‘The exorcist’. De posesiones y exorcismos.

Están ante una de las mejores películas de terror de la historia del cine. Pocas pueden discutirle el cetro de las posesiones y exorcismos, brillando como la que más en este añorado y querido género. Lo digo porque William Friedkin, cineasta irregular donde los haya, conseguía brindarnos un gozoso recital gravitando en torno a ese oscuro y malvado mundo en el que los demonios gritan a viva voz el pecado, las pobres e inocentes niñas sufren de lo lindo, los familiares y conocidos se aterran, la ciencia no encuentra respuesta y la religión (con su fe) resulta ser la panacea de todo.

La factura técnica es impecable (ojito con el tema inquietante de Mike Oldfield, o la fotografía de Owen Roizman). Un lujo preciso para vehicular la historia de William Peter Blatty, servida a fuego lento y en armonía por William Friedkin, quien nos sumergirá en ese aterrador y angosto paisaje, comenzando por un prólogo que contiene la esencia del film, para después focalizar la atención en personajes tan míticos de la historia del cine como son la niña Regan (Linda Blair), la desconsolada madre (Ellen Burstyn), el padre Merrin (Max von Sydow) o el padre Karras (Jason Miller), con tal de acabar con un final de altos vuelos.

Aquí tenemos una espeluznante radiografía, milimétrica y calculada, de ritmo in crescendo, que gravita en torno a una posesión, supuestamente basada en hechos reales, acaecida durante el gélido invierno de 1949 en la ciudad de Washington. En el fondo, no es más que una grandiosa lucha entre el bien y el mal. Cinta de calidad, terror del bueno. Una especie en peligro de extinción.

9/10

Spoiler

Una figura de Pazuzu es encontrada en el norte de Irak por el padre Merrin. Aquél, juega con la niña Regan con el sobrenombre de Capitán Howdy. Nos aparece su estampa en diversas escenas del film, hasta que el padre Merrin y Karras, luchen contra él dejándose la vida en el intento. Karras será poseído, pero no dará pie a los planes de Pazuzu, pues se quitará la vida arrojándose por la ventana.

¿La medalla? Es encontrada por Merrin, por lo que podría simbolizar el inicio de las andanzas del demonio. Un demonio, Pazuzu, que se trasladará a Washington, para poseer el cuerpo de una inocente niña. Cuando él se marche, la medalla será guardada por la actriz MacNeil, como cerrando ya el maléfico círculo de Pazuzu.

Eso sí, queda un poco descolgado el personaje del detective cinéfilo. Su fin parece que va encaminado a despejar las posibles dudas que tenga el espectador acerca de la muerte del director a manos de Regan.

‘Réquiem por un sueño’. Yonquis.

Sara Goldfarb tiene un sueño. Su sueño es ir a la televisión. Una llamada de un estafante de tres al cuarto así se lo hará creer. Gracias a ese sueño podra evadirse de su triste existencia. Tendrá que ponerse de gala para acudir al plató, volviendo a engalanarse con aquel vestido rojo que tanto le gusta. Pero ha cogido peso y ya no le entra. Tendrá que adelgazar, visitar a un nutricionista que le quite ese kilitos de más. La receta: drogas legales. Ya forma parte del club, es yonqui.

Marion tiene un sueño. Su sueño es ser modista, crear su propia marca. Dibuja, maqueta, cose. De verás cree que triunfará en ese negocio. Además, cuenta con la ayuda de su novio, del que está profundamente enamorada. Sin embargo, tiene un problema: ella y su novio son yonquis.

Harry y Tyrone tienen un sueño. Su sueño es colocarse en las esquinas, empezar a traficar y hacer dinero. Con ese dinero que ganarán, cogerán mercancía pura. Es el camino directo a la gloria. Dejarán de ser unos pringados cuando todo vaya rodado. Harry podrá así visitar más asiduamente a su madre. También dedicará todas sus energías para su gran amor: Marion. No obstante, tienen un problema: no tienen dinero, el negocio de la droga es altamente inestable y, principalmente, son yonquis.

Película que habla de sueños rotos, sueños desvanecidos. Sueños que se van a través de una aguja, a través de unas pastillas, a través de unas rayas. La droga los echó a perder. Carcomió sus vidas, se las fue arrebantando poco a poco, casi sin que se dieran cuenta. Cayeron al foso y difícilmente podrán salir.  Una película dura, impactante. Cuando he terminado de verla, he quedado descolocado. Te rompe.

Con tal hostiazo recibido, a uno casi se le pasan por alto los aspectos técnicos o artísticos del film (para mí, aquí eso es lo de menos). La moderna y, a ratos, cargante puesta en escena de Aronofsky te pide a gritos que dejes de ver el film. No obstante, tozudo yo, aguanto. Aguanto hasta el final (menos mal). Aguanto porque la Connelly lo borda. Aguanto porque también lo borda Ellen Burstyn. Aguanto porque quiero saber cómo acabará la aventura de Wayans y Leto. Aguanto porque es un film que retrata ciertos puntos negros de nuestra sociedad (TV, soledad, depresión, etc.). Aguanto porque el ritmo in crescendo del film te va encadilando, cambiando tu parecer en torno a la cuestión de darle al stop. Una película en la que el plato fuerte, historia aparte, es el papel de las mujeres: sensacionales ambas dos. Nada más.

‘Alice doesn’t live here anymore’. Grandiosa.

¿Dónde está el sueño americano en la América profunda? ¿Y su parte del pastel? Alice no veía el momento de encontrase con él. No lo vio en toda su vida. Ni cuando soñaba con ser una gran cantante en la cálida Monterrey. Sueño frustrado. Ni cuando se casó con su marido y quedó subordinada a él en la árida Socorro. Tampoco cuando quedo viuda y tuvo que subastar la casa para poner rumbo a ningún lugar con su hijo. No lo encontró tampoco mientras le bajaba la bragueta a Harvey Keitel en cualquier descampado de Phoenix. Ni en ese ruinoso motel en el que su hijo pasaba interminables horas en soledad suplicándole a su madre una vida mejor. En Tucson la vida tampoco le regaló nada. Bueno, quizás algo sí con el cowboy de Kris Kristofferson y un empleo como camarera. Una segunda oportunidad dirían algunos. Puede que ahí estuviera su parte del pastel. O puede que sólo fuera algo pasajero, una ilusión que se esfumaría con el tiempo (póster de Kennedy decorando la casa de Kristofferson, mal indicativo… me suena a sueño perdido). Un tumbo más en su salteada vida. Pobre Alice.

7.5/10