‘Prisoners’. Turbiedad.

prisoners-poster“Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. 

El buen thriller no abunda, la verdad. Menos todavía en aquel caso en el que el foco de la historia recae sobre el siempre espeluznante tema de las desapariciones. Por eso, películas como Prisoners (2013) siempre son agradecidas de ver, como en su día lo fueron Mystic river (2003), Gone baby gone (2007) y, en cierto modo, Winter’s bone (2010).   

Una película absolutamente turbia. Inquieta sobremanera el desasosegante paisaje ideado por Aaron Guzikowski, y que nos relata con fino pulso Denis Villeneuve, cineasta canadiense que ya había dejado muestras de sus cualidades con Incendies (2010). La factura técnica de la cinta es, además, formidable. Todo desprende sensación de calidad, de trabajo bien hecho. El montaje está tan bien engrasado que sus 150 minutos de duración se devoran con gusto. La fotografía de Roger Deakins es, como casi siempre, excepcional. La partitura de Jóhann Jóhannsson contiene un punto de mala sangre que ayuda en la tarea de alterarnos el pulso y la conciencia. Y el reparto… son palabras mayores en esta ocasión.

¿Qué harían si su pequeña hija desapareciera de pronto? La agonía absoluta, la hiriente desesperación y el atroz sinsentido en el que se convierte tu vida son sensaciones que Prisoners plasma con aterradora humanidad. Uno termina por desear no verse jamás en un infierno como el aquí presentado a través de un relato contundente, desquiciado y muy, muy doloroso. La interpretación de Jake Gyllenhaal, por cierto, me parece de lo mejor del año. En definitiva, una inquietante, tensa e incisiva obra maestra.  

9/10

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‘Incendies’. Los horrores de la guerra.

‘Incendies’ es un viaje hacia el corazón de las tinieblas, como diría Joseph Conrad. Un misterio, el de resolver la identidad de un padre y un hermano perdidos en el Líbano, cuyo esclarecimiento se produce a fuego lento, con pasos minuciosos que no esquivan ni el terror, ni la barbarie. Son los horrores de la guerra los que se nos muestran aquí sin ningún tipo de tapujo, incluso recurriendo, diría yo, a la exageración argumental.

Con todo, películas como esta siempre son necesarias. Más aún cuando toman, en tal difícil tesitura, el camino de la reconciliación. Un camino que mira hacia atrás con dolor, pero con perdón, alejándose del odio y la ira que no conduce a ningún otro lugar, como aquí nos ha relatado Denis Villeneuve, que no sea a esas alargadas y profundas tinieblas.

8/10