‘Låt den rätte komma in’. Amor sangriento.

Oskar, un rubiales del norte europeo, siente el asfixiante acoso y maltrato de sus compañeros de colegio. Todos los días es perseguido por diversos niños, quiénes le hacen vivir atemorizado. Una noche mientras fantasea en su habitación acerca de asesinar a sus verdugos, observa a través de la ventana la llegada de unos nuevos vecinos, un padre y su hija.

A partir de aquí, entablará una relación de amistad con la niña, que evolucionará hacia el amor que se sienten el uno con el otro. Sólo habrá una peculiaridad, no podrán verse más que por la noche. Pues Eli es una vampiresa de 12 años de edad, al igual que Oskar.

La llegada de la niña a la ciudad supondrá un cambio en la situación de las cosas. Se sucederán los asesinatos, los degollamientos y los mordiscos. Además, la confianza depositada por parte de la niña en Oskar, hará que éste se defienda de sus malvados perseguidores. Algo habrá cambiado.

El transcurso de esta relación amorosa teñida de sangre nos mantendrá en vilo, inquietantes a la espera de como transcurrirán los acontecimientos. Una relación tan imposible como entrañable. Tan incomprensible como acogedora. Dos aislados del mundo. Dos seres que se quieren. Eli y Oskar.

‘Déjame entrar’ no es una película de terror típica. Es una bonita historia de amor que se entrelaza con diversos asesinatos, degollamientos, mordiscos, vampiros en llamas y sangre en la nieve. Es un todo en equilibrio, el equilibrio entre el desarrollo de la relación sentimental entre ambos muchachos, y el desarrollo sangriento en el contexto en el que se vive dicha historia. Original propuesta que nos deja un final marcado por una orgía sangrienta en la piscina del colegio. Finalmente, los dos amados superarán a su entorno, sobrevivirán a golpe de sangre. Partirán, en tren rumbo hacia alguna parte, el joven rubiales y su maleta.

‘Vientos de agua’. Avanti, por un mundo mejor.

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Asturias, 1934. José Olaya es un minero más en el pueblo. Cuando aún anochece, comienza a trabajar, y no finaliza hasta que no anochece de nuevo. Sin embargo, dentro de su miserable vida, él es feliz. Está junto a su familia, junto a su hermano Andrés, a quién quiere mucho, y junto al amor de su vida, Henar.

De pronto un día, el capataz de la mina, el tirano del pueblo, decide no sacar a los mineros cuando se le avisa de una posible fuga de gas. Andrés morirá. Y con él, la vida de José en Asturias. Vengándose de la muerte de su hermano, volará la mina en pedazos, y partirá hacia Argentina gracias al billete con el que pensaba viajar su hermano en un futuro cercano. Moría, entonces, José. Su nuevo nombre sería el de su difunto hermano, Andrés.

En el tortuoso recorrido hacia Argentina, Andrés conocerá a tres amigos fundamentales en su vida: Juliusz, un judío húngaro que huye de la sombra del nazismo; Gemma, una inocente niña italiana sin familia, víctima del fascismo de Benito Mussolini; Laia, el primer amor en la nueva vida de Andrés, una joven que huye de la pobre España en busca de una vida mejor en Argentina.

Los caminos de Laia, irán, por momentos, separados de los de sus tres amigos. Prostituta de inicio, marchará durante un tiempo, y volverá a Buenos Aires siendo dueña de un cabaret. Siempre será una escudera fiel a Andrés.

Gemma y Juliusz, a pesar de un breve desencuentro en sus inicios en Argentina, pasarán la vida juntos, al menos la de Juliusz. Ambos mantendrán una bonita relación amorosa, y ambos serán apoyo fundamental para el protagonista, Andrés.

Andrés pasará los primeros años en Argentina viviendo con Juliusz. Él, que no hacía nada más que decir aquello de “la América tendrá algo bueno para todos nosotros”, parecerá no encontrarlo. Pues, su amor por Laia nunca llegará a buen puerto a causa de la condición de prostituta de ésta, además Andrés no recibirá noticias sobre su familia en Asturias.

Buscando recobijo a estos problemas, Andrés se refugiará en la amistad de Juliusz y Gemma, así como en los brazos de una nueva muchacha, una abogada de la Cruz Roja.

Estos años narrarán, principalmente, la relación entre Gemma y Juliusz, así como las situaciones que se dan ante el contexto de la Guerra Civil o el peronismo argentino.

La llegada de Henar, destrozará a Andrés. Será, junto al final, el único acercamiento con su pasado. Un pasado perturbado por la guerra. Una guerra que le dejará sin su familia, a excepción de Felisa. Su hermana logró sobrevivir y partir hacia la Argentina en busca de su hermano. Siempre le será fiel. Y, ella, siempre vivirá enamorada por Vidal, un combativo anarquista también fiel a Andrés. El revolucionario, fallecerá por amor, y con él, también lo hará el amor de Felisa.

Decidido a romper con su antigua vida, o mejor dicho, obligado a ello, Andrés seguirá avanti. Conocerá a Sophie, una francesa judía de la que permanecerá enamorado toda su vida, y por la que tendrá que romper su promesa de amor eterno que hizo en su día a Henar. Con ella formará una nueva familia, con dos hijos más una hija que ya tenía ella. Serán años dorados, hasta el fallecimiento de Evita Perón. Ese día no sólo morirá ella, también lo hará Sophie, en accidente de tráfico.

La familia feliz, formada no solo por Sophie y Andrés y sus respectivos hijos, sino también por Gemma y Juliusz, Felisa, los amigos anarquistas, Vidal, todo se vendrá abajo. Será un duro golpe, pero ahí estará esa conversación entre los tres viejos amigos, Andrés, Juliusz y Gemma. Tras el bofetón correspondiente, Gemma será rotunda: “¿cuándo me viste llorar? ¿Cuando me abandonó mi familia en el barco me viste llorar? ¿Lloré en el conventillo cuando no teníamos comida? Cuando se murió tu familia no lloré. Ni con la tuya ni con la mía. Si cada vez que estuve triste hubiera llorado, estaría más seca que este maíz. Yo no lloro nunca. Yo sigo avanti. Avanti antes y avanti siempre. No estoy sola. Estoy con el hombre que amo y con el que quiero vivir toda mi vida“.

El discurso, junto a la insistencia de Felisa en encontrarle un nuevo amor, persuadirá a Andrés de ello. El rancio y tosco Andrés que apareció tras la muerte de Sophie, seguirá adelante con una nueva mujer, Lucía, de profesión doctora. Con ella iniciará una nueva relación, fruto de la cuál saldrá Ernesto, su último hijo.

Buenos Aires, 2003. La crisis financiera afecta a Argentina de manera devastadora. Donde hubo opulencia ahora hay sequía. Bien lo sabe Ernesto Olaya. Su mundo se vendrá abajo, al igual que la economía Argentina. Apresado por los bancos y las clases dirigentes, Ernesto será convencido por su padre para que ponga rumbo hacia España, camino a la inversa del que antaño él había realizado.

Lo hará dejando atrás a su familia, temporalmente. Pero en estos casos, temporalmente puede significar eternamente. Su llegada a Madrid no será, quizás, como él la podía esperar. Buscando refugio en un antiguo compañero de facultad, éste no hará más que reírse de sus penas. Así que vagará y vagará hasta encontrar a Ana, una joven que le ayudará a encontrar piso, en Lavapiés.

Con condición de ilegal y sin poder homologar su título de arquitecto, Ernesto dará tumbos por diversos trabajos, todos ellos despreciados por los autóctonos, y como no, mal remunerados. Huyendo de su realidad, creará un mundo imaginario para sus familiares argentinos. Ello provocará la apareción de la desconfianza en su matrimonio. Su mujer, Cecilia, comenzará un romance con un compañero de trabajo.

A su vez, Ernesto conocerá a gente en peor situación que él, como Mara, su compañera de piso; el amigo de Ana, un analfabeto al que Ernesto ayudará; Illie, un rumano ilegal que le ayudará a salir de algún que otro problema; la prostituta senegalesa, etcétera. Gente que salió de sus paises para prosperar. Para encontrar un mundo mejor. Y, sin embargo, el mundo que encontrarón fue el del rechazo, el de la ilegalidad. Se vieron obligados a subsistir a través de la opresión de los nativos. Campanella nos relata aquí la realidad que se vive en nuestros días. Los problemas con los que se topan trabajadores honrados que vienen de otros países en busca de trabajo por necesidad para vivir. El aprovechamiento, por parte de los empresarios, de esta situación de necesidad. La persecución policial por el simple hecho de no tener papeles. Las tramas mafiosas vinculadas a la prostitución o el robo. Una realidad demoledora.

A ello, en el caso de Ernesto, habrá que añadirle una crisis emocional que desembocará, no sólo, en la ruptura de su estable matrimonio. Su hijo, necesitado de padre, viajará a España, para estar con él. Sin embargo, su hija, pese a su amor eterno, jamás volverá a estar a su lado. La búsqueda de un mundo mejor dejará en el camino a una hija y a una esposa. Encontrará, en cambio, una nueva familia. La familia donde el no tener papeles es algo normal. Una familia alegre, amable y divertida, que no tiene preocupaciones más allá del sobrevivir. Una familia que acabará siendo del todo materializada a través de su matrimonio con Mara, o Marita, como la llamará Ernesto. Una familia que saldrá adelante gracias a la nacionalidad española y un trabajo “público” como arquitecto.

Ambas situaciones, ambos contextos, se reencontrarán en Asturias. Allí los viejos recuerdos atormentarán a Andrés Olaya. Su propia tumba, la de sus familiares muertos, el asesino de sus padres, la presencia de su viejo amor, Henar, la mina. Todo le llevará hacia el pasado. Ya no le quedará nada en el presente. Sus amigos, Juliusz y Vidal, han muerto. Gemma se volvió a casar y tuvo hijos,  pero él ya no supo más de ella. Laia, Sophie, Lucía han muerto. También Felisa, y con ella, toda su anterior familia. Ya no le quedará nada, o eso pensará él. Acudirá a Asturias con ánimos de revancha, querrá vengar a su familia, para luego, descansar en paz eternamente.

Sin embargo, el reencuentro con el mar le devolverá un pasado feliz. Aquellos días en los que soñaba con su hermano subido a la cima de una roca hablando y hablando sobre una vida nueva, una vida mejor.

Andrés, decidirá seguir avanti por última vez. Olvidar ese pasado rencoroso y tratar de conciliarlo con el presente. Buscará al amor eterno de su juventud en Asturias, Henar. Vivirá con ella el resto de sus días, cumpliendo su promesa, y a su familia, a su hijo, a su nieto, les contará todos sus recuerdos, para que no se silencien con su muerte. Les dará como herencia una maravillos historia sobre la lucha por seguir adelante ante un mundo que no siempre es, ni será, de color de rosas. Un mundo, el que le tocó vivir, que va desde los años 30 hasta la actualidad. Un mundo en el que tuvo que sobrevivir y luchar contra muchos obstáculos.

Un mundo marcado por los fascismos, en su día, y por los fantasmas financieros, hoy en día. Un mundo en el que antes se perseguía por ideologías, y hoy por no tener papeles. Un mundo lleno de dolores y rencores, pero al que ambos protagonistas sobrevivirán. Con sus lloros y sus penas seguirán hacia adelante. Avanti, como decía Gemma, avanti antes y avanti siempre.

Estas pequeñas luchas individuales, las de ambos protagonistas, que a la vez son colectivas, las historias de todos los secundarios, del contexto en sí, son un halo de esperanza para el ideal por un mundo mejor. Aquel mundo del que nos habla Juliusz, en uno de los momentos más emotivos de la serie, cuando él se despide de la vida: Ahora el lugar está muy bien, caminan solas las chicas, lo saben manejar muy bien. Muchas de esas chicas crecieron aquí. Ellas se van a encargar de que las niñas que entran acá salgan pensando que el mundo es mucho mejor que lo que era cuando entraron. Un mundo mejor… es un viejo sueño que venimos persiguiendo hace mucho tiempo. No hay que llorar ahora, no. Y ahora parece que todo va a cambiar. Vivimos en los albores de una nueva época. Hay movimientos en todas partes: el Frente de Liberación, en Argelia, en Cuba, en todas partes,… de mineros y campesinos en Bolivia. Siento una profunda esperanza para los tiempos que se avecinan. Siempre vivimos con el convencimiento de que puede haber un mundo mejor. Y bueno, justo ahora… justo ahora que parece que sí, que todo puede cambiar. Justo ahora, me tengo que ir.

Desgraciadamante, el mundo mejor que avecinaba Juliusz, no apareció. Siempre habrá policias que detengan a anarquistas. Gente víctima de régimenes dictatoriales que sean obligados a huír. Personas víctimas de una nueva economía que deja a su paso un mundo creciente de desigualdades. Sin papeles deportados a sus países de orígenes. Pero, ¿qué hacer ante todo ello? ¿resignarse? No. Vientos de Agua, pese a esa sensación extraña  mezcla de alegría y tristeza, es una historia acerca de esas luchas diarias, de esos que no se resignan a su condicion. Aquellos que intentan sobrevivir ante este mundo de mierda. Aquellos que cada noche al acostarse, cada día de camino al trabajo, mientras comen o charlan, mientras viven con la persona a la que aman, como Juliusz con Gemma, Andrés con Sophie, Ernesto con Mara o Vidal con Felisa, sueñan con un mundo mejor.

‘Creepshow’. Clásico del terror.

El film se inicia con un tiránico padre que arranca de las manos de su hijo un cómic, Creepshow. A partir de esta escena, se iniciarán las cinco historias que estructuran la película.

La primera historia, tiene lugar en la festividad del día del padre. Una familia acomodada espera la llegada de una pariente que asesinó en el pasado a su padre por motivos pasionales, pues éste, a su vez, había asesinado al pretendiente de su hija. Así, el padre asesinado, vuelve de las ultratumbas con ganas de marcha, reclamando su tarta y liquidándose a todo el que se ponga por delante.

La segunda historia se desarrolla en una vieja y destartalada casa aislada de cualquier indicio de civilización. Allí, un atontado granjero, interpretado por Stephen King, descubrirá la caída de un meteorito. En su interés por conservarlo y, en el futuro, venderlo a buen precio, acabará contaminado por el mismo, sufriendo una noche horrible en la que la piel irá poco a poco llenándose de una especie de hierba, al estilo del Grinch. El suicidio será su vía de escape.

La tercera historia, la mejor, se centra en la venganza de un marido al que su mujer engaña con otro tipo. El marido, un opulento anciano, decidirá enterrar a ambos en la playa, dejando al descubierto únicamente sus cabezas. De este modo, al subir la marea, ambos sufrirán una muerte lenta y agónica. Sin embargo, los dos ahogados, atormentarán su conciencia y volverán buscando revancha.

La cuarta historia, también muy buena, trata acerca de una caja misteriosa aparecida en la Universidad de una localidad norteamericana. Dos buenos amigos, ambos profesores, se enfrentarán a ella de diverso modo. A uno le sorprenderá, le aterrorizará, buscará cobijo en casa de su fiel amigo. Éste (Hal Holbrook), verá en la caja la coartada perfecta para desprenderse de su cansina mujer.

La última historia, la más floja de todas, nos muestra a un tiquismiquis con pavor a los insectos, especialmente a las cucarachas. En su apartamento, todo blanco y reluciente, comenzarán a surgir cucarachas de todos los sitios. Este hecho, junto con un apagón eléctrico general en la ciudad, harán que se deba enfrentar en solitario contra su gran miedo, las cucarachas.

Tras las cinco historias, se retomará la escena del padre tiránico y su hijo. Como colofón al film, el hijo asesinará al padre gracias a la práctica de vudu. 

Con Creepshow, George A. Romero, en la dirección, y Stephen King, en el guión, rinden tributo al mundo del cómic de terror. A través de las cinco historias crean una obra tremendamente entretenida y divertida. Un clásico del cine de terror de los años ochenta al que siempre se puede acudir cuando uno busca evadirse de la realidad y pasar un buen rato.

‘The dark half’. El extraño caso del escritor Beaumont y Mr. Stark.

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Un niño prodigio de la escritura vive obsesionado por sus cuentos. Unos cuentos que asombran a su madre, por su buen hacer. Sin embargo, algo perturba al niño desde su amor a la escritura. Los gorriones vuelan sobre su entorno, y las jaquecas le impiden vivir con normalidad.

Cuando decide pasar por quirófano, los médicos se encuentran con otra mitad de ser en el interior de su cabeza, un gemelo absorbido por él mismo. Los gorriones, conductores entre la vida y la muerte, aparecen sobre el hospital ocultando la luz del sol.

Con el transcurrir de los años, el joven prodigio se ha hecho un hombre, Beaumont. Un escritor de segunda fila con mujer e hijos, que logra vender bestsellers gracias a la publicación de novelas de terror protagonizadas por un psicópata, Alexis Machine. Estas novelas, son publicadas bajo un pseudónimo, George Stark. Sin embargo, un día sale a la luz el secreto, se descubre la verdadera identidad de Stark.

Se oficia un funeral ficticio, pero justo en este momento, el personaje de Stark cobrará realidad. Comenzarán los terribles asesinatos sobre aquellas personas que ayudaron a lapidarlo, aquellas personas cercanas al entorno de Beaumont. George Stark se convertirá en un sanguinario hecho realidad que buscará desesperadamente que su gemelo, Beaumont, vuelva a escribir esas novelas llenas de sangre, tripas y asesinatos que le conceden la vida.

‘La mitad oscura’ es un buena película de terror, como no cabía esperar menos de un dúo tan creativo y de calidad como el formado por Stephen King y George A. Romero. El terror de su trama no se centra tanto en saber quién es el asesino, pues la figura de George Stark, interpretada perfectamente por Timothy Hutton, no deja lugar a dudas, sino más bien hasta dónde llegará en su intento por recuperar la vida.

Una vida que dependerá de un pulso psíquico, entre el eterno perturbado, el principal sospechoso (Beaumont) y el sanguinarío y a la vez su hermano, Stark. Los gorriones volverán a volar, y al igual que condujeron a la vida años atrás a Stark, esta vez deberán portarlo hacia la muerte.

‘Night and the city’. Película menor.

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De Niro se disfraza esta vez de abogado, Harry Fabian. Su vida deambula entre casos insignificantes y noches de bar en la ciudad de Nueva York. Es un perdedor, un superviviente. Serás aún más consciente de ello cuando intente desplumar al mafioso de turno del barrio, ‘Boom, Boom’ Grossman, y no lo consiga. Intentará, pues, dar un giro a su vida.

Decidirá hacerse promotor de boxa. Luchará por organizar un combate de boxeo sin apenas recursos. Se alineará con otro séquito de perdedores, entre ellos una gran Jessica Lange, para tratar de materializar su idea. La lucha desesperada por conseguir el dinero necesario para montar el tinglado le llevará a enfrentarse nuevamente con ‘Boom, Boom’ (promotor, a su vez, de boxeo en la misma zona) y Phil, el esposo de la mujer (Jessica Lange) con la que Harry Fabian mantiene un idilio, y, también, su mayor prestamista en este negocio.

El final, tan cruel como esperado. La derrota. La cruz de la moneda. Harry Fabian y Helen acabarán arrinconados en el callejon sin salida y lleno de basura en el que se adentraron al iniciar el film con sus inocentes sueños. Ni él fue un importante promotor de boxa, ni ella triunfó con su nuevo local alejada de un marido al que no amaba. La realidad, en estos casos, suele ser muy distinta a los sueños.

‘La noche y la ciudad’ nos deja así un retrato sobre la derrota y el dolor que conlleva ésta.  Sin embargo, el retrato no llega, no conmueve. A pesar de la, como casi siempre, buena actuación de Robert de Niro, y el contar con una secundaria de lujo, Jessica Lange, el film no acaba de arrancar en absoluto. Es un paseo superficial por las aceras de Nueva York, no acaba de adentrarse en ese mundo tan oscuro de la noche neoyorquina. Daba más de sí. En fin, película correcta (montaje penoso) que no perdura en la memoria.

‘The Warriors’. Oda a la violencia.

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Nueva York. Cyrus, el líder de la mayor pandilla de las calles neoyorquinas, ha citado a todas éllas para una cumbre en el Bronx. Nueve delegados de cada pandilla, acudirán como representantes del resto. El objetivo: la paz entre pandillas. No a la lucha por una simple esquina de un barrio. La alianza entre bandas permitiría luchar en una proporción de 3 a 1 en un hipotético enfrentamiento entre callejeros y policías. Conquistar la ciudad, el deseo.

Los Warriors, dueños de Coney Island, esperan ansiosos la cita. No saben aún que se propone Cyrus. Están nerviosos, es grande el peligro en tan largo camino, desde Conney Island al Bronx. Sin embargo, ellos respetarán la tregua. Nueve hombres sin armas acudirán en son de paz.

Con ésas, llega el momento. El discurso del Mesías se produce, y en medio de tal vorágine, suena un disparo que alcanza al líder. Ha muerto y alguien ha tenido que apretar el gatillo. Los verdaderos culpables, echan el muerto a los Warriors. Éstos sin saberlo, deberán volver a casa con esta carga. Una larga noche les espera.

‘The Warriors’ representa una asfixiante noche. Una oscura noche neoyorquina en la que un grupo de pandilleros ansiarán el regreso a casa con los peligros de tener a la policía pisándoles los talones, y a todas las bandas juveniles de la ciudad en busca de sus cabezas. Una noche llena de poesía violenta. Poesía en la que los versos no son más que peleas, atuendos estrambóticos, jóvenes alejados de la sociedad, los barrios de la Gran Ciudad, policías violentos y el metro de Nueva York. Escenario, en su conjunto, idóneo para que Walter Hill nos regale una hermosa película, violenta.