‘Memento’. Única.

Christopher Nolan sorprendía a propios y extraños con una original propuesta presentada al público en el año 2000 y titulada con el nombre de ‘Memento’. La cinta en sí supuso una bocanada de aire fresco principalmente debido a su particular montaje, con una puesta en escena diferenciada en dos grandes bloques (blanco y negro para el presente y la reflexión, color para la acción en sí), y esa original línea argumentativa (dentro de la vía color) que se encaminaba de adelante hacia atrás, siendo una pieza única dentro del panorama cinematográfico (así a grandes rasgos), convirtiéndose en objeto de pedantería para unos (oh! qué moderno es este Nolan!), en un simple absurdo para otros (vaya lío! no la entiendo!), o en una obra maestra (gran coherencia entre la historia y la forma de plasmar ésta) para gente como yo.

Un guión formidable el escrito por el cineasta firmante, asentado sobre la historia de su propio hermano, Jonathan Nolan, y que sugería una adictiva e hipnótica trama en la que el espectador sucumbía ante los atractivos de ese individuo (papelón de Guy Pearce) con sed de venganza por la muerte de su esposa. Puede que si el montaje fuese realizado de distinta forma, la cosa pareciera más sencilla. Y es cierto, aunque más que parecer sencilla, la historia perdería su sentido, principalmente porque Memento no es un film de suspense al uso. Es decir, no se trata de un macabro crimen y de esclarecerlo. Aquí, eso es lo de menos. La esencia no es otra que la confusión (y ella no se lograría de otra forma). Empaparse, desde el primer plano, de la vida de Lenny, de su particular forma de vivir. En coherencia con ello, con ese majestuoso guión, va estructurado el film, con un montaje tan singular y único que lanzó al estrellato, a la obra de culto, a Memento. Christopher Nolan ponía el dedo en la llaga de una novedosa manera, jugando al escondite entre asesinos y justicieros, entre fotografías, notas y tatuajes, pero sin salirse un ápice del tema principal: retratar (y de qué manera) esa terrible enfermedad y sus consecuencias.

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Lenny aparece en la habitación de un mugroso motel. Tiene una particular enfermedad (cierta en la realidad) que le hace no guardar recuerdos más allá de los dos minutos anteriores al momento en cuestión que está viviendo. Sin embargo, sí puede recordar todo lo anterior al traumático acontecimiento que le hizo padecer la enfermedad. En su caso, ésta vino provocada por el asalto de dos tipos a su casa, los cuáles violaron y asesinaron a su mujer, y apalizaron a Lenny, dejando en él como huella imborrable tan padecida enfermedad.

Con esa idea, la búsqueda de John G., el presunto asesino de su esposa, se convierte en el motor del film. Lenny se mueve en su búsqueda. Con su particular ritual para no perder el orden, ese surgido como antítesis a Sammy Jenkins, un tipo con la misma enfermedad que no logró habituarse a ella. Sin embargo, todo lo retratado hasta ese momento se viene abajo en el momento en que se desvela el misterio, la verdad: Su esposa no falleció aquella noche. Él la mató por las inyecciones de insulina (la historia de Sammy se entrelaza con la de Lenny). A partir de ahí, se creó su desconcertante mundo, ese nacido por la desasogante y aterradora enfermedad. Un mundo en el que asesinar a varios pares de John G. no supone problema alguno, porque al fin y al cabo no recuerdas al anterior. Un mundo en el que gente como Natalie o Teddy no son más que peones de un juego macabro, gente que se aprovecha (o se perjudica) relacionándose con un desvalido como Lenny. Un mundo en el que uno no llega a saber porqué corre, o porqué conduce tal coche, o porqué está en tal sitio. En fin, una soberana lección de cine.

‘The Chumscrubber’. Una de ácido, por favor.

Estamos en una comunidad residencial de un lugar cualquiera de los Estados Unidos. Allí todo parece estándar. Cómo interconectado, transmitiendo, casi por azar, el mismo modo de vida (muy bueno el delfín). No es casual, pues hay una lucha acérrima por ser igual a los demás. Por ser quién da la mejor fiesta. Por pescar al hombre más rico de todos. Por parecer más joven de lo que eres. Por acrecentar tu ego, bien en forma de libros, bien en forma de productos dietéticos. Por tratar de mantener la fachada de tu mundo de yuppie en pie, a toda costa.

Pero, ¿Qué pasa con los hijos? ¿Qué hacen mientras sus papás viven en yupilandia? Pues, en general, hacen lo que les da la gana. Siempre y cuando, no pierdan de vista el horizonte universitario marcado por sus papás. Con esa consigna, ya les basta. Aquí es donde entra el tema jodido. Soledad, drogas, secuestros, suicidios, falta de comunicación con padres (o si la hay, es vía receta) y demás salvajadas, retratadas quizás de una manera un tanto hiperbólica, pero que esconden una verdad como un templo, una crítica feroz a una realidad que se palpa en el día a día. Más de un papá y una mamá habrán sentido vergüenza al visionar este film.

‘The Chumscrubber’ es una ácida sátira de la forma de vida de la clase media-alta estadounidense, desarrollada de una manera original y fresca, pero sin alejarse del aroma a putrefacto que envuelve al tema principal: la relación padres-hijos. El único pero, ¿por qué el malote garrulo tenía que ser hijo de mecánico, y no de un papá guay y chachi?

‘Matrix’. Libertad.

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Estamos en un futuro muy lúgubre. Un futuro cercano al siglo XXIII donde las máquinas han tomado el control del planeta. Tras una espectacular guerra que nos imaginamos, los humanos salieron derrotados por su propia creación, la tecnología. Ahora, éstos sólo sobreviven en Sion, la última ciudad humana. El último enclave de resistencia. Un reducto al que las máquinas quieren poner fin.

Tras la desaparición del sol, la fuente primaria de energía para las máquinas, éstas tuvieron que encontrar otra fuente de la que suministrarse, los humanos, a los que habían vencido en batalla. Los sometieron, los esclavizaron y empezaron a cultivarlos en cautiverio. Sus cuerpos físicos eran controlados, estaban encerrados dentro de unas cápsulas, chupándoles su energía, energía con la que mover el mundo tecnológico. Mientras, sus mentes eran liberadas a través de Matrix. Un mundo imaginario creado para aletargar a los hombres, para someterlos. En dicho mundo, todo es posible, pero nada es real. Sus guardianes, los agentes especiales, controlan Matrix, eliminan cualquier resquicio de rebelión.

Sin embargo, un grupo de libertarios encabezado por Morfeo y secundado por Trinity y su séquito (Enchufe, Apoc, Ratón, Tank, Dozer y el judas de Cypher), todos ellos humanos liberados que transitan por el mundo en su nave Nebuchanedzzar,  han puesto todas sus esperanzas en un hombre del que creen que será capaz de tumbar al enemigo, Neo. Al elegir la pastilla roja, descubriremos al mismo tiempo que Neo lo que es Matrix.

Espectacular cinta futurista que no sólo se sustenta en su gran argumento futurista, en clave distópica, sino también en sus efectos especiales, pioneros indudables de una nueva manera de hacer cine de acción. Los Wachowski, en su obra cumbre, crearon un antes y un después de Matrix. Ya nada volvió a ser lo mismo. Todo lo que rodea a esta cinta está en lo más alto de la historia del cine. Obra maestra.

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Durante la mayor parte del metraje vamos aprendiendo con Neo lo que es real, y lo que es imaginario, artificial. Descubrimos Matrix de la mano de Morfeo y Trinity. Y sentimos la responsabilidad que poco a poco va creciendo en el interior de Neo. Una responsabilidad que se agiganta tras la visita al Oráculo. Sus palabras le penetrarán.

A partir de ahí, los Wachowski dejan la filosofía a un lado y comienzan con la acción. La atmósfera de opresión y asfixia que se había construido durante todo el film, se libera ahora. El rescate de Morfeo, capturado tras la traición de Cypher, será la excusa perfecta para que Neo demuestre si es el libertario que todos esperan o no. El final, entrando dentro del género de acción, es espectacular, por no decir que es el mejor que he visto. Y sí, Neo es el salvador. Controla Matrix, lo ha demostrado. Imagino que salvará a la civilización humana con la ayuda de su amada Trinity, de su mentor Morfeo y de la resistencia de Sion. No le brindo la oportunidad de jugar con mi imaginación a Reloaded y Revolutions, cine con alma de marketing, que echa por tierra en buena medida el logro de su antecesora, la inigualable Matrix.

Obviamente, también se le puede dar un voto de confianza a las secuelas. Ver si han seguido los dictámenes de nuestra imaginación. Si no es así, se las puede borrar de la memoria con bastante facilidad y sencillez.