’25th hour’. El último día.

25-th-3Un trago amargo. Una sensación de ahogo tremenda en el pecho. Es ‘La última noche’ (2002), escrita por David Benioff (creador, a la postre, de la afamada ‘Juego de tronos’) y dirigida con buen gusto por Spike Lee. El paisaje de la misma viene dado por el Nueva York post 11-s, retratado con sutil belleza por Rodrigo Prieto. Mientras tanto, el reparto se deja el alma en darle veracidad al asunto, en despertar la empatía del espectador e introducir el toque emotivo requerido. Atención a la sensualidad de Anna Paquin, punto y aparte. 

Edward Norton, el verdadero coloso del film, se equivocó. Se movió al margen de la ley, buscando el lucro fácil y la vida despreocupada. Las compañías no fueron las mejores. Nadie le advirtió. Su padre, su novia y sus amigos de toda la vida, simplemente le dejaron hacer. Ahí están, Brian Cox, Rosario Dawson, Barry Pepper y Philip Seymour Hoffman, abatidos ante tal acontecimiento. ¿Y ahora qué, cómo reaccionamos? Un último día duro como el hierro.

Una película magistral que, con toda la serenidad y naturalidad del mundo, nos mete de lleno en un pozo de melancolía, frustración y aflicción. ¿Por qué lo haría?

9/10

‘Unknown’. De más a menos.

Tiene un planteamiento inicial bastante fresco y atractivo: cinco desconocidos despiertan súbitamente, ensangrentados y malheridos, sin recordar cómo han llegado a estar encerrados en un edificio totalmente sellado y de imposible escapatoria.

Caras conocidas como Jim Caviezel, Joe Pantoliano, Greg Kinnear o Barry Pepper, protagonizaban este thriller parido por Matthew Waynee (guión) y Simon Brand (dirección) en el que se destacaba a la hora de abrir interrogantes, errando, eso sí, en la tarea de dar respuesta a los mismos.

En fin, humo. Te mantiene en cautiverio durante los primeros veinte minutos. Luego la cosa ya va desinflándose de mala manera, llevándote, por tanto, el fiasco correspondiente, pues allá donde esperabas encontrar una obra ingeniosa, no había otra cosa que no fuera la típica bacalada hollywoodense.

5.5/10

‘Saving private Ryan’. USA en la II Guerra Mundial.

Digámoslo así: ‘Salvar al soldado Ryan’ (1998) tiene el mejor inicio, dentro del género, que jamás haya existido. El realismo que alcanza ese desembarco, con esa agonía manifiesta, con el nervio de jugarte la vida, con la artillería y la metralla rodeándote, ensangrentado por la hemoglobina de tu propio compañero, perdido en la irracionalidad del combate, sabedor que vas directo al mismísimo infierno con férrea moral. Una magna presentación, una escena que pasará a los anales del cine por su fiel recreación de la realidad.

Después viene una gran historia. Una historia de ritmo clásico, extensa en cuanto a minutos pero de incansable disfrute. Es la historia de una compañía de rangers estadounidenses encomendada al rescate de un soldado, James Ryan. Una compañía que tendrá que sufrir las mil y una inclemencias con tal de cumplir con su misión, a sabiendas de que deben encontrar una aguja en un pajar, o mejor dicho, un soldado aliado en un enjambre nazi. El final, por suerte para el espectador (y en consonancia con el inicio), también pasará a la historia por ser uno de los mejores combates bélicos nunca narrados, con tensión y frenético pulso, mezcla, su relato, de horror, impotencia y valentía.

A todo esto, y dejando de lado los aspectos técnicos del film (que son de 10), no conviene olvidar que Steven Spielberg le saca todo el jugo posible a la historia de Robert Rodat, quién realiza un fresco, a medio camino entre las luces y las tinieblas, acerca de la guerra, representada ésta no sólo en batallas y fuego cruzado, sino también al inmiscuirse en la figura y personalidad de cada uno de los personajes, con especial énfasis en el Capitán John Miller (un sensacional Tom Hanks). Es una película humana, que destila una empatía total con los desgraciados que allí, en aquella cruenta guerra, sucumbieron. No se pierdan en las insensateces de aquéllos que sin atender a la historia prestan especial fobia a todo lo americano, y saboreen, por tanto, como se merece, con ese punto amargo y triste, esta joya de película que supone un reconocimiento histórico a la labor de aquellos héroes, con nombres y apellidos, que entregaron sus vidas en favor de esa cosa llamada libertad.

9.5/10

‘True grit’. Western clásico.

Si digo la verdad, no me imaginaba a los hermanos Coen desembarcando en el mundo del western, como tampoco me los imagino haciendo un film de terror o una bélica. Sin embargo, cuando uno posee ese talento, esa brillantez, creo que está capacitado para hacer lo que le venga en gana. Entrando ya en materia, la muerte del padre de Mattie Ross, una intrépida niña, a manos de Tom Chaney, uno de los bandoleros más buscados del sureste de los Estados Unidos, hará que el afán vengativo de ésta nos aboque de lleno en la acción. Un antiguo U.S. Marshall, de nombre Rooster Cogburn, definido por ser borracho, gruñón y buen tirador, así como un honesto Ranger de Texas, LaBoeuf, serán la compañía y ayuda de nuestra amigable protagonista para tratar de apresar algo más que sombras en su búsqueda.

‘True grit’ es un western con fuerza y vigor que te va empujando de lleno hacia la árida Arkanssas, a lomos de Little Blackie, un noble caballo, disfrutando con el desparpajo de nuestra protagonista, sonriendo bobaliconamente con las viejas historias de Rooster Cogburn, con sus disputas bravuconas, con su peculiar proteccionismo paternal. Ellos son los buenos, pero también hay malos. Rencillas del pasado, recompensas y honor. Todo está en juego a la hora de atrapar a Chaney, un esquivo Josh Brolin, y a Lucky Ned Pepper, un excepcional, como siempre, Barry Pepper.  

Muy buena historia del far west, de corte clásico, empujada por traiciones y venganzas, existiendo buenos y malos, adornado todo por una dirección magistral de los Coen, una excelente fotografía y unas interpretaciones sensacionales, énfasis en Jeff Bridges, que ayudan a sentir como propia las andanzas de estas pobres almas dispuestas a enfundar su brutalidad en nombre de la justicia.