‘The walking dead’. Agua caliente.

El excelso Frank Darabont, padre de dos obras de impecable factura como son ‘Cadena perpetua’ (1994) y ‘La milla verde’ (1999), se adentraba, en pleno boom de las series de TV, en dicho formato, en compañía de otros cineastas, a través de una original propuesta titulada ‘The walking dead’.

Parte de un episodio piloto excepcional. En él vemos a un policía norteamericano que se detiene en una gasolinera. El terror se apodera de nosotros en el caminar de este solitario hombre. El paraje es devastador. Los coches vacíos y oxidados se amontonan en el desamparado asfalto. De pronto, ve la figura de una joven chiquilla, de espaldas a él. Le reclama su atención dulcemente. Ella se gira, tiene el rostro desfigurado, sangriento. Hace mención de morderle. No tiene más remedio que meterle una bala directa al cerebro. Esto es ‘The walking dead’, ya estamos avisados desde el primer plano.

El apocalípitico futuro lo conocemos a través de los ojos de Rick Grimes. Nos concienciamos de la terrorífica realidad al mismo tiempo que él. Su oficio como policía (curioso que en esa escena no sepamos, de no ser por la conversación de crisis personal con su compañero, si estamos en el pasado o presente) le llevará al hospital. El despertar es caótico. El tiempo se detuvo en un determinado momento. La civilización pareció extinguirse justo ahí. Un hospital cochambroso,  sanguinoliento, oscuro y maloliente. El descenso a oscuras por la escalera da miedo de verdad. Fuera hay un cementerio improvisado. Todo se ha venido abajo. El golpe con la realidad es tan duro que duele hasta el propio espectador. Solo y malherido camina hasta su casa en busca de su mujer e hijo No queda nadie, pero no hay fotos (buena señal, signo de vida). Un chaval se topa con él, también el padre.

La estancia en esa apagada casa rezuma la esencia de esta serie. El toque Darabont se percibe a través de la lugubridad que transmiten las paredes de ese antaño hogar. Esconderse en la noche, refugiados, sin luz. No disparar, no alertar de su presencia. Evitar a los “caminantes”. A la luz del día salir con cautela. Parece que la esperanza reside en Atlanta, en un campamento de refugiados. Cada uno seguirá su camino. Rick tratando de llegar a la susodicha ciudad, con la esperanza de encontrar a su familia. Los otros dos escondidos, practicando tiro. La escena del padre intentado matar a su mujer, una caminante más, es expresiva de todo el dolor que un ser humano pueda soportar en esa situación.

La entrada en Atlanta es brutal. Ningún coche quiso entrar. Todos salían, despavoridos. Dentro, no hay esperanza. Una trampa mortal. Un auténtico ejército de caminantes. El Sheriff caerá. Sin embargo, podrá refugiarse en un tanque militar, donde una esperanzadora voz le reclamará.

Terminaba así el episodio piloto. Una verdadera joya parida por Darabont. Una lección de cómo se puede hacer buen cine con zombies de por medio. Con sólo un episodio se colaba en la cima del cine de terror. Un caos fantasmagórico, un silencio aterrador, una mañana sangrante, una noche sombría, un gigante de ciudad convertido en monstruo. Sentimientos a flor de piel. El dolor, el miedo, la esperanza, la tristeza. Soledad. No cabe la alegría en tan apocalíptica realidad. Estamos jodidos, parece que el oxígeno no llega a nuestros pulmones. Gracias Frank.

Los cinco episodios restantes desarrollan (tímidamente) el prólogo Darabont. La salida de Atlanta en compañía de nuevos naúfragos, el refugio en las montañas. La convivencia en situaciones extremas. La sombra de los caminantes. Los problemas personales (tensión latente entre los dos compañeros de cuerpo). El regreso a Atlanta por el peso de la conciencia, por el  tremendo valor de una bolsa de armas en tan fúnebre contexto. La búsqueda de la luz, la solución. El fin de la pesadilla. Una simple ducha, con agua caliente.

Estos seis episodios nos han abierto el apetito. Un inicio terrible, un desarrollo notable en el que se van perfilando las historias de cada personaje al tiempo que se dan tímidos pasos en torno al problema central de la trama: el virus y su contagio. ¿Qué fue? ¿Hay solución? ¿Dónde está? Huyendo de la muerte, del infierno, de los caminantes. Así nos toparemos con la segunda temporada.

Un pensamiento en “‘The walking dead’. Agua caliente.

  1. Pingback: The killing (2011) | Escargot azul

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