‘The place beyond the pines’. Desolación.

place-beyond-the-pines-posterTras deslumbrar con la hiriente ‘Blue valentine’ (2010), Derek Cianfrance se atrevía con una ambiciosa obra, ‘The place beyond the pines’, cuyo extenso metraje ofrecía como resultado una narración irregular y descompensada.

La derrota es el tema principal de la película. Sinsabores que se prolongan a lo largo del tiempo, presentándose en las distintas generaciones. El paisaje queda pincelado, sobre todo, a través de la familia. Por tanto, asistimos a un drama familiar potente cuando aparecen en escena el tándem formado por Ryan Gosling y Eva Mendes, apoyándose aquél, a su vez, en las derivas emocionales de Bradley Cooper o en la introvertida vida de Dane DeHaan.   

‘Cruce de caminos’ contiene sentimiento puro, cierto. Le podemos achacar, sin embargo, la ausencia de naturalidad, sentir la historia más cercana, tal como sucedía en ‘Blue valentine’. Con todo, un relato lleno de amargura y desolación digno de ver.

7.5/10

‘Holy motors’. Extravagante y vacía.

Holy-Motors-PosterTenía en muy alta estima a Leos Carax. Le recordaba por dos cintas anteriores que, en cierta manera, me habían calado fuertemente. Una era ‘Mauvais sang’ (1986), de imponente narrativa y convincente historia. La otra, una absoluta maravilla. Las llaman obras maestras: hablo, por supuesto, de ‘Les amants du Pont-Neuf’ (1991), una historia de amor tan peculiar como emotiva. Del resto de su cine, ‘Boy meets girl’ (1984), ‘Pola X’ (1999) y ‘Tokyo!’ (2008), todavía no puedo pronunciarme.

El caso es que cogí ‘Holy motors’ con grandes expectativas… y no encontré lo que esperaba. No diré que es una película espantosa, pero tampoco rebatiré  a quien le plazca calificarla de tal manera. Igual que no me atreveré a cuestionar el poderío narrativo de Carax, pero sí la vacuidad con la que aquí trabaja. Resumiendo, ‘Holy motors’ me parece una obra exagerada, fuera de punto y totalmente deformada. Las características que antaño daban brillantez al cine del autor francés, ahora se tornan en un fin más que en un medio.

En definitiva, todavía no he captado la reflexión a la que pretendía incitarnos el bueno de Leos Carax a través de la polifacética existencia de su actor fetiche, Denis Lavant. Extravagante, tormentosa e irregular. Lo dicho, un Carax plenamente hiperbolizado.

4.5/10   

‘Out of time’. Una intriga tan estelar como decepcionante.

Así de primeras, la película de Carl Frankin me llama la atención. Leo la sinopsis y caigo rendido a sus pies, esperando contemplar un thriller con tintes sureños de apreciable calidad, donde la buena intriga vaya implícitamente integrada en su narración. Además, ver en el cartel los nombres de Denzel Washington y Eva Mendes también suponen un estímulo para darle al play.

Pronto se disipan las ilusiones de uno, pues las expectativas no se cumplen y la intriga termina por caer en la chabacanería derivada de situaciones irreales, facilonas y sin ingenio alguno en su elaboración. Lo que podía ser una notable cinta, se convierte rápidamente en una mediocre intriga comercial, tan fácil de engullir como de olvidar. De acuerdo, no aburre. ¡Faltaría más! Ni un atisbo de grandeza en su narración. Una desaprovechada historia sometida al lucimiento personal del bueno de Denzel Washington. Termina por estropearse del todo con el toque de sirope final.

En fin, si sus expectativas son mínimas y le exigen poco al género, puede que incluso les guste lo aquí presenciado. Para el resto, únicamente decir que ‘Out of time’ conjuga bien con las palomitas.

5.5/10

‘Last night’. Infieles.

Massy Tadjedin, en su prometedor debut detrás de las cámaras,  enclava su mirada en un joven matrimonio neoyorquino, Joanna y Michael Reed. Ella, de pronto, en una fiesta de la empresa de su marido, contemplará los ojos con los que él observa a una compañera de trabajo. Comienza así esta historia sobre celos, dilemas, sospechas y dudas. Una historia sobre infieles.

Película elegante. Posee un trabajo de fotografía estimable. La historia, en cambio, nos muestra el cuchillo, pero no acaba de punzarnos. Le achaco, pues, cierta frialdad, cierta distancia. No termina de empatizar con el espectador. Parece un tanto comedida, como si la sutileza fuera el fin en lugar del medio para abrasar nuestra atención. Los personajes están bien pulidos, y la relación entre Mendes y Worthington me parece que está conseguida. Sin embargo, me hastía un tanto el mar de dilemas que envuelven a Keira y su amigo el francés.

El juego de infidelidades aquí propuesto se queda a mitad camino. No sobrepasa los límites de la corrección. A ratos cautivador, a ratos espeso. La cursilería que desprende la noche de Canet y Knightley se come a la notable historia de Mendes y Worthington. Por tanto, el resultado es un tanto irregular.

6.5/10

‘Ghost rider’. Mala, malísima.

Otra adaptación más para la gran pantalla por parte de la Marvel. En esta ocasión, era el turno del motorista fantasma. El proyecto quedaba encabezado por Mark Steven Johnson, quien ya había decepcionado al público con ‘Daredevil’ (2003), y se situaba en el cartel, a modo de cebo, a un dúo popular: Nicolas Cage y Eva Mendes.

¿Virtudes? Se salva la factura técnica, con unos efectos especiales de diez. Sin embargo, tal bondad no logra superar la afrenta con una lista de defectos larga y extensa. Tan sólo expondré los más chirriantes. Para empezar, Nicolas Cage. Actorazo donde los haya, muy venido a menos por las operaciones de estética y por la contratación de a saber qué agente para seleccionar sus papeles. Luego, la historia. Floja, irregular. Tan efectista como descompensada. Cojea por todos los costados. En tercer puesto quedaría el idilio entre Cage y Mendes, de un cursi vergonzoso. Por último, el poco ingenio puesto en la elaboración de unos personajes tan planos, tan huecos, así como en los diálogos y distintas escenas.

En fin, mala. No hay mejor manera de definir esta bazofia comercial que, en esencia, es ‘Ghost rider’. 

3.5/10 

‘Training day’. Alonzo.

Esto es un paseo por la selva, por el corazón de la selva. Un paseo que se dará Jake, un policía novato de estupefacientes, que tiene, en su primer día de trabajo, como instructor a Alonzo, un hombre de la ley, por decirlo de alguna manera, peculiar. Pronto, el inocente y bonachón agente de policía descubrirá las oscuras rutinas de ese tipo que le instruirá durante las siguientes 24 horas.

El guión de David Ayer (acompañado por la dirección) te sumerge en la adrenalínica trama del film. ‘Training day’ es nervio puro. Un thriller trepidante que recorre a ritmo galopante los bajos fondos de una ciudad como Los Angeles. Te adentras en lo profundo de la selva, en barrios tan peligrosos como Imperial Courts. La dinámica diaria de los nigger se te impregna en la mente. También los tatuajes y las leyes de los chicanos. Sudoroso, te aterras ante tal infierno real, ante la pesadilla de imaginarte en una de esas calles. La ambientación es brutal.

La historia aunque sencilla en su fondo, tiene un planteamiento ciertamente peculiar. Su ritmo in crescendo te va cautivando (ya lo hace desde el primer plano) cada vez más. Su propuesta es original, pues tan sólo presenciamos un día en la vida de Jake Hoyt. En esencia, es de esas pelis que mete el dedo en la llaga y hurga a base de bien. Las corruptelas de la policía y la ética de uno mismo (como parte del cuerpo policial) se combinan con la delincuencia y el mundo de las bandas de zonas marginales. El resultado de todo ello no anda muy alejado de lo sanguinoliento, de lo violento. Aquí no hay moraleja, o si la hay, es violenta. La sangre y el fuego cruzado te podrán aliviar, podrán hacer justicia, pero la conciencia no descansará tranquila. Corrupción y ética nunca andaron de la mano.

Bien, hemos dicho que tiene un formidable guión, una trepidante dirección y una ambientación más que lograda. Pero si por algo me gusta tanto ‘Training day’ es por Alonzo, ese policía corrupto, traicionero, malvado y despiadado al que da vida un soberbio y magistral Denzel Washington. Es de largo lo mejor del film. Sus poses de chico duro, su desparpajo en la forma de tratar a las hienas de la ciudad, su verborrea manipuladora y chulesca. Borda el papel, sin duda. No lo hace mal tampoco Ethan Hawke, quién cumple con nota en su interpretación de policía bondadoso y honrado, contrapuesto totalmente al talante de Alonzo. Todo en ‘Training day’ es perfecto (incluso la sensual Eva Mendes), pero Denzel Washington se sitúa en un escalón por encima, al borde de la deidad. Gracias David Ayer por haber creado a Alonzo. Gracias Denzel por tan inolvidable interpretación. Recital.

‘La noche es nuestra’. Familia, mafia y James Gray.

La historia principal es el dilema que se cierne sobre un naúfrago del barrio, un magistral Joaquin Phoenix, metido de lleno en el mundo de la noche, toqueteando hilos con la mafia rusa. Pronto, su hermano y padre, también unos geniales Mark Wahlberg y Robert Duvall, le informarán de una operación de narcóticos en el local regentado por, el considerado hasta la fecha, oveja negra de la familia. Un chaval que sin explicitarlo en la pantalla, a uno le da la impresión de que pareció huir de su cotidianiedad familiar, de ese padre que le recuerda qué es lo que debe ser en la vida, y de un hermano que jamás tuvo inciativa, que siempre lo envidiará.  

‘La noche es nuestra’ es ya un clásico contemporáneo. Una de esas joyas que reluce una ambientación brutal, tanto del mundo nocturno como del policial (la comparativa en las primeras escenas es genial, con un local cargado de vicios y una familia rusa cálida como ninguna, y en el otro bando, un padre y hermano sermoneando al reo familiar en la inmensidad de una iglesia). James Gray vuelve a su terreno favorito, al conflicto familiar. A sus diatribas y luchas, a sus reflexiones, a sus retratos hirientes sobre individuos como Tim Roth o Joaquin Phoenix, ahogados por sus respectivas familias y, en cierto modo, por el contexto del barrio, siempre cargado de juegos peligrosos, de toqueteos con la mafia rusa. Hay bastantes reminiscencias con su ópera prima, ‘Little Odessa’, pues estamos, de nuevo, en el distrito de Brighton, en Brooklyn, contemplando un fresco tan tétrico, áspero y crudo, como absorvente para el espectador. También lo complementa con el conflicto sentimental con Eva Mendes. Es decir, James Gray vuelve a realizar un retrato sensacional sobre uno de esos anónimos del barrio que da mucho juego, marca de la casa. Película magistral.