‘No habrá paz para los malvados’. Sabor amargo.

El prólogo brindado por Enrique Urbizu es de una calidad asombrosa. Uno se frota las manos con lo que le puede acontecer a ese personaje tan castigado, decrépito y errante como es Santos Trinidad, a quien da vida un excepcional José Coronado (va para Goya).

Sin embargo, el film va perdiendo fuelle conforme vuelan los minutos. El cineasta vuelve a sumergir su cámara en los bajos fondos madrileños, en un terreno que él conoce a la perfección. Las dos investigaciones, tanto la oficial como la de Santos, por desgracia, no terminan de cautivarnos. Nos emborrachamos con tanto colombiano narcotraficante, y tanto tunecino yihadista. A Urbizu se le va la mano, en esta ocasión, subiéndose al carro (aunque no lo parecía inicialmente) del terrorismo islamista. No consigue combinar los elementos de un modo preciso, esquivando, por tanto, la manufactura de un thriller de textura lograda.

De hecho, la película nada en la mediocridad. Quién salva del (casi) seguro ahogo al cineasta no es otro que José Coronado. O Santos Trinidad. Un tipo con un poder de hipnosis especial cada vez que sale en pantalla, invitándonos con su magnífica interpretación a no decaer en su moribunda investigación. Con todo, irregular cinta que me deja un regusto amargo, quizás porque la esperaba con excesiva devoción.

6.5/10 

‘La caja 507’. Pelotazo inmobiliario.

¿Qué tienen en común, veámos, un mafioso siciliano, un jefe de bomberos, un propietario de un amplio grupo empresarial, un policía con un sentido del deber muy relativo, un alcalde de una localidad costera, una stripper alcohólica, un director de banco, unos atracadores de tres al cuarto y un par de adolescentes en celo? Pues bien, quién haya visto ‘La caja 507’ sabrá que algo hay aquí de esa cosa llamada “pelotazo inmobiliario”. Que si una zona residencial por aquí, un campito de golf por allá, además del hotelito, el alumbrado nuevo y la carretera recién asfaltada. Nada de sangre, fuego y desfachatez.

Enrique Urbizu nos regala un thriller poderoso, magnético. Su turbia narrativa se sustenta en un guión, sin fisura alguna, que nos depara un prólogo magistral. A éste, le seguirá una historia contundente, empujada por dos actores de peso como Coronado y Resines, que nos ofrecerá  una verdadera disección acerca de un mundo semioculto entre papeles, números y cuentas bancarias, pero en el que es fácil distinguir la codicia  por el negocio fácil, el ansia por hacerse con un botín cargado de dinero sucio. Urbizu siempre se ha movido como pez en el agua al sumergirse en los bajos fondos españoles. Aquí, ha vuelto a dar en el clavo con esta mugrienta historia de corruptelas y miserables.  

7.5/10

‘Todo por la pasta’. Un paseo por los bajos fondos bilbaínos.

La acción nos traslada a un Bilbao mugriento en el que se está cociendo un golpe a la caja fuerte de un bingo. Policía, chulos putas, gitanos, mafiosos de tres al cuarto, todos andan metidos tras el botín. Un ansia, la de hacerse con el dinero, que abrirá un mar de sangre, una trama adictiva y novedosa (dentro del panorama español), en la que los cruces de caminos por los bajos fondos bilbaínos nos mantendrán a la expectativa, viendo que hostias pasa con el dinero, los senderos por los que transita, los cruces y giros a los que se tendrá que enfrentar el botín.

‘Todo por la pasta’ es un producto de alta calidad. Cine español del bueno. Su punto fuerte, sin duda alguna, es la ambientación de ese Bilbao cochambroso, el espacio donde transcurre la ensangrentada acción. Algo que debemos al buen hacer, de un por entonces desconocido, Alex de la Iglesia (dirección artística). La trama, en la que se verán metidos todo tipo de personajes, permite tener un reparto amplio, de gran talla, en la que excepcionales secundarios (Pilar Bardem, Luis Ciges, Álex Angulo) complementarán a una “inocente” María Barranco, una espabilada como Kiti Manver o al honesto de Antonio Resines, el único al que se la suda el dinero.

Peces gordos metidos de lleno en harina, corrupción policial, mafiosos casposos, gente de la noche, sicarios y, qué ironía, hasta un convento de monjas, se verán envueltos en la locura de los cincuenta kilos (kilo por millón) de pesetas. Dejénse llevar, de la mano de Urbizu y De la Iglesia, por los bajos fondos de Bilbao en busca de dinero y poder, de honor y traición, de sangre y fuego cruzado.  Gran película.