de fiesta de verano en la piscina, inquietudes culturales y sexuales, que resolver con Joel o LisaP, borracheras y trastadas, todo con lo que finiquitar el paso por la adolescencia y encaminarse hacia la adultez, donde esperan otro tipo de menesteres, ya no encaminados a encontrar el camino, sino más bien a sobrevivir en él. Pero eso corresponde a otras películas. Ésta nos ha retratado la primera parte, y lo ha hecho a lo grande. Peliculón.