‘Reindeer games’. Entretenida.

600full-reindeer-games-posterEl guaperas de Ben Affleck y la sensacional Charlize Theron protagonizaban, allá por el año 2000, esta navideña cinta producida por los Weinstein que, misteriosamente, pasó sin pena ni gloria por las salas de cine. 

Hablamos de ‘Operación Reno’. Y digo lo de misteriosamente porque, a mi parecer, estamos ante un thriller trepidante, narrado con buen pulso y oficio. La labor de John Frankheimer en tareas de dirección es meritoria. El guión de Ehren Kruger, por su parte, está bien hilado, además de contener algún que otro giro sorprendente en la trama de la película. Todo fluye con soltura y desparpajo, consiguiendo así amenizarnos la velada en base a la accidentada vuelta a la normalidad del personaje al que da vida Ben Affleck. Además, ¡sale el emblemático Danny Trejo en escena!     

El atraco a un casino ejerce como vértice de la historia, súmenle a ello la tensión sexual entre los tortolitos protagonistas, la malvada interpretación de Gary Sinise y el evocador aire navideño del film para enriquecer el activo de una película plenamente recomendable.

7/10 

‘Con Air’. Acción de calidad.

¡Cuidado! No caigan en la tentación de linchar a esta cinta. Estamos ante una de las obras cumbres de uno de los principitos de Hollywood, Jerry Bruckheimer. Las estruendosas mascletaes que éste suele coordinar no son sinónimo de Oscar, pero sí de entretenimiento digno. Y ahí, ‘Con Air’, aventaja por un buen trecho a tantas y tantas obras que erran a la hora de cumplir con tal propósito.

Es un curioso caso de precisión, elegancia y virtuosismo puestas al servicio de un género, el de acción, que no suele caracterizarse por tales notas definitorias. Más de uno dirá que vaya despilfarro. Pues así es, un despilfarro muy bien trabajado. Tanto que pasa por ser una de las mejores películas de acción de los noventa. Esto se percibe desde un prólogo que entremezcla el romance y la violencia con la sutileza que atesora la fantástica canción ‘How Do I Live’.

Luego, viene el divertimento sideral parido por un reputado guionista como es Scott Rosenberg. La idea es tan rebuscada como bárbara, gravitando todo en torno a la colosal figura de Nicolas Cage, quien además de luchar en la sombra contra todos los malos que uno pueda imaginar, debe aguantar el tipo con tal de cumplir ante su amada esposa, Monica Potter, y su querida hijita. Siempre, eso sí, con la ayuda de un secundario de lujo como es John Cusack.

En fin, muchas caras conocidas se juntan para trabajar en una película que presenta una factura técnica de diez. El oficio del guión y la dirección sirve para rendir tributo a un género que, a partir de entonces, comenzaría a entrar en la senda de la hipérbole y la degradación. El discurso moral recitado, como en toda cinta de acción, es cuestión aparte.

6.5/10  

‘Anaconda’. Obvio, una película del montón.

El hecho de que Luis Llosa no haya firmado nada en tierras estadounidenses desde que dirigió ‘Anaconda’, allá por 1997, es un tanto curioso. No seamos malos y vayamos a pensar que es una causa-efecto en relación con la calidad de este producto. Ironías fuera, no comparto el linchamiento generalizado hacia esta película. Obvio que no es una obra maestra. Obvio que es una película mediocre. También, obvio que es y será como tantas cintas de la misma calaña a las que generalmente uno se refiere como “se deja ver”, “del montón”, “para pasar el rato”.

Pero, quid de la cuestión, ¿qué esperaban encontrar en Anaconda cuando le dieron al play? ¿no sería acaso la versión moderna de ‘Jaws’ (1974), verdad? La expedición del National Geographic, liderada por la exuberante Jennifer, ejerce como clave de bóveda de una historieta con pretensiones terroríficas que no acaba de cuajar.

En fin, asfixiantes aventuras en las verdosas aguas del Amazonas. Tiene un buen cartel (énfasis en Jennifer Lopez), un buen prólogo, un buen villano (Jon Voight) y, sí, una historia bastante limitada. Aparte de eso, el factor terrorífico originado por la presencia de la anaconda es difícil de percibir. Pocos sustos y bastantes carcajadas al presenciar la calidad de los efectos especiales aquí brindada. Lo dicho, del montón.

4.5/10 

‘Heat’. Brillante y magistral policíaco.

‘Heat’ es una historia de personajes, de buenos y malos, en la que Michael Mann pule, perfila y compone con férrea precisión a cada uno de ellos, dándoles así la profundidad requerida, pero sabiendo manejar, no obstante, el tempo de la narración con maestría, alternando así la singularidad con la generalidad, nunca perdiendo de vista, por tanto, el tema principal: la lucha de titanes bindada entre Robert De Niro, pensador estratégico de la banda de atracadores, y Al Pacino, cabeza pensante del cuerpo policial de Los Ángeles.

Michael Mann consigue hacernos partícipes absolutos de esta trama. Nos sumerge así, del lado de los bandidos, en la amargura y el dolor que caracterizan la existencia de Robert De Niro (Neil McCauley), un tipo aquejado por el vacío sentimental, arrepentido por esa vida de maleza y perversión, buscando dar un último golpe tan redentor como liberador. También nos empapamos de la tristeza que irradia el personaje de Val Kilmer (Chris), tipo duro pero de corazón blando, devoto amante de su sufrida esposa, Ashley Judd. Además, siempre está latente la alargada figura de Jon Voight, el veterano instigador que proporciona la acción que estos hombres, incluidos Tom Sizemore y Danny Trejo, necesitan como motor de combustión. No obstante, esta vida conlleva riesgos, existiendo siempre cabos sueltos en forma de Waingro, un temerario Kevin Gage, y Roger Van Zant, el siempre correcto William Fichtner.

Pero toda moneda tiene su reverso. Éste en ‘Heat’ no es otro que Vincent Hannah, un todopoderoso Al Pacino. Sobre él recae todo el peso policial, salvo por las apariciones contadas y necesarias de Wes Studi y compañeros. Sentimos la angustia y el dolor que lleva en sus adentros, interiorizando así un trabajo que es un modo de vida. Una sempiterna búsqueda del mal que arrasa con todo lo que pulula a su alrededor, ya sea una olvidada esposa, la acertada Diane Venora, o una vilipendiada hijastra, interpretada por una jovencísima Natalie Portman. Ahora vive por y para atrapar al intrigante McCauley, una figura por la que siente total respeto y admiración. ¿Quién saldrá vencedor? Tendrán que ver ‘Heat’ para comprobarlo. Por mi parte, lo dejo en tablas.

La narración desprende talento, oficio y clase en cada diálogo, en cada escena, en cada situación. Pocos, además, conseguirán plasmar la violencia implícita a las escenas de acción de un modo tan tenso e hiperrealista como el aquí mostrado. El cineasta, Michael Mann, sienta cátedra acerca de cómo elaborar un thriller, moviendo las piezas de un modo preciso, inteligente. Juega así una partida perfecta en la que el espectador disfruta en todo momento. Ayuda en tal función el contar con una factura técnica intachable, marca de la casa en las cintas de Mann, así como poseer un listado de nombres tan poderoso en el cartel. Tenemos aquí, por tanto, a una de las mejores películas de la década de los noventa. Un auténtico tributo al mejor cine policíaco, teñido con el toque thrill que tanto le gusta manejar al cineasta de Chicago. Imprescindible.

9.5/10

‘Animal factory’. Sobrevivir en el infierno.

Steve Buscemi tiene una buena carrera como director en el mundo del cine independiente. Esta película, ‘Animal factory’, supuso su segunda incursión detrás de las cámaras, decantándose por una temática arriesgada: un drama carcelario.

El título ya nos indica cuál es el objeto de crítica de esta película. Buscemi trata de realizar una denuncia social acerca de todo aquello que rodea a las prisiones. ¿Qué vida hay allí dentro? ¿Son animales inmundos los que habitan en ellas? ¿Sirven verdaderamente para la reinserción del reo en la sociedad? El cineasta se preocupa de mostrarnos detalladamente las entrañas de tan penitente existencia. Desde el juicio que acompaña al crimen y que acaba con un chaval de clase media, casi sin saberlo, detrás de los barrotes de un penal, hasta los peligrosos automatismos existentes entre los presos. Siempre acompañado de un trasfondo explícito: evitar la primera línea, no ser carne de cañón allí dentro. Es la prioridad a la que uno, recién llegado, debe atender. Esto es la jungla, repleta de animales feroces, y conviene sobrevivir.

El cineasta pone el contrapunto a tan degradante y tenebrosa atmósfera con la relación establecida entre el joven carcelario, Edward Furlong, y el veterano, Willem Dafoe. Una relación humana, sentida y bondadosa. Hay cabida para la solidaridad y la ayuda mutua. Sin embargo, éste no es lugar para un chico como tú, Furlong, parece querer decirle Buscemi. Joven y con toda una vida por delante, no sería conveniente entrar a formar parte de esa factoría de animales. Ésa de la que ya no puede escapar Willem Dafoe, quién ya ha interiorizado que mejor “ser rey del infierno que siervo en el cielo”.

7/10

‘From dusk till dawn’. Titty twister.

Tarantino ya tenía caché cuando se lanzó, de un modo tan gamberro, a escribir/estrenar ‘Abierto hasta el amanecer’. Había mostrado sus dotes con ‘Reservoir dogs’ (1992), nos había dejado alucinados con el guión de la mítica ‘True romance’ (1993), y ya formaba parte de la historia del cine por la excelentísima ‘Pulp fiction’ (1994). Era el año 95, y tocaba divertirse. Sí señor, y qué mejor colega que un tal Robert Rodríguez para conseguir tal cometido por cuenta doble: ‘Four rooms’ y la obra que aquí nos ocupa. La fiesta la pagaron los hermanos Weinstein (por la vía Miramax) y los chicos de A band apart (Lawrence Bender, además de los coautores de esta cinta), engalanándola, hablando de reparto, con el feo de Tarantino, un tal George Clooney (aún no era el galán del nespresso), valores consagrados como Harvey Keitel o Juliette Lewis, sin olvidar al mítico Danny Trejo ni a la incendiaria Salma Hayek.

Hay dos partes claramente diferenciadas en esta película, y México ejerce de frontera entre ambas dos. Una, la primera, me gusta mucho. La lógica que marca el ritmo no es otra que la huida de los reos (con secuestro incluido) hacia la libertad (entendida, por nuestros protagonistas, como una farra crónica). De un modo u otro, el prólogo está en el top10 del cine americano de los 90. Es el momento culmen, así de inicio, de las fechorías de los hermanitos. Pero no conviene olvidar la magistral interacción entre los criminales bravucones y la familia del reverendo (sí, la tensión sexual enfermiza entre Tarantino y Lewis es de lo mejor de la cinta). Luego, pasada la vibrante escena de la frontera, viene la segunda parte: México, el desierto y ‘La teta enroscada’. Ojito porque aquí tienen una de las cintas, con vampiros de por medio, más fresca, alocada y divertida que ha parido Hollywood en su larga vida (gracias a los Weinstein por meter su dinero en esta barbarie argumental). El baile de la Hayek es el preliminar idóneo para abrir el apetito ante la cascada fanfarrona, chulesca, colmillera y sanguinolenta que inunda nuestra atención.

En fin, admitiendo cierto grado de sobrevaloración por mi parte, he de reconocer que ‘From dusk till dawn’ es uno de los híbridos (road movie, comedia, thriller, acción, terror) más gratificantes que yo haya visto nunca. Eso sí, no le busquen la profundidad ni la reflexión a la cinta, porque no la encontrarán. En su lugar tienen oficio, tensión, clase, ingenio, espectáculo, diversión y entretenimiento a raudales. Forma parte del Club.

8/10

‘Machete’. Coña fronteriza.

Lo poco gusta, lo mucho cansa. Cuando tres años atrás “Machete” encandiló al público (de risas) en uno de los curiosos tráilers que se insertaban en ‘Grindhouse’ (2007), pocos esperábamos que esa excéntrica idea fructificase en un largometraje. Sin embargo, el clan Rodríguez pareció ver el filón, subiéndose al carro del dólar con una propuesta pasada de vueltas, en la que hay poco de novedoso y mucho de recreación.

La trama tampoco conviene tomársela muy en serio. La cosa va sobre un asunto fronterizo entre México y USA, con mafias, políticos conservadores y espaldas mojadas de por medio. Por tanto, poco ya se puede esperar de esta cinta, más allá de alguna escena meritoria con cierto ingenio y humor, o de ver en acción a carcas que evocan nostalgia como Steven Seagal.

Entiéndanla como un sentido homenaje a Danny Trejo, ese eterno secundario (al pobre siempre lo han matado en su filmografía) que se convierte en estrella protagonista en este cartel. Aquí no sólo no lo matan, sino que es él quién corta cabezas y abre ríos de sangre a tutiplén. Además, el campeón se monta un ménage à trois con Lindsay Lohan y una pelirroja, y acaba zumbándose a Jessica Alba y Michelle Rodríguez. Ahí es nada.