‘American history X’. El odio.

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Estamos en 1998, David McKenna tiene un buen guión entre manos y, pronto, consigue socio que lo sepa plasmar en la gran pantalla: Tony Kaye. El estilo narrativo de éste va fraguando de un modo inteligente esta historia sobre la sociedad americana contemporánea. Una historia cualquiera sobre uno de los muchos males que azotan a nuestras sociedades, la lacra de la intolerancia. 

Tony Kaye mete en el escaparate el tema de la raza. Lo hace enfocando hacia un grupo de neo nazis, y, concretamente, hacia Derek, un joven de clase media estadounidense que por caprichos del destino verá su cerebro absorbido por las influencias de la extrema derecha. Cómo afecta esta aventura a su familia, a su entorno y a sí mismo. “¿En qué te ha ayudado todo esto? ¿Has sentido que se marchaba esa rabia de tu interior?“, le espeta un buen hombre. Una reflexión necesaria. A todo esto, un Edward Norton inmenso, colosal. La mutación que sufre es veraz, creíble.

Las imágenes mostradas a lo largo del metraje son impactantes, mientras que el final deja anonadado a más de uno. ‘American history X’ es un puñetazo en el estómago que nos deja un dolor desgarrador. Un alegato, en definitiva, contra el odio. Una película didáctica, de importante mensaje, que debería ser de visionado obligatorio para los muchachos que campan en todas las aulas del planeta.

9/10 

‘Before and after’. La fugacidad de nuestras existencias.

El prólogo brindado por Schroeder nos sitúa desde bien pronto en la cuestión central del film. Así, las estampas gélidas, pacientes y tranquilas de ese pequeño pueblo del Estado de Massachusetts quedan salpicadas, sutilmente, por el cuerpo ensangrentado de un muchacha que yace sobre la nieve. Un escabroso asesinato que alterará la ordenada existencia de dicha localidad. La sospecha principal recaerá sobre el hijo de los Ryan, y la vida para éstos dejará de ser tal como era. Todo tiene un antes y un después, como así nos recuerda el título del film.

Barbet Schroeder explota con precisión la vertiente sentimental del film. Su narrativa queda impregnada de emotividad, de dolor y de sollozos. La pareja central de la historia, Liam Neeson y Meryl Streep, ponen toda la carne en el asador, le dan credibilidad al asunto y nos hacen sentir partícipes de su desgraciada realidad. ¿Cómo pudo hacer tal cosa nuestro hijo? ¿Qué hacemos ante esto? El paisaje trazado por el cineasta da sensación de ser humano, visceral y creíble.

En fin, un drama tejido con buen pulso y oficio. Queda teñido por una acertada intriga que servirá para poner el dedo en la llaga y apretar con fuerza, señalando los dilemas morales de los protagonistas, aparejados éstos a los resquicios legales del sistema que permitirían su salvaguarda. Moviéndose en la misma línea que comenzó con ‘Reversal of fortune’ (1990), esta cinta toca los distintos palos sin temor al error. El cineasta, Barbet Schroeder, sabe lo que se lleva entre manos, consiguiendo un film notable. Recomendada.

7.5/10    

‘Animal factory’. Sobrevivir en el infierno.

Steve Buscemi tiene una buena carrera como director en el mundo del cine independiente. Esta película, ‘Animal factory’, supuso su segunda incursión detrás de las cámaras, decantándose por una temática arriesgada: un drama carcelario.

El título ya nos indica cuál es el objeto de crítica de esta película. Buscemi trata de realizar una denuncia social acerca de todo aquello que rodea a las prisiones. ¿Qué vida hay allí dentro? ¿Son animales inmundos los que habitan en ellas? ¿Sirven verdaderamente para la reinserción del reo en la sociedad? El cineasta se preocupa de mostrarnos detalladamente las entrañas de tan penitente existencia. Desde el juicio que acompaña al crimen y que acaba con un chaval de clase media, casi sin saberlo, detrás de los barrotes de un penal, hasta los peligrosos automatismos existentes entre los presos. Siempre acompañado de un trasfondo explícito: evitar la primera línea, no ser carne de cañón allí dentro. Es la prioridad a la que uno, recién llegado, debe atender. Esto es la jungla, repleta de animales feroces, y conviene sobrevivir.

El cineasta pone el contrapunto a tan degradante y tenebrosa atmósfera con la relación establecida entre el joven carcelario, Edward Furlong, y el veterano, Willem Dafoe. Una relación humana, sentida y bondadosa. Hay cabida para la solidaridad y la ayuda mutua. Sin embargo, éste no es lugar para un chico como tú, Furlong, parece querer decirle Buscemi. Joven y con toda una vida por delante, no sería conveniente entrar a formar parte de esa factoría de animales. Ésa de la que ya no puede escapar Willem Dafoe, quién ya ha interiorizado que mejor “ser rey del infierno que siervo en el cielo”.

7/10

‘Little Odessa’. Demoledora ópera prima.

Joshua, un magistral Tim Roth, es un sicario sanguinario y frío. De esos que no pestañean ni tan sólo un momento (como bien nos recuerda James Gray desde el primer plano). Un sicario que deberá volver a su barrio, del que un mal día huyó, por cuestiones de trabajo (es decir, para liquidarse a un iraní chivato). El retorno del reo a su putrefacto hogar será el motor a partir de cual girará la historia del film.

Una historia que, en su esencia, irradia dureza. Es áspera y cruda. La cotidianeidad de esa cloaca de judíos de ascendencia rusa se le impregna a uno en la mente. Un día a día, dentro de la gran urbe (u orbe) que es Nueva York, en el que lo más probable es acabar siendo un matón, un maleante cualquiera. Uno de esos de los que hasta su propia familia se avergüenza. Joshua se crió así. También Reuben, interpretado por un Edward Furlong en estado de gracia.

‘Little Odessa’ es un film que compara el pasado con el presente. Lo hace a través de dos hermanos, y en dos momentos de tiempo distintos, pero en un contexto idéntico. El volcán de sentimientos erupcionará desde el primer momento en que Roth ponga un pie en su barrio. Muchos cabos que atar, sobre todo con la familia. Lleno de rencores y odios. También cargado de fraternidad. Sin olvidar a su antigua amiga, recordando lo que pudo ser y acabó por no ser. O ese capo mafioso deseoso de borrarte del mapa, impidiéndote volver al hogar, a tu hogar. Arrinconándote en el ideal artificioso de ese judío que sólo saber huir. En definitiva, veánla. James Gray parió esta peculiar joya cuando tan sólo contaba con veinticinco primaveras. Casi nada. Es de esas que pone el dedo en la llaga dentro del conflicto familiar y hurga hasta el extremo. Combinando, como nadie, la lucha familiar con el contexto gangsteril. Posee varias escenas demoledoras. Un drama con mayúsculas. Una obra maestra.