Qué decir sobre… «L’auberge espagnole» (2002)

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Dirección: Cédric Klapisch

Guion: Cédric Klapisch

Fotografía: Dominique Colin

Música: Loïk Dury

Montaje: Francine Sandberg

Reparto: Romain Duris, Judith Godrèche, Audrey Tautou, Cécile de France, Kelly Reilly

En 2002 sorprendía Cédric Klapisch con un relato fresco y jovial, pincelado a través de un europeísmo agradecido de ver, en el que se servía de la excusa “erasmus” para lanzar un auténtico himno generacional.  

Todo se centra en Xavier, un francés que, por motivos curriculares, terminará en Barcelona en mitad de un viaje de estudios. Joven, con mil interrogantes abiertos y, por tanto, rodeado de incertidumbre. O, más bien, de caos, como dice el protagonista. Él no es otro que un excepcional Romain Duris. La cantera de actores con la que trabaja Klapisch en esta cinta, además, es fabulosa. Tenemos a dos secundarias de lujo: Cécile de France y Audrey Tautou. Se cuela en mitad del cartel una chica que está estupenda, Judith Godrèche. 

Quién no se ha visto alguna vez en una de las aventuras que viven estos chicos. Una odisea vitalista en la que uno, como espectador, se divierte y emociona a partes iguales. No es una gran película, claro. Pero, dentro de sus pretensiones, ha conseguido dar en el clavo: sacarnos una sonrisa. 

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Votación | 3/5  

‘L’ecume des jours’. Poética, fantástica, irregular.

affiche-l-ecume-des-jours-2012-1Colin es un joven idealista, entusiasta y soñador que pronto conocerá a Chloé, una chica que le trae a la memoria el mejor blues de Duke Ellington. Oh l’amour. Son los protagonistas de ‘L’ecume des jours’, obra bizarra donde las haya.

La creatividad de Michel Gondry abre el paso a un universo surrealista en el que la magia y la fantasía visual se dan de la mano para relatarnos una atípica historia de amor. Es una película bonita, pero también descompensada, irregular y aparatosa. Tiene a su favor el hecho de contar con Audrey Tautou y Romain Duris como excepcional pareja de protagonistas.

Tiene muchos males la narración. También hay algún que otro exceso. Pero todo queda perdonado cuando nos sumergimos en la ensoñación que transmite esta conmovedora historia. Poesía visual puesta al servicio de la ilusión. 

7.5/10

‘La délicatesse’. Amor, destino y capricho.

François desayuna plácidamente en una cafetería cualquiera de París. De pronto, una joven mujer toma asiento en una mesa cercana. Él fantasea sobre qué pedirá, convenciéndose a sí mismo de que si lo que toma la mademoiselle es un “jus d’abricot”, no tendrá otro remedio que terciar palabra con ella. Nace así, tan tontamente, una bonita historia de amor en la que los corazones de ambos jóvenes quedarán felizmente entrelazados. 

Un espigado sueco, de nombre Markus, no dudó, hace mucho tiempo, en hacer la maleta y poner rumbo a París, huyendo de la sempiterna melancolía que impregna el día a día nórdico. El destino le había brindado, sin él saberlo, la oportunidad de conocer a Nathalie, una mujer cuyos ojos denotaban tanta amargura como tristeza. Ahogándose entre llantos y penas, la discreta y elegante francesa buscaba evadir su malherido corazón en la calidez, armonía y bondad que parecía atesorar el encorvado rubiales.    

Película pequeña, en el buen sentido de la palabra, que decide volcar su atención en los momentos concretos de nuestras existencias. ‘La delicadeza’ nos muestra así cuán caprichosos pueden llegar a ser tanto los arrebatos del destino como los dictados del corazón. Una comedia dramática muy bien trabajada por parte de los hermanos Foenkinos, quienes consiguen transmitir, de un modo sutil, todas esas extremas y delicadas sensaciones que van aparejadas a la inestabilidad del sentimentalismo, ligada ésta, sin duda, a la fugacidad de la vida.

En fin, un film  que, además de brindarnos la oportunidad de volver a disfrutar de la fantástica Audrey Tautou, consigue hacernos partícipes del entusiasmo y la vitalidad que parecen impregnar a este romántico relato.

7.5/10