‘The Bourne identity’. Espía en las tinieblas.

Tony Gilroy es la clave de bóveda de las peripecias que acompañan al misterioso agente Jason Bourne. Su nombre, estilo y firma aparecen consecutivamente en cada una de las cintas de la saga. En la primera, ‘The Bourne identity’ (2002), se entrega a labores de guión junto a William Blake Herron para dar consistencia a los personajes literarios ideados por Robert Ludlum, quienes serán plasmados bajo la dirección de un cineasta menor, Doug Liman. En la segunda entrega asume la total responsabilidad del guión, actuando en solitario y entregando tan preciada escritura a la potente narrativa visual de Paul Greengrass. Éste repite en la tercera entrega en el apartado de dirección, firmando el guión nuevamente Gilroy, ahora en compañía de los oficiosos Scott Z. Burns y George Nolfi.

Por tanto, entre unos y otros consiguen brindarnos una trilogía, ya extinguida desde el reciente estreno de ‘The Bourne legacy’, en la que el punto comercial y efectista no daña en absoluto la potente y dolorosa historia que acompaña al personaje de Jason Bourne. Podría decirse que esta saga ha rozado la perfección a la hora de combinar dos variables fundamentales como son la cantidad y la calidad. Hablamos de verdaderos blockblusters, con llegada a millones de espectadores, pero que esconde sutilmente una historia terrible, escalofriante. 

Inquieta ponerse en el pellejo de ese hombre que despierta aturdido en alta mar, sin saber muy bien quién es y de dónde proviene. El peligroso y violento viaje que emprenderá el desorientado protagonista en busca de conocer su pasado será el pretexto idóneo para que Gilroy y compañía nos muestren cuán putrefacto puede llegar a ser el mundo que rodea a la CIA y al espionaje estadounidense. De este modo, en las sucesivas entregas que componen esta saga iremos adentrándonos en parajes del todo escabrosos, sanguinolentos y perversos. Ahí reside la verdadera baza de Bourne, convirtiéndose en una velada crítica encaminada a destapar los asuntos sucios que envuelven a la política internacional actual.

En ‘The Bourne identity’, un tipo flota en la oscuridad nocturna del mar Mediterráneo. Rescatado por un grupo de pescadores, el hombre en cuestión presenta heridas de bala en su cuerpo y esconde entre sangre y carne azotada un chip que indica una misteriosa cuenta bancaria. Nosotros ya sabemos quién es, es Jason Bourne. Sin embargo, él no recuerda nada de su identidad. 

Se abre el telón en forma de intriga. El espectador se vuelca con el esclarecimiento del misterio. ¿Quién será? ¿Qué le habrá sucedido? El Programa Treadstone y la sombra de un líder africano actuarán como acicates de una trama vibrante, narrada con pulso y nervio por Doug Liman y sustentada en una brillante actuación de Matt Damon. Pasen y vean, se adentrarán así en los recónditos lugares del espionaje contemporáneo. Notable.

7.5/10  

‘Anatomie’. Bisturí y fiambres.

En una ciudad pintoresca, Heidelberg, situada junto a un río precioso, con un centro histórico digno de visitar, se celebra uno de los mejores cursos de medicina. Allí se reúne la crème de la crème de la anatomía alemana. No hablo de Claudia Schiffer, sino de los futuros forenses alemanes, la élite estudiantil en dicha especialidad. Franka Potente, siguiendo los pasos de su abuelo, un brillante médico, acudirá con toda su ilusión a este curso de verano, pero pronto se dará cuenta de que los fiambres con los que trata le son conocidos.

‘Anatomia’ es una producción alemana cuya dirección corre a cargo de Stefan Ruzowitsky (el tío que se llevó el Oscar de habla no inglesa por Los Falsificadores) y que combina en su historia un poco de intriga, algo de acción y una pizca de terror. Fiambres, sectas ocultas relacionadas con el nazismo, un par de psicópatas abriendo en canal a todo dios a golpe de bisturí y una Franka Potente muy testaruda empeñada en desmontarles el divertimento. Es un film sin altas pretensiones, pero que te entretiene la noche. Se deja ver, está por encima de la media dentro del género.

‘Lola rennt’. Caña al vacío.

Lola se despistó, y le robaron la moto. Había quedado con Manni, su novio, pero llegó tarde. Y todo se fue al garete. Al campeón, después de dar el palo haciendo de soldado, le robó un vagabundo, en el metro, 100.000 marcos. Está jodido, sabe que se lo cepillarán si no entrega el dinero. Le quedan veinte minutos ante de atracar el primer supermercado que se le ponga por delante. Pero antes, llamará a Lola, buscando en ella la esperanza y la salvación. Ella intentará no defraudarle, y correrá como nunca para luchar por su vida.

Es la primera película que he visto de Tom Tykwer. Antes ya había visionado un corto incluido dentro de ‘Paris je t’aime’. Aquel me pareció visualmente poderoso, pero vacuo y pretencioso a partes iguales. La cogí, esta peli, con la esperanza de que me borrará aquella idea que me había hecho del cineasta alemán. Pero no, todo lo contrario, la ha corroborado. Película cañera, que te mantiene la adrenalina por las nubes, visulamente potente, sí, pero que no esconde nada detrás de toda esa fachada de pretenciosidad. Hay tres historias seguidas, casi iguales, en las que cambian, únicamente, pequeños acontecimientos.

No sé si es una reflexión acerca de la importancia de lo minucioso en la vida, los grandes cambios finales que pueden darse por los pequeños detalles intermedios. Sin embargo, nada de ello encandila, no apasiona. Es cargante, pesada, repetitiva. Tykwer tiene madera de gran cineasta, sólo le queda contar historias que valgan realmente la pena, y no la primera capullada que se le pase por la mente.