Qué decir sobre… «Waking life» (2001)

Waking_Life-164464544-largePocos son los que dudan a estas alturas de la siguiente afirmación: Richard Linklater es un genio. Es difícil dudarlo, sobre todo si uno a visto la mejor historia romántica de los últimos tiempos, desplegada a través de una fabulosa trilogía compuesto por Before sunrise (1995), Before sunset (2004) y Before midnight (2013). Por cierto, los nueve años que hay entre película y película… no son casualidad. Además, se está anunciando, rodeada de un tsunami de críticas positivas abrumador, el inminente estreno de Boyhood (2014), otra película que seguro no pasará desapercibida.

En fin, a Linklater no le gusta el gris. Lo pone de manifiesto a través de esta rareza llamada Waking life. No es una obra mayor, ni mucho menos. Es una película estridente, compleja y ataviada de innumerables conversaciones filosóficas, principalmente. Además, contiene otro alarde de rareza: la película está filmada de un modo animado, pero los actores son de carne y hueso. Todo destila virtuosismo, pero también un punto de locura creativa.

El caso es que Waking life te asesta un golpe y termina por despertarte bruscamente. Lo hace de un modo extravagante. Y por el camino, conviene decirlo, me aburro con alguna que otra conversación. Prolífica labia y encanto visual para una de las películas más extrañas de la pasada década.   

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‘Brooklyn’s finest’. Querer y no poder.

Brooklyns Finest movie posterDifícil percibir la grandeza en esta película. Cierto es que el tándem que conformaron Ethan Hawke y Antoine Fuqua en ‘Training day’ (2001) repite aquí con distinta ciudad y personajes pero idéntica temática, guardando un gran parecido en el fondo de la historia. No es lo mismo, en cualquier caso. El culpable principal ya saben quién es: David Ayer. Su nombre no aparece aquí, en su lugar nos encontramos con un tal Michael C. Martin, guionista mediocre de profesión.

Se nota que éste conoce la melodía. Percibes que es un apasionado del género, que se ha empapado de los mejores relatos policíacos y gangsteriles que se hayan hecho jamás. Carece, en cambio, de la destreza para elaborar su propia partitura. ‘Brooklyn’s finest’ es una película sin alma. Lo es a pesar de contar con un gran reparto, en el que Richard Gere, Don Cheadle y el mentado Ethan Hawke salvan del hundimiento absoluto a un guión lleno de flaquezas. 

Tres policías, tres historias que contar. El director, Antoine Fuqua, aporta más rutina que empuje (raro en él) en tal cometido. Todo avanza de un modo gris, sin brillo ni emoción. Le falta vigor, fuerza y sentimiento a este relato. Ni él mismo cree en sus posibilidades. Un total desperdicio, en definitiva, que engrosa esa lista de películas que, sobre el papel, daban para mucho más.

6/10 

‘Before midnight’. Romance en el sur del Peloponeso.

Antes_del_anochecer-553664687-largeRichard Linklater, Julie Delpy y Ethan Hawke lo han vuelto a hacer. En ‘Before midnight’ vuelven los inolvidables paseos, las interminables charlas y la cascada de sentimientos a flor de piel. Ahora todo ello queda envuelto en torno a reuniones amigables, ensaladas, olivos y feta. Las ruinas, los pequeños pueblos, el encanto del mediterráneo y la tradición de las tragedias griegas ejercen de marco idóneo para presenciar un nuevo capítulo de una de las trilogías más emblemáticas dentro del género romántico.   

Si en Viena nació el romance, y en París asistíamos al reencuentro del mismo, ahora, en el sur del Peloponeso, nos encontramos, de un modo natural, sencillo y veraz, con la madurez del amor entre Jesse y Celine. ¿Cómo les irá después de tantos años, ahora que ya han entrado en la cuarentena? Diálogos atinados, situaciones brillantes y una complicidad entre la pareja protagonista que sigue deleitándonos como el primer día. 

Repleta de matices, difícil no emocionarse con esta pequeña joya a la que las arrugas, los kilos de más y los épicos reproches de sus protagonistas no le han quitado ni un atisbo de magia a su encanto principal: los caprichos del corazón.

9/10 

‘Before sunset’. Romance en París.

before-sunset-posterEsta película es como una canción pop. Breve, ágil, sentida y vibrante. Todo cabe en 76 minutos. Y es que el autor de la misma, Richard Linklater, vuelve a desplegar, nueve años después de aquel enternecedor amanecer vienés, todas las inquietudes que pululan en torno a los asuntos del corazón.    

Los diálogos, llenos de matices, vuelven a desprender una naturalidad asombrosa. El café, los paseos, el Sena, la belleza de Notre Dame y el paso del tiempo. Uno se siente cautivado por las conversaciones que mantienen esa pareja de treintañeros, reflexionando éstos sobre las mil y una cosas, sintiéndose especiales mientras caminan juntos por las calles parisinas. 

Un romanticismo especial centrado en la magia del reencuentro. Linklater, Hawke y, especialmente, Delpy nos emocionan con esta entusiasta, efímera y romántica historia. La encontrada nostalgia, los dulces recuerdos, la fugacidad del momento y la fantasía del porvenir se darán de la mano para pincelar esta encantadora postal. 

9/10 

‘Before sunrise’. Romance en Viena.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA“Creo que puedo enamorarme de verdad cuando sé todo sobre alguien. La manera en que se peinará, qué camisa se pondrá ese día, exactamente qué historia contará en una situación dada. Es cuando sé que estoy realmente enamorada”.

Un lujo. Así etiqueto yo a ‘Before sunrise’, una de esas películas que se hace sentir de un modo especial. La historia en sí no tiene mucho misterio, lo que le otorga todavía más mérito a un guión que es una auténtica maravilla.

Todo comienza con dos jóvenes viajando en un vagón de tren. Por azares de la vida se conocerán. Uno norteamericano, la otra europea. Próxima estación: Viena. Y un día para recorrer las calles de la ciudad, juntos. Caminar, charlar, fantasear, dejarse llevar. 

Monumento al tacto, al detalle y a la magia de la incertidumbre. Las palabras de Linklater, tejiendo unos diálogos y momentos cautivadores, desprenden un romanticismo especial. Mientras tanto, Julie Delpy y Ethan Hawke nos hacen sentir partícipes de los inesperados encantos que siempre depara el caprichoso destino. Lo dicho, un lujo. 

8.5/10    

‘Sinister’. Terror con encanto.

Sinister_posterSe abre el telón. Aparecen cuatro personas colgadas de una soga atada a un árbol. Agonizan y presenciamos como mueren tan dolorosamente. Es el inicio de ‘Sinister’, la nueva obra de Scott Derrickson. Terror sobrenatural de muy buen ver.

El peso pesado del film no es otro que Ethan Hawke, buen actor, encargado aquí de interpretar a un apasionado de la escritura criminalista. Con esas intenciones aterriza, junto a su familia, en la casa donde antaño se perpetró tan atroz crimen. Él busca la verdad, hacer justicia y dar por fin con su personal ‘In cold blood’. 

Con todo, el resultado es digno e interesante. No hay cutrerío en la narración de Derrickson, lo cual ya es de agradecer. No diremos que estamos ante la nueva ‘The changeling’ (1980), pero sí contiene algo de aquella melodía. Resten, primero, profundidad argumentativa y tensión narrativa al clásico de los ochenta con tal de añadirle, después, un toque comercial que servirá para dar, en definitiva, con ‘Sinister’. Terror con encanto.

6.5/10 

‘Training day’. Alonzo.

Esto es un paseo por la selva, por el corazón de la selva. Un paseo que se dará Jake, un policía novato de estupefacientes, que tiene, en su primer día de trabajo, como instructor a Alonzo, un hombre de la ley, por decirlo de alguna manera, peculiar. Pronto, el inocente y bonachón agente de policía descubrirá las oscuras rutinas de ese tipo que le instruirá durante las siguientes 24 horas.

El guión de David Ayer (acompañado por la dirección) te sumerge en la adrenalínica trama del film. ‘Training day’ es nervio puro. Un thriller trepidante que recorre a ritmo galopante los bajos fondos de una ciudad como Los Angeles. Te adentras en lo profundo de la selva, en barrios tan peligrosos como Imperial Courts. La dinámica diaria de los nigger se te impregna en la mente. También los tatuajes y las leyes de los chicanos. Sudoroso, te aterras ante tal infierno real, ante la pesadilla de imaginarte en una de esas calles. La ambientación es brutal.

La historia aunque sencilla en su fondo, tiene un planteamiento ciertamente peculiar. Su ritmo in crescendo te va cautivando (ya lo hace desde el primer plano) cada vez más. Su propuesta es original, pues tan sólo presenciamos un día en la vida de Jake Hoyt. En esencia, es de esas pelis que mete el dedo en la llaga y hurga a base de bien. Las corruptelas de la policía y la ética de uno mismo (como parte del cuerpo policial) se combinan con la delincuencia y el mundo de las bandas de zonas marginales. El resultado de todo ello no anda muy alejado de lo sanguinoliento, de lo violento. Aquí no hay moraleja, o si la hay, es violenta. La sangre y el fuego cruzado te podrán aliviar, podrán hacer justicia, pero la conciencia no descansará tranquila. Corrupción y ética nunca andaron de la mano.

Bien, hemos dicho que tiene un formidable guión, una trepidante dirección y una ambientación más que lograda. Pero si por algo me gusta tanto ‘Training day’ es por Alonzo, ese policía corrupto, traicionero, malvado y despiadado al que da vida un soberbio y magistral Denzel Washington. Es de largo lo mejor del film. Sus poses de chico duro, su desparpajo en la forma de tratar a las hienas de la ciudad, su verborrea manipuladora y chulesca. Borda el papel, sin duda. No lo hace mal tampoco Ethan Hawke, quién cumple con nota en su interpretación de policía bondadoso y honrado, contrapuesto totalmente al talante de Alonzo. Todo en ‘Training day’ es perfecto (incluso la sensual Eva Mendes), pero Denzel Washington se sitúa en un escalón por encima, al borde de la deidad. Gracias David Ayer por haber creado a Alonzo. Gracias Denzel por tan inolvidable interpretación. Recital.

‘Daybreakers’. Refrito indigesto.

Otra vuelta de tuerca más a un género ya explotado de mil maneras por Hollywood. En este caso, los vampiros se han apoderado del mundo. Existe una sociedad vampírica totalmente extendida, en la que los humanos no son más que animales de los que alimentarse, a los que drenar su sangre.  Ley de vida, el pez grande se come al pequeño. Sin embargo, hay un problema, tanto para unos como para otros. Los humanos están en extinción y, por lo tanto, los vampiros no tienen qué comer. A partir de aquí, hay dos caminos. Por un lado, encauzarse por el de la crítica, al estilo Alan Ball, a nuestra consumista sociedad, algo que se vislumbra en ciertos diálogos, y sobre todo, en el personaje de Sam Neill. O, tirar por lo fácil, que es lo que hace el film, acabando con la novedad y planteando el combate en el que nosotros ocupamos el rol de buenos, y los vampiros son los malos. “La batalla entre humanos y vampiros ha empezado” que nos vendía el marketing del film, se desarrolla a base de topicazo tras topicazo.

Floja incursión en el mundo de los vampiros, un producto que parece haberse subido al carro de ‘Crepúsculo’ y ‘True Blood’, aprovechando el tirón existente. Es un refrito de todo lo visto en anteriores ocasiones. Cositas cogidas de aquí y de allá, como “el coche fantástico”, los humanos drenados al estilo “Matrix”, el científico Ethan Hawke haciendo de Will Smith en “Soy Leyenda”, el estilo zombies de “28 días después” montando el caos por las calles o con la infraespecie, o la lucha “Vampiros de John Carpenter” por parte de los humanos con sus ballestas. También habrá happy end, of course. Además, a todo ello hay que añadirle que por momentos parece que estemos ante un anuncio publicitario, con escenas muy breves encadenándose, dando fe del gran talento existente en los hermanos Spierig para el mundo del cine-marketing. Lo que resulta más dañino es lo de Ethan Hawke y, sobre todo Willem Dafoe, viendo como desperdician su talento en esta bazofia. Totalmente desaprovechada.