‘Detachment’. Necesaria.

detachment_ver3Algo así como “desencanto” viene a decir el título de esta película. El escurridizo Tony Kaye ahonda, principalmente, en los entresijos de la enseñanza. Vuelve, como ya hiciera en ‘American history X’ (1998), a darle un tono crítico a su discurso, centrando su mirada en la figura de un profesor sustituto a quien da vida un magistral Adrien Brody.

Todo tiene un punto triste, amargo. Qué jodida parece estar la juventud estadounidense (y por ende, occidental) tal como la muestra Tony Kaye. ¿Dónde están los padres? ¿En qué piensan los gobiernos? ¿Qué puede hacer un profesor ante todo esto? ¿Qué será de estos jóvenes? Atención especial a la relación entre Brody y Sami Gayle, uno de los tesoros mejor guardados de esta narración.

Película envuelta de melancolía. Una historia necesaria que, a pesar del desasosiego y la fatalidad con que se adornan sus fotogramas, reserva un punto vitalista para el final. Totalmente recomendable.

8.5/10 

‘Harrison’s flowers’. Imágenes de la barbarie.

harrisons-flowers-movie-posterEuropa se desangró en la década de los noventa. No hablamos de depresiones económicas, corruptelas sistemáticas o secretos diplomáticos. Tampoco hablamos de Oriente Medio, África o la selva lationamericana. Hablamos, aunque muchos ni caigan en la cuestión, del corazón de Europa. Y de la guerra que en él se dio.

De eso trata ‘Las flores de Harrison’, una de las pocas producciones que se ha atrevido a desenmascarar las atrocidades ocurridas en los Balcanes. El penitente amor que Andie MacDowell siente por su marido, David Strathairn, será la excusa idónea para que aquélla se decida a adentrarse en las tinieblas de la batalla, mostrando el lado más salvaje e irracional de la especie humana. En este caso, Elie Chouraqui centra su atención en la guerra que enfrentó a Croacia con Serbia, mostrándonos únicamente los hechos ocurridos durante el triste otoño de 1991. 

La película conmueve, no tanto por el dolor que punza a nuestra protagonista ante la pérdida de su marido, sino por el desgarro que conlleva presenciar las brutalidades que se cometieron, por ejemplo, en las calles de Vukovar. En fin, una película digna y llena de valor que mira al pasado con la ilusión de no volver a caer en los mismos errores.

7.5/10 

‘The jacket’. Gato por liebre.

Es difícil que con ‘The jacket’, así de primeras, no caigas en las redes de la curiosidad. Por eso le das al play. Un reparto conocido (Adrien Brody, Keira Knightley, Kris Kristofferson, Jennifer Jason Leigh) también ayuda en tal cometido. Además, la intachable factura técnica, unida a la oportuna atmósfera creada por Massy Tadjedin a través de su historia, terminan por ser un escaparate de lujo. 

Sin embargo, el poder de atracción inicial que tiene la película poco tarda en esfumarse. Imagino que habrá que darle un par de visionados para captar en toda su “profundidad” las claves de la chaqueta. Sí, ya. Detrás de los misterios y entresijos propuestos durante su narración sólo encontramos sirope y caramelo a mansalva.

Ramplona intriga futurista. Gustará a los devotos del género, y a alguna inocente alma que ande con las defensas bajas el día de ver esta obra. Sin duda, hace bueno el dicho que rezaba aquello de “dar gato por liebre”. 

5/10

‘Midnight in Paris’. Extraordinaria.

Woody Allen, en su cita anual con su público y la cartelera, nos deleita, en esta ocasión, gracias a ‘Midnight in Paris’, una comedia romántica que se sirve de la susodicha ciudad y de una pareja de novios, especialmente de Gil (escritor errante), para transportanos a un mundo cargado de nostalgia, sentimiento y felicidad.

Es una comedia extraordinaria, del todo surrealista (a juego con la historia), que anda a medio camino entre la nostalgia y el optimismo. La idea de viajar hacia el pasado es fabulosa, gozando con las aventuras nocturnas que Gil protagoniza, en sus merodeos por los cafés y bares parisinos, alternando las calles de Montmartre en compañía de pintores, escritores y artistas de los años 20, a ratos hablando con Buñuel, Fitzgerald, Hemingway o Dalí, entre otros.

Diálogos notables, igual que algunas de sus escenas (ojo con el pedante o el padre). Pero, sobre todo, una línea general de calidad, derrochada en la historia, en la dirección, en la bso, en la fotografía o en las interpretaciones (el gran Woody ha hecho que me entre Owen Wilson, tío denostado hasta el momento). El punto surrealista que juega con la historia, con el arte y con los sentimientos, sirve para que nuestro protagonista encuentre su camino, olvidando ya el nostálgico pasado para encaminarse a un esplendoroso futuro (siempre previo paso por un insatisfactorio presente). En fin, una película plena de vitalidad, armonía y satisfacción.

8/10

‘El bosque’. Magistral.

 Las naciones se modernizaban siglos atrás a pasos agigantados. Los hombres y mujeres huían del campo camino a la ciudad, en busca de un porvenir mejor. Llegaron las grandes masificaciones, las grandes urbes. También llegó la degradación, la vida precaria. Los analfabetos campesinos vagabundeaban entre masas de hormigón. Con la modernización vinieron los burgueses y los proleterios, también llegó Marx y el ‘Manifiesto comunista’. La educación avanzó, también otros derechos sociales en previsión de una revolución dañina para el capital. La lucha de clases, se extinguió (quiero decir, se perpetuó). Lo disimularon bien a través de esa cosa llamada “clase media” propiciada por el Estado del Bienestar. Sin embargo, seguía habiendo bolsas de marginalidad que incitaban a la delincuencia, o ritmos endiablados derivados de esa obsesión por el reloj, por la jornada laboral. Las ciudades eran adrenalínicas, peligrosas, violentas. Las aldeas y pequeños pueblos eran silenciosos, miserables y fantasmagóricos.

La aldea, el bosque y la ciudad. En la aldea viven los aldeaños, gente que vive del campo, en consonancia con la naturaleza. Están cargados de bondad, aprensivos ante lo superfluo de nuestra civilización. Son inmunes al materialismo, se refugían en su vida en comunidad, con sus pequeñas normas y valores. Viven en calma, sin saber lo que es un reloj, disfrutando del placer en sí del aire, de la tierra, del agua, de la noche, de la niebla. Con ello, son felices. Además, como el resto de mortales, utilizan el amor como motor de combustión para el día a día, iluminando éste sus rostros con una plácida sonrisa. Sin embargo, los aldeaños tienen un temor, un miedo. Oyen ruidos provenientes del bosque, son truculentos. Temen al color rojo y se refugian en el amarillo. Para protegerse de los malvados horrores del bosque, hicieron un pacto con las bestias de allá. Si aquéllos no entraban en la aldea, ellos no lo harían en el bosque. Por si acaso, establecieron torres de vigía. Las miras de éstas no alcanzaban más allá del bosque, donde los aldeaños suponían a la ciudad. Una ciudad que jamás habían visto, tan sólo era un constructo, una imagen transmitida de boca en boca, de mente en mente. En este mundo y para esta cultura, la ciudad era lo más parecido al infierno.

En fin, que con todo llegó M. Night Shyamalan, un dios en el olimpo del cine que quiso elaborar una historia de esta pequeña pincelada que he dado. Una historia de renegados del sistema, de exiliados, de gente con esperanza de encontrar un sitio mejor. Pusilánimes que huyeron de una civilización que no creyeron suya. Se refugiaron tras los bosques. Vivieron en calma, se enamoraron y tuvieron hijos. Formaron un consejo e impusieron unas reglas. Unas reglas que respetar a lo largo del tiempo. Unas reglas que marcaban su existencia, retratada ésta de una magistral manera por un cineasta que realizaba un ejercicio tan inteligente como esquivo. Disfrazada por el marketing como una película de terror, ‘El bosque’ no encontró a su público, siendo dilapidada por la multitud. La esperanza que buscaban esas pobres almas entre tanta tiniebla no consiguió el reconocimiento justo. A mí me parece una obra maestra, un intelectual ejercicio de jugar con el espectador, de engañarnos como a chiquillos. La banda sonora y la personalidad visual (más caravaggiana que nunca) están a la altura de las circunstancias. Y la historia es narrada de una manera magistral, cátedra. Tanto de tan poco (qué importancia el personaje de Adrien Brody, y el amor). Combinando, cómo no, lo terrenal con lo fantástico, quedando todo ello tan (sobre) natural.