L’avventura (1960)

aventuraDirección: Michelangelo Antonioni
Guion: Michelangelo Antonioni / Tonino Guerra / Elio Bartolini
Producción: Cino del Duca P.C 
Fotografía: Aldo Scavarda
Montaje: Eraldo Da Roma
Música: Giovanni Fusco
Reparto: Gabriele Ferzetti/ Monica Vitti / Lea Massari / Dominique Blanchar
Duración: 143 min
País: Italia

Anna y Sandro son dos jóvenes enamorados que deciden pasar, al bordo de una pequeña embarcación y en compañía de unos amigos, unos días de tranquilidad en el mar. Ella, tras una discusión con él, desaparecerá en mitad de una pequeña isla. La tragedia que se adviene, el mar que ruge y el viento que habla. Es la imagen que todo lo muestra y que nada dice: las olas, el mar, el viento, las rocas escarpadas. La metáfora de la soledad de la isla. Qué sensación de frialdad, de inquietud tan bien pincelada. ¿Dónde está Anna? Pronto, Sandro, junto con Claudia, amiga de la desaparecida, recorrerá toda la Sicilia en busca de aquella. Es L’avventura de Michelangelo Antonioni comenzando a andar.

La espléndida fotografía en blanco y negro de Aldo Scavarda engalana una película en la que la atmósfera y el paisaje parecen hablar. Acompañan así a la psicología de los personajes, principalmente la de Claudia y Sandro, quienes representan una contradicción extraña y, hasta cierto punto, enfermiza: se han enamorado. ¿Cómo pueden enamorarse dos personas, el novio y la amiga de la desaparecida, cuando precisamente tratan de averiguar el paradero de esta? A Michelangelo Antonioni le importa poco dónde está Anna. Busca desentrañar el porqué de esa torpeza, de ese sinsentido. Claudia, temerosa en Lisca Bianca ante la ausencia de su amiga, teme ahora, rodeada entre el precioso barroco siciliano de Noto, el retorno de la misma. El guion, escrito por Tonino Guerra, Elio Bartolini y el propio director, tiene un punto de abstracción que Michelangelo Antonioni refleja maravillosamente a través de las imágenes y las situaciones. La tensión que existe entre los dos protagonistas es manifiesta, plasmada esta en un vacío pueblo, o en un acoso lascivo de decenas de hombres hacia Claudia. ¿Es posible el amor sin herida? Todo con la sombre triste de la muchacha desaparecida, esa por la que ya ni siquiera su padre, un tipo que nunca la quiso, pregunta.      

L’avventura supone la primera parte de la trilogía de Antonioni, bautizada esta como “la trilogía de la incomunicación”. También incluye una fuerte crítica a la burguesía, desplegada esta, primero en el yate y luego en la fiesta del hotel, con un punto de ridiculez y vacuidad, notas que caracterizan, por ejemplo, el día a día de Giulia y Corrado. La psicología de los personajes fluye a través de la desaprensión, de la frialdad de los hechos y de lo que cuesta decir un simple “te quiero”. Es el imperio de la negación, la frustración de los sentimientos y la errante búsqueda de cariño y amor. Una contradicción de las relaciones humanas perfectamente hilvanada: la utopía de no hacer daño a quien amas. 

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Qué decir sobre… «Hiroshima, mon amour» (1959)

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Dirección: Alan Resnais

Guión: Marguerite Duras

Fotografía: Sacha Vierny, Takahashi Michio 

Música: Georges Delerue, Giovanni Fusco

Montaje: Jasmine Chasney, Henri Colpi, Anne Sarraute 

Reparto: Emmanuelle Riva, Eiji Okada, Bernard Fresson 

Esta es una película de otra época. Una manera distinta de entender el cine. Todavía no han llegado los años sesenta cuando Alan Resnais nos relata una parsimoniosa historia llena de sentimiento. Si uno escarba debajo de la sutilidad que envuelve a esta narración, encontrará un paisaje conmovedor. 

Hiroshima, mon amour (1959) contiene, en esencia, un hermoso alegato antibélico a través del cual uno puede lamentar el lado cualitativo de la barbarie. El prólogo, de unos diez minutos de duración, roza el escalofrío. Las imágenes son duras, impactantes. En Hiroshima había personas (¡claro que las había!) en el momento de lanzar la bomba atómica. En Nevers había personas (¡claro que las había!) en el transcurso de la guerra. 

Un encuentro entre dos desconocidos, una joven actriz francesa y un atractivo arquitecto japonés. El romance fugaz entre ambos no solo hará explotar la pasión y el sentimiento, sino que también encenderá la llama del recuerdo. Un recuerdo pesaroso, mísero. También dulce. Un amor imposible, evocado ahora entre las calles y habitaciones de Hiroshima. Precioso el trabajo de Emmanuelle Riva en este sentido. Es la felicidad y tristeza del amor.

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8/10