‘Criminal minds’. McCrimen.

Estructurada de manera muy simple, todo comienza con el crimen. Luego llega nuestro equipo de análisis del comportamiento del FBI. Aquí, véamos, lección magistral dada de forma muy sintética, alternada ésta con los toques justos de terror, intriga, angustia, claustrofobia, tensión o misterio. Esta parte va a gusto del capítulo. Para terminar, pasamos el nudo para llegar a la conclusión del mismo, siempre explícita y terminantemente resolutiva.

Hay capítulos mejores y peores. Los hay buenos, decentes, malos y aburridos. Pero, en líneas generales, la criminología de cafetería propuesta por Jeff Davis me gusta. Me gusta el momento en el que dan el perfil. Me cae bien la pose enigmática de Gideon. También la cita periódica de cada capítulo. Las conversaciones en el lujoso avión. El sex-appeal de Lola Glaudini. Reid con su manual de sabelotodo. En fin, que ‘Criminal minds’ supone un chute de entretenimiento metido en vena de manera directa. Una píldora perfecta para ocupar los tiempos muertos.

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