‘Lincoln’. Abrumadora.

poster-lincoln-gdeA Steven Spielberg le gusta la historia, y eso se nota en su extensa filmografía. Ahí lucen titulos como Schindler’s list (1993), Amistad (1997) o Saving private Ryan (1998), por nombrar a algunos de ellos. En esa línea se mueve Lincoln, película con la que se atreve a mostrar al gran público, además de los últimos coletazos de la Guerra de Secesión, el proceso que condujo a la abolición de la esclavitud en la segunda mitad del siglo XIX en los Estados Unidos.

La historia, más allá de los quisquillosos reproches que se le puedan hacer, está bien documentada. El guión de Tony Kushner rebosa densidad. Un disfrute para los historiadores. Además, el apartado técnico es extraordinario, comenzando por la música de John Williams, continuando con la fotografía de Janusz Kaminski y terminando con la oscarizada dirección artística. Del mismo modo, el reparto es de absoluto escándalo, tanto en cantidad de nombres como en calidad. Daniel Day-Lewis vuelve a ofrecer un recital al interiorizar (para luego representar) de un modo casi enfermizo la idiosincrasia del Presidente Abraham Lincoln. Eso sí, que nadie se olvide de Tommy Lee Jones, quien vuelve a demostrar que como secundario de lujo no admite rival.

La cinta de Steven Spielberg tiene todos los ingredientes para ser una gran película. Sin embargo, falla en tal propósito. Y falla porque es una película excesiva. Las rigideces del guión minan la soltura de la narración, empañando así todas las virtudes (y son unas cuantas) de esta película. En cualquier caso, un abrumador biopic sobre uno de los políticos más importantes en la historia de los Estados Unidos.

7/10

‘The boxer’. Volver.

boxer_ver1Película intensa, llena de dureza y humanidad. El siempre extraordinario Daniel Day-Lewis vuelve a trabajar con Jim Sheridan para diseccionar el día a día en las calles de Belfast. Lo hace encarnando a Danny Flynn, un prometedor boxeador que erró al alinearse del lado de la violencia. Su vida se echó a perder durante 14 años entre los barrotes de una celda. Tiempo suficiente para reflexionar, para ver las cosas de distinto modo. 

¿Cómo verían la vida después de tanto tiempo en prisión? ¿Cómo encajarían haber perdido catorce años por una causa tan intolerante? Su ilusión y objetivo es reencontrarse. Volver a su ciudad, a su barrio, a su casa. Dejar atrás la oscuridad  y el silencio. Encontrar a su viejo amor y boxear. Recuperar el tiempo perdido. Aunque no sea fácil hacerlo en mitad de ese infierno, en mitad del conflicto que desangró a Belfast durante tantos años.  

‘The boxer’ es una película nacida desde el corazón. Un canto al respeto, a la tolerancia y a la convivencia elaborado en 1997, en plena pugna en el Ulster. Tiene un componente político implícito, pero esto no va de británicos ocupadores contra norirlandeses sometidos. Sí señala, con mayor énfasis, las cicatrices dejadas por el conflicto en la propia región entre católicos y protestantes. Pero, ante todo, la historia gravita en torno a la estoica lucha de un buen hombre por vivir en paz y armonía, redimido de sus pecados pasados. Una historia, en definitiva, digna de contar.

8/10 

‘The last of the mohicans’. Heroica, conmovedora, trágica.

Corría el año 1992 cuando un cineasta, hasta entonces poco aclamado, se daba a conocer ante el gran público. Su nombre era Michael Mann, y no era ningún jovenzuelo que digamos, pues rondaba ya la cincuentena. Padre de la archiconocida serie ‘Miami vice’ (1984), en su faceta de autor (dirección y guión) ya contaba con tres películas interesantes aunque a un escalafón por debajo, en cuanto a nivel, de sus mejores obras. Aquéllas eran ‘Thief’ (1981), ‘The keep’ (1983) y el germen de Hannibal Lecter, ‘Manhunter’ (1986).

En fin, digamos que era un tipo consolidado, aunque le faltaba dar ese salto cualitativo que distingue al buen cineasta del maestro. Y por ahí apareció ‘The last of the mohicans’. Una película llena de fuerza y sentimiento en la que el cineasta conseguía compaginar, con una sutileza y perfección asombrosa, la dimensión crítica al afán imperialista de Occidente con las terribles consecuencias del mismo sobre los nativos e indígenas (especial atención a mohicanos y hurones), alternándolo todo con una(s) historia(s) de amor tan vigorosa(s) como creíble(s).

Hablamos, por tanto, de una historia completa, un fabuloso trabajo de guión servido a través de una factura técnica intachable. Junto a la magistral dirección de Michael Mann, encontramos una sublime labor de fotografía a cargo de Dante Spinotti, así como un reparto de altos vuelos en el que prepondera el trabajo de un tal Daniel Day-Lewis. Eso sí, no deberíamos olvidar las interpretaciones de Madeleine Stowe, Russell Means y Wes Studi, quienes ponen toda la carne en el asador para darle veracidad y sentimiento al asunto. Por último, cabe destacar que la emotividad de esta cinta no sería la misma sin el compás marcado por Trevor Jones y Randy Edelman.

Puro sentimiento. Difícil que a uno no le emocione esta heroica, conmovedora y trágica historia que recorre, con pulso milimétrico y oficio de maestro, los sangrientos y dolorosos pasillos que caracterizaron a los Estados Unidos a finales del siglo XVIII.

9/10 

‘There will be blood’. Pozos de pretenciosidad.

Pozos de ambición, como fue traducida aquí, relata la vida de un ambicioso hombre que volcó su vida en el negocio del petróleo. Desde sus inicios como geólogo hasta su llegada al altar mayor, al mundo del empresariado petrolífero. Cierto es que la primera parte de la película es muy interesante. Los inicios de ese hombre ambicioso, pero sumamente trabajador, que lucha por labrarse un futuro mejor.

La llegada a las tierras del pequeño pueblo perdido en medio de la nada alterará el rumbo del film. Aquí comenzará el descrédito del mismo. Los conflictos entre iglesia y negocio, los vaivenes familiares, el mundo oscuro que se esconde tras el rostro de Daniel Day-Lewis, la construcción del imperio y el desafío ante todo lo que no sea él, su trabajo y su petróleo. Day-Lewis hace de lobo solitario que devora todo lo que tiene a su alrededor. Poco a poco se desenmascara al ególatra. Sin embargo, no hay nada convincente en esta historia, nada emotivo.

‘There will be blood’, como punto fuerte, posee una fotografía sublime. Imágenes bellas y hermosas. Pero nada más. No rebusquen. No merece la pena desperdiciar 160 minutos en esto. Ni siquiera me ha gustado la oscarizada interpretación de Day-Lewis. Aburre el histrionismo del británico y de su compañero de reparto, el “predicador” Paul Dano. El film rebosa pretenciosidad por los cuatro costados. No es ninguna gran película.