‘Black Rain’. Mucho ruido y pocas nueces.

Nick (Michael Douglas) es un policía neoyorquino. Todo un tipo duro. De esos que montan en moto (¡cuántos ha habido desde Marlon Brando en The Wild One!) esperando que alguien de su misma especie le rete para jugarse la vida en una insignificante carrera por cuatro míseros dólares. De esos que no dudan en partirle la cara al primero que le mire más de la cuenta, y si la cosa se pone complicada desenfundar el arma con una velocidad tremenda para aniquilarte con preciso disparo. De esos que se cree que cuanto más duro y mas machote, mejor policía es. Vamos, que es todo un modelo a seguir por nuestras juventudes.

Quizás por ello, su mujer lo abandone y su vida personal esté envuelta en una vorágine de derrotas. Sus obligaciones económicas para con su mujer son interminables. Prácticamente no ve a sus hijos. Asuntos internos le sigue el rastro por presunto caso de corrupción. Sin embargo, a él todo ello le da igual. Él es un tipo duro. Tan duro, que un día comiendo en un restaurante con su compañero y amigo Charlie (Andy Garcia), presencian como un capo mafioso japonés (el malo malísimo de la película), también muy duro él, a cada cual más, asesina a dos personas. Como no, ambos, tanto el poli malo (Douglas) como el poli bueno (Garcia), irán tras él y lo capturarán. Pero no bastará sólo con eso, la cosa se pondrá muy cruda cuando les digan, desde arriba, que deben escoltarlo hasta Japón, pues es un asunto de estado y no se puede hacer nada ante ello. No es necesario decir, que aún no habrán pisado suelo japonés cuando ya se les habrá escapado el avispado mafioso.

¡He aquí la cuestión! La esencia del film. Tipo duro japonés contra tipo duro americano. Un cara a cara en medio de las calles de Japón, en medio de una guerra de clanes mafiosos, una guerra por el control de la falsificación de billetes. Una guerra en la que se meterá de lleno el rudo de Nick, y en la que sólo tendrá como apoyo (aparte de a sí mismo, que ya es) al apuesto y honrado Charlie, al extraño e incomprendido oficial japonés y a una mujer de Chicago que regenta un local de alterne en Japón. 

‘Black Rain’, no supone más que una decepción. Uno siente al ver esta cinta que hay una gran cantidad de talento desaprovechado. Una cinta hueca (ni choque cultural ni nada, sólo más de lo mismo). A Ridley Scott se le debe exigir mucho más que thrillers comerciales como éste. Aunque la caótica Japón que nos retrata Ridley es similar (en apariencia) a la atmósfera asfixiante de Blade Runner, su obra cumbre, no estamos ni de lejos ante un producto similar. Éste, no es mas que un producto de encargo. Una fácil manera de embolsarse dinerito fresco en los bolsillos. A pesar de ser cine comercial de decente calidad (aún se deja ver), sólo cabe decir: Éste no es el camino, Ridley.

Votación | 2/5

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‘Blade Runner’. Un futuro muy real.

Blade Runner fue estrenada en 1982, con un guión basado en la novela, Do Androids Dream of Electrical Sheep?, de Philip K. Dick, y una dirección a cargo de uno de los grandes directores del momento, Ridley Scott.

El film, pese a tener un frío recibimiento en su momento, se ha ido convirtiendo en un referente de la ciencia-ficción y ha llegado a ser considerada por muchos como una película de culto.

Blade Runner es una película de múltiples significados y lecturas, su historia transcurre en Los Angeles durante el año 2019, y en su inicio se nos presenta como una cacería hacia un grupo minoritario de la sociedad, los replicantes. La historia no se queda estancada aquí, a partir de esta cacería se desarrolla una importante historia en un contexto determinado.

El contexto en el que se sitúa el film, es un contexto futuro sí, pero a la vez el futuro más real que se haya podido reflejar en una película de ciencia-ficción.

Vemos que hay un grupo minoritario, los replicantes, utilizados como mano de obra esclavizada y perseguido por la sociedad en el momento en que deciden internarse en la Tierra. No hay que irse muy lejos para encontrar casos similares en la realidad actual, el trato a la inmigración ilegal sería un buen ejemplo.

Vemos que la Tierra es oscura y agobiante, no hay claridad en todo el film y la lluvia es persistente y se deja ver en el día a día. Este punto también es muy realista por el contemporáneo debate sobre el cambio climático, porque nuestro actual sistema de desarrollo bien nos podría conducir a un futuro como el de Blade Runner.

Vemos que los ricos han huido de este mundo, se han recluido en las colonias exteriores y han dejado atrás una Tierra poblada por los nuevos pobres, una sociedad totalmente mestiza, tullida y enferma.

Se nos presenta una estratificación social futura causada por el desigual reparto de el capital, pero es importante señalar que no es nada utópico la existencia de esos mundos paralelos entre ricos y pobres, la sociedad parece ir evolucionando hacia esos mundos paralelos ya existentes hoy en día, como pude apreciar en una película mexicana, La Zona, que ví recientemente, y que guarda mucha relación con este apartado tratado en Blade Runner, ya que parece como que la sociedad va mutando, va separándose, va andando por un camino espinoso, controlado por el capital, que puede abocar en un futuro como el que nos muestra Blade Runner.

El tema del capitalismo me parece clave en el film, ya que es el centro de todo, ha provocado que el mundo cruce esa línea entre el bien y el mal. Ha destruido la Tierra, la cohesión social y cualquier resquicio existente de solidaridad. Además el capital, representado por la Tyrrel Corporation, se ha permitido el lujo de crear a través de la bioquímica y la biología molecular personas a imagen y semejanza de su dueño, convirtiendo así al capital en el nuevo Dios (de la biomecánica) de las generaciones replicantes y, no tan replicantes, del futuro.

Este es el contexto que nos muestra Ridley Scott, y en el que se desarrolla, para mí, la idea principal del film, la existencia humana.

Las preguntas: ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo?, ¿Adónde voy?, nos muestran el dilema moral que sufren los replicantes, pero no sólo ellos, también lo sufrimos nosotros.

En el caso de Roy y el resto de personajes perseguidos, las respuestas para el espectador son claras, son replicantes creados por la figura mas cruel del capital en el futuro, Tyrrel, y van hacia una muerte inminente por la corta duración de su vida programada.

Pero ellos al igual que los humanos luchan por encontrar respuestas a estas preguntas, nos muestran mediante sus actos que al igual que nosotros, necesitan recurrir a las fotografías, a los recuerdos, a nuestras experiencias y familias para saber de donde venimos y quienes somos. Ellos, al igual que nosotros, luchan por sus vidas, por alargarlas.

El mensaje que yo trato de extraer del film es el de si realmente, ¿queremos dirigirnos, los humanos, hacia esa existencia, no tan lejana, que nos muestra Blade Runner?.

Mi respuesta la encuentro reflejada en la justificación que da Deckard (voz en off) acerca del momento en que Roy le salva la vida:

No sé por qué me salvó la vida. Quizás en esos últimos momentos amaba la vida más de lo que la había amado nunca. No sólo su vida; la vida de todos, mi vida.

Votación | 5/5