Breathe in

Breathe-In-2013-Movie-PosterMe gustó mucho la anterior obra de Drake Doremus, Like crazy (2011). Era una película emotiva, diferente. Llegaba un momento, por tanto, delicado para el cineasta. Tras un éxito como aquel, a uno solo le quedan dos opciones: bien demuestra con su segunda cinta que aquello no fue flor de un día, bien se disuelve como un azucarillo.

Pues bien, me ha gustado Breathe in. El autor vuelve a diseccionar el mundo que rodea a los asuntos del corazón con una frescura y un toque personal muy agradecido de ver. Los diálogos entre el maduro y frustrado Guy Pearce y la joven y solitaria Felicity Jones consiguen envolvernos en ese torbellino sentimental y mar de dudas en el que se convierte la película. La figura del matrimonio burgués y la imprevisibilidad de la juventud son escenificados de una forma sentida: a ratos hiriente, a ratos efusiva; siempre humana.

Esta es una historia de personajes. De buenos personajes, diría yo. A Felicity Jones y Guy Pearce se les unen la colosal Amy Ryan y la desamparada Mackenzie Davis. El relato, en definitiva, suena creíble, lleno de matices, contagiándonos sutilmente los sinsabores que azotan a sus protagonistas. 

7.5/10 

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‘Like crazy’. Cosas del corazón.

Notable drama romántico el aquí propuesto por Drake Doremus. Triunfadora en Sundance, ‘Like crazy’ juega con el tema de la distancia para ahondar en una historia llena de contrariedades, propias éstas de los caprichosos impulsos del corazón. En esencia, estamos ante un verdadero homenaje al primer amor, al amor verdadero, tan penitente como placentero. 

Los peones son Jacob y Anna, dos jóvenes que acaban de conocerse en un instituto de Santa Mónica. Son felices y están enamorados. Por primera vez, el corazón de ambos brilla más rojo que nunca. Sin embargo, pronto deberán hacer frente a un hecho tan rotundo como fatal: Anna es británica y su visado de estudiante está a punto de caducar.

¿Cómo vivir a miles de kilómetros de tu pareja? El agridulce cobra significado cuando vemos en pantalla a Felicity Jones y Anton Yelchin. Ambos se vacían en una interpretación magistral, encarnando la alegría y la pena, mutando sus estados de ánimo con la misma naturalidad que lo haría en la vida real. A ratos plenos y satisfechos, por momentos vacíos y exhaustos. Todo es tan sencillo como complejo en esta íntima batalla.

La película, por tanto, consigue transmitir de un modo veraz y espontáneo todo ese amalgama de sensaciones que acompaña a cualquiera que decida adentrarse en el largo camino del amor. En fin, una pequeña joya repleta de vida.

8/10