‘Reindeer games’. Entretenida.

600full-reindeer-games-posterEl guaperas de Ben Affleck y la sensacional Charlize Theron protagonizaban, allá por el año 2000, esta navideña cinta producida por los Weinstein que, misteriosamente, pasó sin pena ni gloria por las salas de cine. 

Hablamos de ‘Operación Reno’. Y digo lo de misteriosamente porque, a mi parecer, estamos ante un thriller trepidante, narrado con buen pulso y oficio. La labor de John Frankheimer en tareas de dirección es meritoria. El guión de Ehren Kruger, por su parte, está bien hilado, además de contener algún que otro giro sorprendente en la trama de la película. Todo fluye con soltura y desparpajo, consiguiendo así amenizarnos la velada en base a la accidentada vuelta a la normalidad del personaje al que da vida Ben Affleck. Además, ¡sale el emblemático Danny Trejo en escena!     

El atraco a un casino ejerce como vértice de la historia, súmenle a ello la tensión sexual entre los tortolitos protagonistas, la malvada interpretación de Gary Sinise y el evocador aire navideño del film para enriquecer el activo de una película plenamente recomendable.

7/10 

‘The legend of Bagger Vance’. El swing de la vida.

3864_posterEn el año 2000 la Fox y Dreamworks apostaban por un proyecto que pasaba inadvertido para mí hasta hace nada. Es ‘La leyenda de Bagger Vance’, manufacturada por ese genio que se prodiga tan poco detrás de las cámaras, el mítico Robert Redford. 

La historia que esconde esta narración es muy bonita de escuchar. Esto va sobre el golf, el drop y la vida. Una historia que guarda en sus adentros más de un preciado secreto, destacando un Matt Damon sobresaliente a la hora de poner sobre el tapete toda esa reflexión vitalista simbolizada por el espíritu de Will Smith. 

Superación, esfuerzo y constancia. Redford emplea el golf, la Gran Depresión y las cicatrices de una guerra para reflexionar, con tino y sutileza, sobre la vida. ¿Qué sucede cuando uno pierde el equilibrio? Los personajes que componen esta narración se esmeran por respondernos a esta cuestión. Ritmo clásico para una película gustosa de ver. Cómo renacer de las miserias y cenizas. Cómo recuperar el swing perdido. Basta con recordar, nos cuenta esta notable película.   

7.5/10 

‘The cider house rules’. Retazos de vida.

Las_normas_de_la_casa_de_la_sidra-941679230-large“Buenas noches príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra.”

Tenía una cuenta pendiente con esta película. Una cuenta que duraba ya la friolera de catorce años sin ver la que todos etiquetan como una de las mejores películas de Lasse Hällstrom. Hablo, por supuesto, de ‘Las normas de la casa de la sidra’. Película que forma parte de la mejor cosecha que ha tenido Hollywood recientemente, pues en 1999 las salas de cine iluminaron historias tales como ‘American beauty’, ‘La milla verde’, ‘El sexto sentido’, ‘El dilema’, ‘The straight story’, ‘Huracán Carter’, ‘Magnolia’ o ‘Acordes y desacuerdos’, entre otras. ¿Difícil colarse en las nominaciones de los Oscar a la mejor película, verdad?

Una narración emotiva, empapada de vida y humanidad. El tándem formado por Hällstrom y John Irving combina perfectamente las piezas, elaborando así un sentimentalismo que emociona con naturalidad y sencillez, sin caer en la exageración ni la cursilería. El romance surgido entre Tobey Maguire y Charlize Theron, aún siendo notable y teniendo un significado tan vital, no puede compararse con el amor que une al magistral Michael Caine con el orfanato de St. Cloud, la clave de bóveda de esta narración. 

Esta no es sólo la historia de un chico que quería vivir, liberarse, abrir nuevos horizontes y encontrar, al fin, su sitio en este mundo. Hay mucho más, aunque todo se nos presente con calma y serenidad, en torno a la completa galería de personajes que aquí se nos expone, tan bien pulidos y trazados. Una historia, en definitiva, bonita de ver.

7.5/10

‘The curse of the jade scorpion’. Disparatado divertimento.

A Woody Allen le debemos mucho. Asocio su nombre con un género concreto, la comedia. Es un seguro de vida moviéndose por esas lindes. Aunque haya demostrado con creces que es un maestro en el tejido de historias con un mayor calado dramático, véase, por ejemplo, la magistral ‘Match point’ (2005), el legado del Woody cómico será sempiterno.

En su cita anual con su público, allá por el 2001, el polifacético neoyorquino nos brindaba esta mágica comedia de título tan inspirado: ‘La maldición del escorpión de jade’. El protagonista era interpretado por él mismo, encarnando a un detective de una agencia de seguros al que la vida le iba de fábula hasta que conoció, en plena ola de racionalización (sí, allá por los 40 ya se usaba el término), a una nueva compañera/superior, Betty Ann Fitzgerald, interpretada por una actriz a la que uno ve menos de lo que desearía en la gran pantalla, la brillante Helen Hunt. A ellos se les unían, en labores de reparto, uno de los cazafantamas más carismáticos de los ochenta, el bueno de Dan Aykroyd, y la sensual Charlize Theron. 

¿La historia? Enredos a tutiplén, marca de la casa, envueltos en un contexto maldito y ladronzuelo. Allen es un maestro diseñando circuitos sentimentales tan enrevesados como brillantes, disfrutando el espectador en tan volátil recorrido. Además, el perfil de los personajes es completo, gozando así con la caricatura y la desvergonzada actitud brindada a los mismos. A todo ello se le añaden unos diálogos chispeantes y alocados, junto con la mecha que enciende tan disparatado divertimento: una hipnosis en base a dos palabras (Constantinopla y Madagascar).

En fin, estamos ante un producto de calidad. Una obra que, sin ser maestra, atesora buen gusto por la comedia sana, consiguiendo transmitir esa cualidad tan escasa en la cartelera actual: la gracia espontánea. Un lujo.

7.5/10

‘The yards’. Welcome home Leo.

The yards’, como fue titulada en su versión original, suponía la segunda obra en la filmografía de James Gray, uno de los cineastas con más pedigrí dentro del panorama actual. En esta ocasión, y tras haber irrumpido seis años antes con ‘Little Odessa’ (1994), el excelente autor retrataba las andanzas de un ex reo, Leo, que volvía al barrio, a casa, abandonando la oscuridad y viendo la luz al final del túnel (gran primer plano).

En su vuelta al hogar, la ansiada reinserción social que él buscaba no será fácil. Su entorno familiar, en especial su madre, querrá que siente cabeza, dando un respiro a su frágil corazón. Así lo verá su tía, la hermana de su madre, y su prima hermana. La familia, objeto de focalización dentro del cine de Gray, no será dejada de lado. Sus dilemas, sus dolores, su amargura. Todo será expuesto. Leo, para pena de su madre, pronto volverá a regentar las compañías de sus viejos amigos, extorsionadores y maleantes de tres al cuarto, al tiempo que se dejará cautivar por la dulce llamada de su tío político, Frank, un empresario de la industria ferroviaria, y del asalariado de éste, su mejor amigo Willie. Una compañía, como comprobaremos en cada plano, nada recomendable para volver al buen camino.

La temática del film no se aleja de los rasgos característicos de James Gray. En sus historias siempre encontramos a un anónimo de ese barrio al que tanta pasión tiene el cineasta. Encontramos un alma perdida que busca encontrar su camino, con las aflictivas relaciones familiares, con un amor desgraciado y doloroso (en esta ocasión, muy particular), todo siempre envuelto en un contexto turbio. Una turbiedad materializada, en esta ocasión, en el mundo de los ferrocarriles, de las estaciones de trenes, del oscuro negocio que hay en torno a ellas. Corruptelas desatadas entre empresarios y políticos sirven como envoltorio ideal para la acción de nuestro chico, de Leo.

James Gray nos vuelve a malacostumbrar con su particular y personal elegancia visual. Su estética es inconfundible, impregnando con sus juegos de claroscuros cada plano de esta versionada historia de Terry Malloy, aquel rudo delator interpretado por Marlon Brando en ‘La ley del silencio’ (1954), quien esta vez es encarnado por Leo, un tipo seco y frío que luchará contra las hienas del barrio, tratando de dejar de ser carne de cañón, buscando el buen camino. Película con una ambientación que roza la perfección y una historia conmovedora cargada de un pasado gris, un presente tan bondadoso como doloroso y un futuro esperanzador. A ello hay que añadirle la maestría en el momento de dirigir a los actores, grandes actores de la talla de Joaquin Phoenix, Mark Wahlberg, James Caan, Ellen Burstyn, Faye Dunaway o Charlize Theron. Todos, todos están espléndidos en esta gran película.

‘Lejos de la tierra quemada’. Kim Basinger, Charlize Theron y la niña de 11 años.

El tándem Arriaga/Iñarritu nos regaló, en su momento, auténticos peliculones. ‘Amores perros’, ’21 Gramos’ y ‘Babel’ figuran entre las mejores películas, para mí, de los últimos años. Pero llegó el divorcio, y ambos se lanzaron a la aventura en solitario. Guillermo Arriaga ha demostrado con ‘Lejos de la tierra quemada’ que no solo es un gran guionista, de los mejores, pues sus historias entrelazadas eran joyas, sino que también es un fabuloso director. Y así lo ha demostrado con ese juego en el tiempo entre distintos mundos: un pasado árido, seco, sórdido, representado en una cochambrosa caravana ardiendo en mitad del desierto en la que buscaba cobijo, amor y felicidad una magnífica Kim Basinger; un presente frío, distante, irracional, donde una excepcional Charlize Theron se abre de piernas ante el primero que pasa, como tratando de olvidar, o de huir, o, simplemente, de sentir algo; un futuro que abre un halo de luz esperanzadora, en forma de una niña de 11 años, para reconciliarse con todo lo hecho hasta la fecha. 

‘Lejos de la tierra quemada’  es un notable drama que ahonda en los conflictos familiares de personas que viven en un lugar mestizo, Las Cruces, donde mexicanos y estadounidenses se dan la mano. Amores cautivos, engaños, resentimientos, locuras. Todo ello conforme un paisaje nada halagüeño para Mariana, quien se aposentó, como vía de escape, en lo imposible, en lo irracional. Y llevó ese peso durante toda su vida. Una vida amarga, con un toque final alentador, que ha sido retratada de una manera excepcional por Guillermo Arriaga.