‘À bout portant’. Rutinaria.

Una pareja de tortolitos llevan una vida de ensueño cuando, de repente, les sobreviene el sobresalto: un secuestro a punta de pistola. La vida de ella ahora depende de él, todo rodeado de policías corruptos, investigaciones extrañas, criminales a tutiplén y fuego cruzado. 

Todavía no sé porque le dí al “play” y me puse a ver ‘Cuenta atrás’. Quizás porque era tarde, estaba cansado y mi mente sólo estaba disponible para un producto ligero, de olvido temprano. Y la verdad, esta cinta dio en el clavo. ¿Su mejor baza? El talento desperdiciado de Elena Anaya.   

Película mediocre. La agitación de la trama no conduce a nada. El guión tiene más lagunas que un humedal. La ansiedad y asfixia de los protagonistas no se me impregna, y la turbiedad de la intriga es de sobremesa. Tampoco la acción es trepidante. En fin, rutinaria.

4/10

‘La piel que habito’. Almodóvar en estado puro.

Por una extraña causa que todavía no llego a entender, el cine del vilipendiado Pedro Almodóvar me resulta grato de ver. Tiene un halo envolviéndolo (no en todas sus obras) que me mantiene hipnotizado de frente a la pantalla, cautivado. ‘La piel que habito’, no ha sido una excepción.

Estrambótica como pocas, nuestros ojos requieren de un mínimo lapso de tiempo para adaptarse a lo que están viendo. A uno le cuesta aferrarse a la idea gravitatoria del film. Notas cierta sobreactuación en el reparto, además de unos hiperbolizados diálogos y desmadradas escenas. Es un pequeño lastre inicial que, no obstante, conforme avanza la acción, a uno no le cuesta nada soltar. Un guión indescriptible, o más bien almodovariano (se ha ganado a pulso esta estiqueta), en el que lo desternillante jalea al drama, y éste al terror de lo presenciado, provocando, al tiempo, sensaciones tan dispares como son la repulsión y la atracción.

Moderno, soez, nostálgico, trangresor, pero siempre brillante. Así es el pretencioso y barroco cine de Almodóvar, cuidando hasta el más ínfimo detalle. Su narrativa se sirve del salteado, temporalmente hablando, guión para mantenernos a la espera de ver cómo se resuelve tan horripilante, escabroso y terrorífico drama. La forzada lección de anatomía termina de un modo tan caricaturesco, tan paródico, tan rebuscado, tan de ciencia-ficción (y eso que no hay extraterrestres) que uno no sabe si echarse a reír, o llorar. Cuando finaliza el recital, no hay más opción que aplaudir o vomitar. Sin duda, ‘La piel que habito’ es Almodóvar en estado puro.

7.5/10

‘Habitación en Roma’. Un Medem decepcionante.

Supongo que cuando Julio Medem aceptó el encargo de hacer ‘Habitación en Roma’, ya sabía que estaba ante un reto complicado y arriesgado. Es difícil intentar transmitir tanto en tan poco. Y la verdad, en mi caso personal, no lo consigue. Su poesía visual se queda, en esta ocasión, sin deleitar, sin saciar mi apetito medemista.

Es un film que nos relata una relación muy especial entre dos desconocidas. Un film que nos muestra un amor incipiente entre ambas, acompasando, éste, la historia, al tiempo que trata de desentrañar el pasado de las dos protagonistas, intentando meterte en sus angustias y sus penas mediante un anecdotario de vivencias, de amarguras e historias personales hilvanadas mediante un discurso tramposo, cargado de recovecos y entresijos, que se alterna, en distintas escenas, con los tocamientos, los gemidos y la pasión desatada entre ambas.

El resultado de todo ello es bastante decepcionante, pues ese amor no me transmite nada durante la gran parte del film, permaneciendo impasible ante, lo que en teoría, debería emocionarme. Una pena. Se salvan de la quema los guiños del cineasta, a través de esa recargada habitación, a una ciudad, la eterna, a la que parece amar. Así como una BSO fabulosa, en la que destaca un auténtico, hablando claro, temazo como el “loving strangers” de Russian Red. En defintiva, para un feligrés, un devoto, un enamorado del cine de Medem como yo, ‘Habitación en Roma’, a la que envolvía con grandes expectativas, ha supuesto una fatal desilusión. Se nota el “encargo”, el fin lucrativo. Se aleja del Medem verdadero, ese que cautivó en su máxima expresión con ‘Caótica Ana’.

‘Frágiles’. La terrorífica historia de la niña mecánica.

‘Frágiles’ es una película de misterio en la que la historia se va cociendo a fuego lento.  En ella, los niños, los personajes fetiches del cineasta, son el sustento principal de un argumento que nos lleva a un solitario y aislado hospital. Un hospital con cierto aire fantasmagórico, cargado de leyendas oscuras que giran en torno a la niña mecánica. Calista Flockhart, en su papel de enfermera atormentada, se encariñará con una de las muchachas, la cual le dice ver visiones, abriéndonos la puerta a lo aterrador.

Jaume Balagueró nos deleitaba con esta, obviando el descrédito de OT, su tercera película, cumpliendo con creces, consolidándose y demostrando que es capaz de realizar terror de calidad. Un terror que se combina con el misterio, con la intriga, con el esclarecimiento del caso. Todo, sin abusar en demasía del susto fácil.  Además, el cineasta catalán, le da un toque emocional con una fantasía complementaria que inyecta algo de sentimentalismo y sirope a tan punzante historia. Buena película para pasar un mal rato. Si quieren sufrir (el terror lleva aparejado consigo un toque masoca), véanla.