Der amerikanische freund (1977)

freundDirección: Wim Wenders 
Guion: Wim Wenders (Novela: Patricia Highsmith)
Producción: Road Movies Dritte Produktionen / Les Films du Losange / Westdeutschen Rundfunk
Fotografía: Robby Müller
Montaje: Peter Przygodda
Música: Jürgen Knieper 
Reparto: Bruno Ganz / Dennis Hopper / Lisa Kreuzer / Nicholas Ray / Gérard Blain
Duración: 125 min
País: Alemania 

Una diva del suspense, así podría definirse a Patricia Highsmith. De su imaginación surgió un personaje, Ripley, a quien el séptimo arte ha acogido con gusto entre sus brazos: Plein soleil (1960), The talented Mr. Ripley (1999) y la película que aquí tratamos, El amigo americano (1977). Las palabras de la novelista se tornan imágenes a través del buen hacer de uno de los grandes, Wim Wenders. Así, a medio camino entre Hamburgo y Nueva York, se nos abrirá una puerta que nos lleva a presenciar un formidable recital donde la violencia más pura ocupará un lugar especial, siendo juez y parte en la eterna lucha, la lucha entre el bien y el mal. 

Dennis Hopper, mítico actor con el que siempre estaremos en deuda por sus tremendos papeles en Easy rider (1969), Apocalypse now (1979), Rumble fish (1983), Blue velvet (1986) o Red Rock West (1992), encarna aquí a Tom Ripley, un marchante arribista a quien un desafortunado desplante de Zimmermann, interpretado fabulosamente por Bruno Ganz, le bastará para introducir a este último, mediante el pretexto de una muerte terminal, en un laberinto lleno de asesinatos, gángsters y dinero ensangrentado. Es decir, estamos ante un absoluto espectáculo. El pincel de Wim Wenders, especialmente afortunado con los grises que acompañan al retrato del errante solitario, da cobijo en este paisaje, además, a un rojo violento que tiñe a la cautivadora fotografía de Robby Müller. Violencia que no es más que maldad: la maldad innata que acompaña a un desamparado Dennis Hopper; la maldad que se apodera y carcome a un íntegro hombre como Bruno Ganz; la maldad de la que se aísla un brillante Nicholas Ray; la maldad frente a la que lucha con todas sus fuerzas Lisa Kreuzer. 

Wim Wenders hilvana una historia sobre los bajos fondos en la que lleva a Patricia Highsmith hacia su terreno, abriendo así un opresivo universo en el que las dudas, miedos y nervios de Bruno Ganz colisionarán con la alargada figura de Ripley, ese Ripley convertido a cowboy, náufrago en una gran mansión de Hamburgo y que hace del enigma su mejor carta. Tormentosa, asfixiante, violenta, así es El amigo americano. Sensaciones todas ellas que acompañan al relato de una de las escenas más memorables, la del primer asesinato en el metro parisino, de esta elegante y personal obra maestra. 

der_amerikanische_freund_1977_

‘Blue velvet’. Deslumbrante pesadilla.

blue_velvet_00Lumberton es un pueblo pacífico y tranquilo. Situado en North Carolina, sus habitantes trabajan en el sector maderero y ocupan ese estrato social al que conocemos como clase media. Amplias casas, bonitos jardines, serviciales coches y buen pavimento. Una colección de preciosos vecindarios en la que todo parece perfecto, impoluto. Una estampa, en apariencia, sin un pero.  

“Es un mundo extraño”. Jeffrey Beaumont, un joven que vuelve a su pueblo natal tras la enfermedad de su padre, no alcanza a comprender porqué existen los problemas, porqué la gente se comporta como se comporta. No entiende, en definitiva, la turbiedad que rodea a la vida. Él no la cree necesaria, como tampoco Sandy, una joven en la que en sus sueños imagina un mundo lleno de petirrojos, simbolizando éstos el amor y la benevolencia.  

El brillante David Lynch se sirve de la sensualidad de Isabella Rosellini, de la soledad y desamparo que proporciona un triste apartamento, de la obsesiva – casi enfermiza – actitud de Kyle MacLachlan, de la candidez y ternura de Laura Dern, de la peligrosidad de Dennis Hopper y, sobre todo, de las oscuridades que rodean a este mundo para tejer una obra angustiosa, de perfecta narración y estética, que termina por inquietar al espectador.

Un metódico thriller de claustrofóbica puesta en escena que juega con las dobles apariencias y las falsas realidades. Eso es, en esencia, ‘Blue velvet’. ¿Qué hay más allá de la superficie? Prepárense para adentrarse en esta deslumbrante pesadilla.

8.5/10

‘Rebel without a cause’. Icono de una época.

rebel-without-a-cause-corey-allen-james-dean-natalie-wood-1955

James Dean es un joven que apuesta por la hombría. Obsesionado por escapar de la cobardía, lucha por no parecerse a su padre, un fiel sumiso de los mandatos de su esposa. Quizás por ello siempre acaba metido en alguna pelea donde uno simplemente se juega el honor. Por su parte, Natalie Wood es una chica frágil, siempre ligera de ropa pero carente de ternura, su mayor deseo pasa por conocer qué es eso del amor verdadero. Muy cerca de ella anda Sal Mineo, el más joven de los tres. Un chico sin padres que simplemente reclama un poco de atención, sentirse importante para alguien.    

Total, que son los años cincuenta. La guerra ha terminado y en los Estados Unidos el bienestar alcanza cotas inimaginables. Los tiempos cambian y las incomprensiones generacionales aparecen. Los jóvenes andan tan o más desubicados que sus padres. Una transición en los hábitos y valores de vida que termina por eclosionar en una rebeldía sin causa, en una carrera de coches suicida en la que a la pregunta “¿por qué lo haces?” se le responde con un simple y claro “porque algo hay que hacer”. 

En esencia ‘Rebel without a cause’ es eso, una historia de incomprensiones y frustraciones juveniles. Una película endiosada por crítica y público. Miles de seguidores, en un alarde de personalidad, han copiado hasta la saciedad el look que aquí nos presentaba el malogrado James Dean. Nunca antes una cazadora roja significó tanto. Tampoco antes unos simples vaqueros y una camiseta blanca habían calado tan hondo en la sociedad. Cosas del cine. A todo ello contribuyó, en cualquier caso, el hecho de que la obra de Nicholas Ray fuera estrenada apenas un mes después de la trágica muerte del carismático actor, quien tan solo contaba con veinticuatro primaveras.

En fin, una película notable. No es una obra maestra ni mucho menos, pero sí es cierto que los tres personajes principales (además del contexto) están bien pincelados. El collage sentimental de Nicholas Ray en torno a las preocupaciones de la juventud termina por convencernos. En cualquier caso, no nos engañemos. Si por algo pasará a la historia ‘Rebelde sin causa’ será por su incomparable poder de atracción y su inconfundible estética. Lo dicho, James Dean.

7.5/10 

‘True romance’. Mítica.

amor-quemarropaSi tuviera que perderme en una isla desierta y tan sólo tuviese la opción de llevar una película conmigo, no hay duda alguna, esa cinta sería ‘Amor a quemarropa’. Escrita, a comienzos de los años noventa, por el mejor Quentin Tarantino que jamás ha existido (’92 Reservoir dogs, ’93 True romance, ’94 Pulp fiction), el proyecto, encabezado por los Weinstein, caía en manos del malogrado Tony Scott, quien conseguía pulir una verdadera joya cinematográfica.

Parece, a primera vista, que ‘True romance’ no se mueve en el mismo círculo que clásicos como ‘The godfather’ (1972), ‘Goodfellas’ (1990) o ‘Pulp fiction’ (1994). De hecho, muchos la tildarán de mediocre. A mí poco de eso me importa. Gusto personal, dirán. Así es, pues la sitúo (a pesar de sus imperfecciones) al mismo nivel que todas las citadas. ¿Por qué?

Pues porque ‘Amor a quemarropa’ me ha gustado, y mucho, desde la primera vez que la vi. Porque la música de Hans Zimmer está entre las mejores partituras que se han hecho nunca. Porque es una película que no depende de estados de ánimo, estaciones del año o edades, simplemente puedes acudir a ella cuando te plazca. Porque el reparto es monumental (vean el cartel y frótense las manos). Porque Christian Slater y Patricia Arquette conmueven con su amor verdadero desde el primer plano en que coinciden. Porque la historia tejida por Quentin Tarantino consigue pincelar un paisaje gangsteril extraordinario. Porque Tony Scott alcanzó, por fin y digan lo que digan, su mirlo blanco.

Porque, en definitiva, el amor que une a Clarence y Alabama entre violencia, mafiosos, estupefacientes, policías y disparos a quemarropa, es de lo mejor que se ha hecho en la historia del cine.

10/10 

‘Speed’. Tan inverosímil como sumamente entretenida.

El holandés Jan de Bont arrastraba a sus espaldas un trabajo más que meritorio como director de fotografía. Corría el año 1992 y él ya había dejado su impronta en películas como ‘Die hard’ (1989), ‘The hunt for Red October’ (1990) o ‘Basic instinct’ (1992). Era el momento, por tanto, de avanzar en su carrera por la vía de atrapar nuevos retos. Ahí estaba ‘Speed’, la primera película en la que el cineasta holandés ejercía como director.

La cinta tenía los ingredientes precisos para cautivar al espectador. Primero, Jan de Bont se conocía el género al dedillo, pues ya había trabajado con gente de la talla de Ridley Scott, Richard Donner o John McTiernan. Luego, nos topábamos con un acertado reparto. Buena química entre Sandra Bullock y Keanu Reeves, genial la malévola expresión de Dennis Hopper y reputada aparición como secundario de lujo de Jeff Daniels. A ello súmenle una factura técnica intachable, destacando una meritoria labor de fotografía y unos brillantes efectos especiales. Tampoco conviene olvidar el poder adrenalínico que atesoraba la historia de Graham Yost, oficioso guionista en el género de acción (Hard Rain; Broken arrow) que conseguía elaborar aquí un relato tan sencillo como magnético.  

En fin, el pulso brindado por Keanu Reeves y Dennis Hopper logra satisfacer las expectativas del espectador. Un autobús y la amenazante presencia de un artefacto explosivo sirven para tejer esta trepidante historia cargada de explosiones, tensión y velocidad. Están frente a una de las mejores cintas de acción de la década de los noventa.

7.5/10  

‘Red rock west’. Sueño convertido en pesadilla.

John Dahl, cineasta irregular donde los haya, capaz de realizar interesantes cintas, siempre dentro de la órbita comercial hollywoodense, como ‘The last seduction’ (1994) o ‘Rounders’ (1998), apuntaba maneras, allá por 1992, con la manufactura más personal de toda su filmografía, sacando de sus entrañas, en compañía de su hermano Rick Dahl, el guión de esta sensacional cinta con título tan árido: Red Rock West.

Un brillante Nicolas Cage se enfunda el traje de chico duro, pero bondadoso, originario de Texas, aunque perdido en los agrestes paisajes de Wyoming, que anda buscando el sueño americano perdido, haciendo gala de aquel lema que citaba que cada cuál debía labrarse su propio futuro. Así pues, el destino le jugará una mala pasada en una cochambrosa gasolinera. “Acércate a Red Rock”, le aconsejaron, “buscan trabajadores allí”. Con cuatro dólares en el bolsillo, y ostentando la condición de forastero, tenía pocas opciones más aparte de la de acudir a tan desincentivante propuesta .

A partir de ese momento, de esa entrada enmarcada con tan desbaratado rótulo de bienvenida, comenzaba el recital que John Dahl nos había deparado. Tenía los ingredientes oportunos: proposiciones indecentes; juegos de identidades esquivas; sicarios, ladrones y buscavidas; violencia y dólares ensangrentados. Todo era combinado de un modo excepcional, manteniendo siempre una exasperante incerteza acerca del leitmotiv de tan inquietante trama, dando como resultado un thriller tan tentador como corrosivo, cuya fórmula de éxito seguiría, cinco años después, Oliver Stone con ‘U-Turn’.

7/10

Spoiler

Al final, él se marcha a lomos de un ferrocarril, en busca de un sueño, el americano, que parece negársele. Sin embargo, en la búsqueda de tal ideal se topó con la vivencia de una auténtica pesadilla, en un pueblo del que le será difícil olvidar su nombre: Red Rock.

‘Easy rider’. Un pasote de primera.

El Capitán América lanzó el reloj. Ya no quería ataduras, ni prisas. Estamos en las proximerías del 68. Se marchaba, juntamente con Billy, camino hacia la libertad. Y lo hacían en sus dos choppers, cargadas de gasolina y dinero manchado de farlopa. Por delante tenían un camino de asfalto en el que saborear el aire que colisiona en tu cara, disfrutando del paisaje, durmiendo en los desiertos del medio oeste estadounidense, soñando con el martes de carnaval de New Orleans y el retiro en las playas de Florida.

Un ranchero católico, un hippie y su utópica comuna, una cárcel compartida con Jack Nicholson, una taberna cargada de pueblerinos conservadores, New Orleans, el cementerio y las dos putas. Dos cuerpos ensangrentado en el asfalto. Todo a golpe de una BSO sensacional, rock sesentero del bueno, y de una fotografía cautivadora. No olviden el alcohol, la maría y el LSD. Tampoco el destino final de todos esos pecadores, el de “si Dios no existiera habría que crearlo”.

Retazos, todos ellos, de una obra plenamente lírica. Dennis Hopper y Peter Fonda nos han regalado una visión muy poética del pasote general que se pegaron por aquellos años los niños de papá de medio mundo occidental. De sueños y grandes acciones que se ahogaron entre drogas y esloganes bienintencionados.