Holy smoke (1999)

holyDirector: Jane Campion
Guion: Jane Campion / Anna Campion
Producción: Miramax Films / Jan Chapman Production
Fotografía: Dion Beebe
Montaje: Veronika Jenet
Música: Angelo Badalamenti 
Reparto: Kate Winslet / Harvey Keitel / Pam Grier / Julie Hamilton 
Duración: 115 min
País: Estados Unidos 

Suena la música de Neal Diamond cuando se abren los primeros fotogramas de esta película. Firmada por Jane Campion, pronto aparece el título de la misma, Holy smoke; una rareza en toda regla: efusiva, estrambótica y muy muy irregular. Esas son las principales notas con las que yo la definiría. Ver esta película, por tanto, es de valientes.  

Si Kate Winslet no es la mejor actriz que yo he visto a partir de los años noventa, poco le faltará. Aquí lo vuelve a demostrar, pues ella es, con muchísima diferencia, la gran baza de esta cinta. Ella y su choque con Harvey Keitel, actor de primer nivel que repite colaboración con Jane Campion después de haber trabajado con ella en The piano (1993). Juntos protagonizan el devenir de un film atípico donde la extraña sensualidad, el amor más loco y, sobre todo, la batalla psicológica entre ambos trepan por cada uno de los resquicios que ofrece esta narración. ¿El problema? Pues que las hermanas Campion conducen este relato sin frenos. Es decir, la estridencia está bien en su justa medida, pero pierde parte de su gracia cuando se impone como la norma a seguir. Existen demasiados tics molestos y forzados a lo largo de esta narración, y es una pena. Igual que el cierre del relato, un absoluto despropósito.

El viaje a India y la inmersión de la protagonista en el mundo de las sectas no son más que un pretexto con el que poder sacar a la luz el núcleo del film: la conexión entablada entre Kate Winslet y Harvey Keitel. No obstante, Jane Campion no consigue sacarle todo el provecho posible a esta situación. Todo queda un tanto difuso al aparecer un montón de estupideces de por medio (miedo dan los familiares cada vez que salen en escena) y al precipitar un tanto la desequilibrada relación entre aquellos. Le falta pues pausa y mesura a Holy smoke, pero tiene su cosa.      

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The Straight story (1999)

straightDirector: David Lynch 
Guion: John Roach/ Mary Sweeney 
Producción: Le Studio Canal+ / Les Films Alain Sarde / Picture Factory & Film Four
Fotografía: Freddie Francis 
Montaje: Mary Sweeney 
Música: Angelo Badalamenti 
Reparto: Richard Farnsworth / Sissy Spacek / Harry Dean Stanton 
Duración: 112 min
País: Estados Unidos 

Preciosa, preciosa y preciosa. Así es The Straight story. Es de ese tipo de películas que no necesita nada especial para encandilarnos. Y es que nunca antes una simple tormenta había conseguido transmitir tanto. Posee el don de la bondad, cuenta con una narración entrañable y su mensaje contiene una emotividad tan natural, espontánea y humana que difícilmente logramos escapar de sus garras. En el fondo, sobran las palabras para describir a esta maravilla de película. Todo lo que aquí se escribe es rebomborio superfluo, pues en ocasiones lo que uno siente, no puede expresarse en palabras. Total, qué fantástica sensación consigue brindarnos una historia tan sencilla como es la historia de Alvin Straight.  

Esta es la historia de un anciano que planea hacer una revolución. Una revolución orquestada por unos remordimientos que pueden con él, pues no consigue borrar de su mente el hecho de que lleve diez años sin hablarse con su hermano. “Nuestra historia es tan antigua como la Biblia, como la historia de Caín y Abel“, cuenta él. Sin embargo, ahora tiene la idea clara de visitarlo, reajustar las cuentas con el pasado y sentirse en paz consigo mismo. Físicamente carcomido por la edad, pero de espíritu noble y testarudo carácter, le basta para trajinar su plan, definir las líneas maestras y recorrer los cerca de 600 kilómetros que lo separan de su hermano. 

David Lynch levanta un sencillo y conmovedor monumento dedicado, en apariencia, a la familia. En apariencia porque yo diría, más bien, que The Straight story es una oda al sentimiento más profundo, a los valores más puros, a la emoción más sincera. Y todo está hecho con tacto: la fabulosa música de Angelo Badalamenti, la cautivadora fotografía de Freddie Francis, el mágico guion de John Roach y Mary Sweeney o la entrañable actuación de Sissy Spacek. Mención especial merece, por supuesto, Richard Farnsworth. Todo puede resumirse en una imagen, una imagen protagonizada por dos hermanos sentados en un porche, haciéndose compañía, sabedores ya de que están por fin en condiciones de enfrentarse a la misma batalla con total tranquilidad: el último y prolongado adiós.

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Lost highway (1997)

carretera perdidaDirección: David Lynch 
Guion:
 David Lynch / Barry Gifford 

Producción: Ciby 2000
Fotografía: Peter Deming 
Montaje: Mary Sweeney 
Música: Angelo Badalamenti 
Reparto: Bill Pullman / Patricia Arquette / Balthazar Getty / Robert Blake
Duración: 134 min
País: Estados Unidos 

Cuando cojo una película de este tipo, no os voy a engañar: la simplifico al máximo. Me importan un bledo las intenciones del autor. Aquí lo importante es la visión del espectador, la mía, destronando así la supuesta preeminencia del director. Un director, David Lynch, que se presta, en todo caso, a este tipo de proceso, de lectura. Él abre un universo, ofrece un escaparate de imágenes y detalles que se suceden, aparentemente, sin sentido ni coherencia. Totalmente falaz, pues la coherencia se la debe dar uno mismo. Es el espectador quien manda aquí, así es como encuentra sentido un film como Carretera perdida.

Cineasta extravagante, lo cierto es que David Lynch no admite el término medio. Cuenta con una filmografía selecta, peculiar. Gracias a Lost highway, se termina el camino iniciado en 1984 con Blue Velvet y que encontraba su punto medio en Wild at heart (1990). Un camino, influenciado por las dinámicas del cine negro, a través del cual el director pincela un paisaje hiriente, nauseabundo. Todo es turbio en el cine de Lynch, pero también sensual. La violencia se apodera de todo. Es una pesadilla claustrofóbica de la que uno no logra escapar… o sí, sí porque Fred Madison, encerrado entre las cuatro paredes de una celda, logra escapar, aunque sea de manera fugaz, mediante la figura de Pete Dayton. 

El argumento, tal como yo lo veo, es sencillo. Fred Madison, un excepcional Bill Pullman, es un músico de jazz que se encuentra insatisfecho con su matrimonio. Sospecha de que su esposa, Renee Madison, le es infiel con un peligroso hombre. Así, en un arrebato de furia y locura terminará asesinándola. Condenado a prisión, se evadirá de su miserable existencia, incapaz de creer lo que acaba de hacer, a través de su mente, encontrando refugio en Pete Dayton. Comienza así la segunda parte, claramente diferenciada, del film. Este, un chaval tranquilo, conocerá por casualidad a Alice Wakefield… y se dejará llevar. Una mujer peligrosa, envuelta entre los peligros que siempre rodean a los negocios gangsteriles. Todo terminará mal, porque mal había empezado. En el fondo, no hay mas que un atroz crimen, una sensación de arrepentimiento extremo y una búsqueda mental de evasión, de encontrar el placer fugado, de explicitar cómo era el mundo al que su esposa había sucumbido. Una búsqueda errante que no logra escapar de su turbia realidad, una búsqueda infinita concretada en una carretera perdida, envuelta en la noche y la niebla, que no va a ninguna parte.      

Puede que Lost highway sea una oda a los celos, a las dolorosas consecuencias que aquellos conllevan. Y tiene sentido. Pero también es una plasmación de la violencia que existe en el mundo, de los oscuros secretos que existen detrás de las puertas. De cómo todo se intersecciona, de cómo hasta el hombre más tranquilo puede enfangarse en ese lodo. Y ya no hay escapatoria. Todo ello alentado por la sensualidad de Patricia Arquette, en la que supone una de las mejores interpretaciones de los noventa. Ella es Renee Madison, también Alice Wakefield. Es la chispa que enciende la mecha.

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‘A late quartet’. Al compás de la vida.

db88f333b62eaf288547b6826bc16d74Una propuesta sencilla pero encantadora. Así es la obra elaborada por Yaron Zilberman. La clave de bóveda de la misma se encuentra, además de en la música clásica, en un magnífico reparto en el que destaca su cuarteto protagonista: Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener, Christopher Walken y Mark Ivanir.

El invierno neoyorquino como escenario. Unos afinados y agradecidos diálogos como vehículo. La música como excusa. Y la vida como tema principal. ‘A late quartet’ representa historias comunes, problemas mundanos. Mil emociones, alegres y tristes, que quedarán armoniosamente combinadas al compás que marcan las mejores partituras clásicas. Qué fantástica puede llegar a ser la vida y con qué sutileza ha sabido plasmarlo esta maravillosa película.

7.5/10

‘Blue velvet’. Deslumbrante pesadilla.

blue_velvet_00Lumberton es un pueblo pacífico y tranquilo. Situado en North Carolina, sus habitantes trabajan en el sector maderero y ocupan ese estrato social al que conocemos como clase media. Amplias casas, bonitos jardines, serviciales coches y buen pavimento. Una colección de preciosos vecindarios en la que todo parece perfecto, impoluto. Una estampa, en apariencia, sin un pero.  

“Es un mundo extraño”. Jeffrey Beaumont, un joven que vuelve a su pueblo natal tras la enfermedad de su padre, no alcanza a comprender porqué existen los problemas, porqué la gente se comporta como se comporta. No entiende, en definitiva, la turbiedad que rodea a la vida. Él no la cree necesaria, como tampoco Sandy, una joven en la que en sus sueños imagina un mundo lleno de petirrojos, simbolizando éstos el amor y la benevolencia.  

El brillante David Lynch se sirve de la sensualidad de Isabella Rosellini, de la soledad y desamparo que proporciona un triste apartamento, de la obsesiva – casi enfermiza – actitud de Kyle MacLachlan, de la candidez y ternura de Laura Dern, de la peligrosidad de Dennis Hopper y, sobre todo, de las oscuridades que rodean a este mundo para tejer una obra angustiosa, de perfecta narración y estética, que termina por inquietar al espectador.

Un metódico thriller de claustrofóbica puesta en escena que juega con las dobles apariencias y las falsas realidades. Eso es, en esencia, ‘Blue velvet’. ¿Qué hay más allá de la superficie? Prepárense para adentrarse en esta deslumbrante pesadilla.

8.5/10