‘Philadelphia’. Preciosa, atrevida, necesaria.

philadelphia_xlgCuando una película abre con Bruce Springsteen y su tema Streets of Philadelphia, qué más podemos pedir. Es el prólogo idóneo para recibir a un relato al que poco le importa el paso del tiempo, pues la emotividad que contiene cada plano de esta cinta, todavía hoy, veinte años después, se hace sentir. 

Corría el año 1993 cuando Jonathan Demme, un director que si por algo se caracteriza es por exprimir al máximo las virtudes de sus actores, daba forma a esta preciosa historia en la que destacaba un sobresaliente Tom Hanks, quizás el actor más grande de los últimos treinta años, quien nos brindaba la mejor interpretación de su carrera al encarnar a Andrew Beckett.

A través de la figura de este último se rendía un homenaje al mundo del derecho y, sobre todo, se explicitaba una reivindicación por la justicia social. Reivindicación en la que el tema de la homosexualidad y el sida era puesto en el escaparate sin ningún tipo de tapujo. Un film, por tanto, atrevido pero necesario. Valoren, a su vez, la brillante interpretación de Denzel Washington y no desdeñen el trabajo de Tak Fujimoto en labores de fotografía.

Todo ayuda, en cualquier caso, para pulir un drama de una pureza y un clasicismo admirable. Y sí, el diálogo entre Tom Hanks y Denzel Washington al abrigo dado por ‘La mamma morta’ de María Callas está entre las escenas más emotivas que nos ha deparado el séptimo arte.

9/10  

‘Flight’. Moralina.

flight-us-posterLos primeros treinta minutos de la obra de Robert Zemeckis rozan el notable. La narración brilla con luz propia durante este intervalo de tiempo, consiguiendo acelerar nuestras pulsaciones al mostrarnos los interiores de la tragedia aérea. Sin embargo, superado este punto efectista y trepidante, la película comienza a desinflarse como consecuencia de un guión lleno de lagunas, un montaje errático, una duración excesiva y un final de empaque.

La historia da la sensación de estar descompensada, además de ser un tema bastante manido en la industria de Hollywood. No aporta nada nuevo. En cualquier caso, a la corrección de la factura técnica se le suma un Denzel Washington que brilla en su actuación de alcohólico desamparado, así como un John Goodman que ejerce nuevamente de secundario de lujo.

Viendo quien firma esta cinta, uno podría esperar mucho más de ella. El mejor Zemeckis solo aparece a cuentagotas durante el metraje de ‘Flight’. Lo dicho, más allá del prólogo del film y de la notable interpretación de Denzel Washington, el resto suena a mediocridad.

6.5/10

‘Fallen’. El tormento de Azazel.

Está claro que ni Nicholas Kazan ni Gregory Hoblit pretendían entrar a formar parte de la historia del cine con esta película, pues tan solo debían resolver el encargo con soltura y oficio. Sin embargo, conviene agradecer que cintas como ‘Fallen’ muestren cierto respeto hacia el espectador. Se nota, al menos, que han tenido la delicadeza de elaborar una narración digna en base a una historia medianamente ingeniosa. 

El producto tiene sus limitaciones, pues el punch que atesora la premisa pierde vigor conforme avanzan los minutos. El guión emplea ciertos trucos y recursos, propiciados por la intriga policial, para distraer nuestra atención y no decaer en su seguimiento. Todo termina por convertirse en un batiburrillo de difícil encasillamiento, dado que al factor policial se le une el toque apocalíptico pasando primero por el thriller psicológico. Ayuda, en cualquier caso, el poder contar con un reparto de alto nivel, pues aquí vemos a gente de la talla de James Gandolfini, Donald Sutherland, John Goodman, Aida Turturro o Elias Koteas.

Espíritus y leyendas satánicas recorren las calles de Philadelphia, atormentando así, a base de sangre y crímenes, la existencia del detective John Hobbes. Entretenida intriga en la que consigue brillar un acaparador Denzel Washington, quien se atreve, ni más ni menos, con el reto de enfrentarse al mismísimo Azazel. Cumple con las expectativas.

6.5/10   

‘Déjà vu’. Espectáculo vacío.

Tony Scott vive con el estigma de ser el hermano del gran Ridley. No es fácil sobrevivir a la sombra de éste, siempre con la eterna comparación. De ahí el mérito de su larga, extensa y placentera filmografía. Suya es una película fabulosa como ‘True romance’ (1993), casi nada. También cuenta con uno de los grandes éxitos archicomerciales de los ochenta, ‘Top gun’ (1986), además de un sinfín de cintas con tremenda vocación comercial que acometen el objetivo de entretener al público con aires de suficiencia.

Dicho esto, ‘Déjà vu’ me parece un ligero tropiezo. No me entretiene. Me parece estar presenciando una historia barata, facilona. Su lógica es tan ilógica que uno percibe los remiendos y fabulas de la narración de un  modo hiriente. Un producto que en su haber cuenta con el lucimiento personal de Denzel Washington, unos efectos especiales de diez  y el oficio de gente como Jerry Bruckheimer o Tony Scott. Sin embargo, el debe es muy abultado. Una narración excesivamente larga a la par que tediosa, un argumento con innumerables deficiencias y una desorientación crónica. ¿De qué va esto?

En fin, floja historia de difícil encasillamiento. Acción, ciencia-ficción, romance y suspense. Todo juntito y revuelto, servido al estilo Bruckheimer. Espectáculo vacío.

4/10 

‘Out of time’. Una intriga tan estelar como decepcionante.

Así de primeras, la película de Carl Frankin me llama la atención. Leo la sinopsis y caigo rendido a sus pies, esperando contemplar un thriller con tintes sureños de apreciable calidad, donde la buena intriga vaya implícitamente integrada en su narración. Además, ver en el cartel los nombres de Denzel Washington y Eva Mendes también suponen un estímulo para darle al play.

Pronto se disipan las ilusiones de uno, pues las expectativas no se cumplen y la intriga termina por caer en la chabacanería derivada de situaciones irreales, facilonas y sin ingenio alguno en su elaboración. Lo que podía ser una notable cinta, se convierte rápidamente en una mediocre intriga comercial, tan fácil de engullir como de olvidar. De acuerdo, no aburre. ¡Faltaría más! Ni un atisbo de grandeza en su narración. Una desaprovechada historia sometida al lucimiento personal del bueno de Denzel Washington. Termina por estropearse del todo con el toque de sirope final.

En fin, si sus expectativas son mínimas y le exigen poco al género, puede que incluso les guste lo aquí presenciado. Para el resto, únicamente decir que ‘Out of time’ conjuga bien con las palomitas.

5.5/10

‘Unstoppable’. Barato entretenimiento.

El archicomerciarl Tony Scott volvía a la carga con ‘Imparable’, tomando los mandos de la nave desde la producción hasta la dirección. La historia tenía poco misterio: un patoso empleado de la ferroviaria deja suelto a un monstruo de tren a toda velocidad, sin maquinista ni frenos. El objetivo: detenerlo. Menos mal que andaba por ahí un tal Denzel Washington subido al tren del Dólar, nunca mejor dicho, para arreglar el desaguisado en compañía de su noble ayudante, un novato encarnado por Chris Pine.

No se le puede achacar nada a esta cinta. Da lo que promete, lo que el público pide a gritos. Ambienta la acción con esa nebulosa a sensacionalismo barato, utilizando como un elemento más de la trama a las cámaras de la TV. También mete para rellenar el metraje las típicas historias personales facilonas que tanto gustan. Destacar como punto fuerte el no aburrimiento, subiendo la adrenalina por momentos. Además cuenta con caras conocidas, principalmente, un actorazo como Washington en su vertiente comercial, o Rosario Dawson. Todo tiene el punto de sirope final para endulzar el entretenimiento. Lo dicho, para amenizar los ratos muertos. Eso sí, con palomitas.

‘Training day’. Alonzo.

Esto es un paseo por la selva, por el corazón de la selva. Un paseo que se dará Jake, un policía novato de estupefacientes, que tiene, en su primer día de trabajo, como instructor a Alonzo, un hombre de la ley, por decirlo de alguna manera, peculiar. Pronto, el inocente y bonachón agente de policía descubrirá las oscuras rutinas de ese tipo que le instruirá durante las siguientes 24 horas.

El guión de David Ayer (acompañado por la dirección) te sumerge en la adrenalínica trama del film. ‘Training day’ es nervio puro. Un thriller trepidante que recorre a ritmo galopante los bajos fondos de una ciudad como Los Angeles. Te adentras en lo profundo de la selva, en barrios tan peligrosos como Imperial Courts. La dinámica diaria de los nigger se te impregna en la mente. También los tatuajes y las leyes de los chicanos. Sudoroso, te aterras ante tal infierno real, ante la pesadilla de imaginarte en una de esas calles. La ambientación es brutal.

La historia aunque sencilla en su fondo, tiene un planteamiento ciertamente peculiar. Su ritmo in crescendo te va cautivando (ya lo hace desde el primer plano) cada vez más. Su propuesta es original, pues tan sólo presenciamos un día en la vida de Jake Hoyt. En esencia, es de esas pelis que mete el dedo en la llaga y hurga a base de bien. Las corruptelas de la policía y la ética de uno mismo (como parte del cuerpo policial) se combinan con la delincuencia y el mundo de las bandas de zonas marginales. El resultado de todo ello no anda muy alejado de lo sanguinoliento, de lo violento. Aquí no hay moraleja, o si la hay, es violenta. La sangre y el fuego cruzado te podrán aliviar, podrán hacer justicia, pero la conciencia no descansará tranquila. Corrupción y ética nunca andaron de la mano.

Bien, hemos dicho que tiene un formidable guión, una trepidante dirección y una ambientación más que lograda. Pero si por algo me gusta tanto ‘Training day’ es por Alonzo, ese policía corrupto, traicionero, malvado y despiadado al que da vida un soberbio y magistral Denzel Washington. Es de largo lo mejor del film. Sus poses de chico duro, su desparpajo en la forma de tratar a las hienas de la ciudad, su verborrea manipuladora y chulesca. Borda el papel, sin duda. No lo hace mal tampoco Ethan Hawke, quién cumple con nota en su interpretación de policía bondadoso y honrado, contrapuesto totalmente al talante de Alonzo. Todo en ‘Training day’ es perfecto (incluso la sensual Eva Mendes), pero Denzel Washington se sitúa en un escalón por encima, al borde de la deidad. Gracias David Ayer por haber creado a Alonzo. Gracias Denzel por tan inolvidable interpretación. Recital.

‘Titanes, hicieron historia’. El deporte no entiende de barreras.

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Son los años 70 en un Estado, Virginia, en el que la tensión racial está en plena ebullición. Los blancos no aceptan la integración en sociedad de los negros. Se les considera subordinados. Un desperdicio de talento divino en su creación. El racismo, la violencia y la intolerancia se apoderan de las calles. 

En ese contexto, encontramos un lugar sagrado, un santuario donde no se permite dichas insensateces: el campo de fútbol. Sin embargo, ahora han asignado a un entrenador negro para dirigir a su equipo. Además, será el primer equipo mestizo del Estado. Blancos con negros. ¿Cómo se tomará esta decisión el pueblo?

‘Titanes’ habla de la solidaridad entre razas. Deja de lado el odio y la aversión. Hace llegar al gran público de que no es tan difícil que unos y otros se lleven bien. Y lo hace a través del deporte, en este caso, del fútbol americano. Es una piedra más en la construcción de esa utopía que es la paz. Al menos, la paz entre razas en la América profunda. Película bienintencionada y dulzona. Buena.