Archivo de la categoría: Western

‘Unforgiven’. La inolvidable historia de William Munny.

“Ella era una muchacha guapa y con ofertas de matrimonio. Así que a su madre se le rompió el corazón cuando decidió contraer matrimonio con William Munny, un ladrón y asesino conocido, un hombre notorio por su carácter vicioso e inmoderado. Cuando ella murió , no fue a causa de él, como esperaba su madre, sino de viruela. Fue en el año 1878″.

Estamos en el año 1992. El western, salvo contadas excepciones, es un género sepultado en Hollywood, pues ya no aparece por las carteleras de ninguna gran ciudad. En este contexto es cuando Clint Eastwood decide inmiscuirse en esta gran película, ‘Sin perdón’.

Esta es la historia de William Munny, antaño un asesino despiadado, cuya sangre se decía era más fría que la nieve, dispuesto a poner bajo el fulgor de su cañón a todo aquello que osase moverse en su presencia. Sin embargo, todo cambió cuando conoció a Claudia Feathers, su esposa. Ésta le llevó por el buen camino, alejándolo de aquel sendero cargado de violencia, fuego cruzado y alcohol. El cruel asesino sabía que ya tenía su billete ganado para ir al infierno, pero había decidido, en el tiempo que le quedaba, formar un hogar y vivir bajo el yugo de la rectitud.

Ahora, el viejo Munny, viudo y a cargo de dos hijos de corta edad, malvive entre cerdos enfermos y mendrugos de pan, reconfortado, en el fondo, cada vez que observa la sombra del árbol en la que reposa su mujer, sabedor de que ha hecho las cosas bien, redimiendo los pecados del pasado. Sin embargo, todo cambiará cuando dos necios decidan, a muchas millas de distancia del hogar de los Munny, acuchillar la cara de una inocente prostituta. Una recompensa de por medio, y un viaje hacia el pasado cargado de nostalgia y dolor.

En definitiva, vean ‘Sin perdón’. Una película repleta de grandeza. Eastwood consigue transmitir, gracias a un hombre taciturno, encorvado y de tez huesuda, un lirismo especial, ése derivado de las mejores historias crepusculares. El último gran recital de aquel malévolo tipo que un buen día decidió ser mejor persona. Obra maestra.

“Unos años más tarde, la señora Feathers hizo el ancho viaje a Hodgeman para visitar el último descanso de su única hija. Will Munny había desaparecido con sus hijos mucho tiempo atrás, decían que a San Francisco y dicen que prosperó por la venta de provisiones. No había nada en la tumba que le explicara a la señora Feathers porque su hija se casó con un ladrón y asesino conocido, un hombre notorio por su carácter vicioso e inmoderado”.

9.5/10

‘Ravenous’. Antropófagos.

No termino de entender porque Antonia Bird no ha tenido una larga y digna carrera cinematográfica. Reconocida admiradora del cine de Ken Loach, alcanzaba su culmen filmográfico con una historia que gravitaba en torno al mito del canibalismo. 

Siempre me ha gustado ‘Ravenous’. Tiene una historia muy bien elaborada que engatusa al espectador con ese viaje al siglo XIX, enclavando nuestra mirada en un fuerte perdido en mitad de las montañas californianas (sí, también tienen “su” Sierra Nevada). Sorprende desde el primer momento. El personaje de Guy Pearce, el capitán John Boyd, está muy bien pulido. La vomitiva atracción que dicho personaje siente por lo sanguinolento, terminará de explotar cuando conozca a Colqhoun, un sensacional Robert Carlyle, introduciéndonos en una espiral antropófaga, malévola y repugnante. La lucha entre el bien y el mal, entre la rectitud y la perversión quedará servida, y el espectador no podrá más que disfrutar con dicha batalla.     

En definitiva, vean Ravenous. No tiene desperdicio. Eso sí, no la cojan pensando que se toparán con una densa historia reflexiva acerca del canibalismo y sus quehaceres. A mí me gusta más verla como una historia que no ambiciona grandes propósitos, pero que consigue dar con la tecla exacta para que ese plato cargado de sangre, vísceras y huesos roídos sacie nuestro feroz apetito.

7.5/10 

‘Ride the high country’. Nostálgica, crepuscular, lírica

Randolph Scott y Joel McCrea son los protagonistas de este memorable western que suponía la consolidación dentro del género de un tal Sam Peckinpah. La historia gravitaba en torno a los personajes a quienes ellos daban vida: Gil Westrum y Steve Judd, dos hombres contratados para un trabajo especialmente peligroso, pues deberán transportar oro desde unas lejanas y temerosas minas. Un viaje largo en el que inevitablemente acabarán por verse las intenciones de uno y otro hacia este cometido.

Western crepuscular, sello e impronta de Peckinpah. Dos hombres antaño esplendorosos y satisfechos. Eran los viejos tiempos, aquel lejano oeste en el que la ley imperaba gloriosa a través de una placa y un fusil, y valores como la amistad, el respeto y la dignidad alcanzaban su máxima expresión al trazar las fronteras entre el bien y el mal. Sin embargo, ahora todo ha cambiado. Los banqueros y los negocios marcan el nuevo orden, y nuestros melancólicos y errantes protagonistas parecen desubicados, desorientados.

La tensión latente entre los dos protagonistas se palpa ininterrumpidamente durante el viaje de ida hacia las minas. De un lado, Gil Westrum, un tipo sin ángel, de existencia calamitosa y corazón herido. Busca una recompensa por tanto dolor en forma de oro. Del otro lado Steve Judd, un hombre tan errante como su compañero, pero que jamás ha perdido el rumbo a seguir: dignidad, responsabilidad y respeto con uno mismo. Dos maneras distintas de anclarse a un nuevo mundo, a un tiempo extraño para ellos.

El contexto lo marcará un viaje que deparará ciertas peripecias que terminarán por detonar la acción principal. Así, nos toparemos con un hombre de fe que es todo rectitud y su enclaustrada hija, una muchacha ingenua e inocente que verá a nuestros protagonistas, incluido el apuesto y charlatán vaquero que acompaña a los veteranos, como su vía de escape hacia la libertad, materializada ésta en una ruin tienda de campaña y un rudo minero. La fotografía deparada por Lucien Ballard será un auténtico gozo y un inestimable punto fuerte que Peckinpah sabrá aprovechar en tal caminar, como el complemento ideal para mostrarnos un regreso en el que la tensión se volverá manifiesta, y en el que la acción secundaria (con los despreciables mineros y su “caza” particular) servirá para acelerar el pulso al argumento principal.

Un final épico, impregnado de un lirismo que Peckinpah manejaba como ningún otro cineasta. La perversión que había desunido a nuestros protagonistas desaparecerá, dando paso a una nostálgica amistad, idealizada en esta cinta, que aflorará en forma de auxilio, fuego cruzado y trotes acelerados. Los tiempos han cambiado. Las arrugas y canas inundan el físico de nuestros náufragos. La pulcritud de antaño se pierde en una camisa con mangas sucias y descosidas. Sin embargo, nada de eso importan. Ambos saben que su último recital todavía está por llegar con tal de despedirse de esta errante vida con la cabeza alta, las botas bien calzadas y una merecida paz interior, consecuencia todo ello de un último trabajo bien hecho.   

8.5/10

‘Maverick’. Póker y humor en el far west.

Una timba de póker es el motor de combustión de esta cinta. A Maverick, un especialista en el juego, le restan tres mil dólares para pagar la inscripción de la misma, y tiene previsto hacerlo como sea, aunque el destino no se lo pondrá nada fácil al irrumpir en su rutina gente como Annabelle Bransford (Jodie Foster), una timadora muy sutil, o el español Angel, un intrigante Alfred Molina.

Sin grandes pretensiones se mueve la historia del reputado guionista William Goldman (‘Marathon man’ 1976), quién rescata, para la gran pantalla, al personaje de Maverick con tal de brindarnos un western que gravita en torno al mundo del póker, y que le viene como anillo al dedo a un clásico del género de acción como Richard Donner, quién narra con oficio y soltura las andanzas del cómico personaje principal al que da vida un acertado Mel Gibson, el cual repartirá cartel con Jodie Foster, James Garner y James Coburn, conformando así un auténtico lujo de reparto que atina en sus simpáticas interpretaciones. 

Film cargado de humor, buenos diálogos y  una verborrea desenfrenada (por parte de Maverick), que destila total complicidad con las desventuras aquí narradas, al tiempo que nos encandila con tal peculiar affaire sentimental entre Foster y Gibson, para regalarnos una timba final de altos vuelos, acompañada de un par de giros últimos del todo logrados que suponen el colofón a tan agraciada historia.

7/10

‘Stagecoach’. Mítica e inolvidable historia.

Esta es la historia de Ringo Kid, un cowboy que se perdió en los salvajes parajes del oeste americano. Es la historia de Dallas, una mujer que comienza a sufrir en sus propias carnes esa cosa llamada “prejuicio social”. Es la historia de Hatfield, un galán hecho jugador de póker, buen amante y mejor “confederado”. También es la historia de Buck, un peculiar guía renegado del ambiente hogareño. No olvidemos al entrañable ‘Doc’ Boone, brillante médico, mejor alcohólico e increíble conocedor de los entresijos humanos. Ahí está también Lucy Mallory, una dama de primera en busca de su añorado esposo. Nos queda Curley Wilcox, un recto hombre de ley. Samuel Peacock, un buen cristiano, y Henry Gatewood, un codicioso banquero. En definitiva, estas nueve personas, cuando decidan cruzar conjuntamente el desierto de Arizona por una u otra razón, exponiéndose a los peligros de Gerónimo y enfrentándose a los avatares del recorrido, acabarán por conformar una historia mítica, la historia de la Diligencia.

‘Stagecoach’es una obra impagable. Manufacturada por John Ford, su narrativa roza la genialidad. Nos adentramos en los inhóspitos parajes del far west, impregnándonos con la esencia de cada uno de los personajes, aterrándonos además por la sombra latente del ataque apache. Sólo por el personaje de Ringo Kid, esta película ya merece la pena. Pero súmenle unas brillantes escenas finales, con una tensión y un poderío visual difícil de lograr. No olviden a Dudley Nichols, quien nos brinda unos diálogos cargados de ingenio, envenenados por una sutil ironía que inevitablemente, para los amantes de esta, provoca carcajadas por doquier.  Sin obviar un detalle importantísimo, pues ‘Stagecoach’ es uno de los mejores retratos existentes de la sociedad estadounidense del siglo XIX. Un western inolvidable.

‘Rango’. Camaleónico western destinado tanto a imberbes como barbudos

Rango es un réptil con una plácida existencia. Camisa hawaiana, piscina y solecito, novia de plástico y algún colega que otro. Eso sí, vive dentro de un terrario, y está comenzando a cansarse de esa vida de actor para los humanos. Por suerte (o desgracia) para él, todo cambiará cuando por avatares del destino se vea abocado a sobrevivir en medio del desierto de Nevada.

Historia de animación que gravita en torno a la lucha existencial de un divertido camaleón, quien (dentro de su propia naturalidad) deberá camuflarse entre los habitantes (variopinto atinado) de un polvoriento poblado del far west para así terminar por conseguir una identidad verdadera, sin medias tintas ni engaños.

Su narración es ligera y altamente gustosa de ver. No sólo posee divertidas escenas con ingeniosos gags, sino que además nos adentra en pleno desierto a través de una adenalínica e inesperada acción que incluso acaba por ponerse nostálgica con un sensacional guiño al mundo del (¿enterrado?¿resucitado?) western. Además, Gore Verbinski (un gran director comercial) no deja títere con cabeza, introduciendo una camuflada crítica a temas como la corrupción política, la religión y rituales, la banca e incluso hasta a esa cosa llamada “progreso”. En definitiva, dibujos que harán las delicias de los más pequeños (había unos cuántos en la sala) y de los que no lo son tanto.

‘True grit’. Western clásico.

Si digo la verdad, no me imaginaba a los hermanos Coen desembarcando en el mundo del western, como tampoco me los imagino haciendo un film de terror o una bélica. Sin embargo, cuando uno posee ese talento, esa brillantez, creo que está capacitado para hacer lo que le venga en gana. Entrando ya en materia, la muerte del padre de Mattie Ross, una intrépida niña, a manos de Tom Chaney, uno de los bandoleros más buscados del sureste de los Estados Unidos, hará que el afán vengativo de ésta nos aboque de lleno en la acción. Un antiguo U.S. Marshall, de nombre Rooster Cogburn, definido por ser borracho, gruñón y buen tirador, así como un honesto Ranger de Texas, LaBoeuf, serán la compañía y ayuda de nuestra amigable protagonista para tratar de apresar algo más que sombras en su búsqueda.

‘True grit’ es un western con fuerza y vigor que te va empujando de lleno hacia la árida Arkanssas, a lomos de Little Blackie, un noble caballo, disfrutando con el desparpajo de nuestra protagonista, sonriendo bobaliconamente con las viejas historias de Rooster Cogburn, con sus disputas bravuconas, con su peculiar proteccionismo paternal. Ellos son los buenos, pero también hay malos. Rencillas del pasado, recompensas y honor. Todo está en juego a la hora de atrapar a Chaney, un esquivo Josh Brolin, y a Lucky Ned Pepper, un excepcional, como siempre, Barry Pepper.  

Muy buena historia del far west, de corte clásico, empujada por traiciones y venganzas, existiendo buenos y malos, adornado todo por una dirección magistral de los Coen, una excelente fotografía y unas interpretaciones sensacionales, énfasis en Jeff Bridges, que ayudan a sentir como propia las andanzas de estas pobres almas dispuestas a enfundar su brutalidad en nombre de la justicia.

‘Mad Max’. La ley de la carretera.

George Miller con cuatro duros en el bolsillo se inventó en 1979 una de las auténticas obras de culto del séptimo arte. Desde los primeros planos, ya intuimos que algo va mal por el planeta Tierra, alguna pata del sistema se ha debido venir abajo.

No sabemos cuál, pero desde luego la justicia se nos presenta como una ruina, escenificada en un edificio cochambroso en cuyo interior deambulan cuatro vigilantes de la carretera, quiénes al juzgar por lo que vemos, no ostentan un cargo excesivamente bien visto en la sociedad.

La acción se desata con ‘El Jinete Nocturno’, un loco de la carretera al que Max y su compañero ‘El Ganso’ pondrán fin en el propio asfalto. A partir de ahí, unos motoristas nómadas amigos del Jinete llegarán a la ciudad para clamar venganza.

Comenzará el western futurista. Tenemos a la ley, al sheriff y su ayudante, representada en Max y en sus compañeros. Y al otro lado a los forajidos y bandidos, los nómadas de la carretera. El enfrentamiento entre unos y otros resultará trepidante, sin conceder tregua ninguna.

Un final memorable, un acoso asfixiante de los bandidos, quiénes sembrarán el terror a su paso. Hasta que nazca el solitario de la carretera, Mad Max. Se enfunda su traje de cuero. Calza sus botas. Enciende el motor de su ocho cilindros de su ’Interceptor’ y lo hace rugir. Sale al asfalto e impone su nueva ley. El mundo está jodido, y en ese mundo sólo sobreviven los más duros. Obra maestra.

‘Appaloosa’. Dos hombres y una mujer.

Estamos en Appaloosa, en el lejano oeste norteamericano. Un cruel y despótico ranchero, Randall Bragg, acaba de asesinar al sheriff y dos de sus ayudantes. Tal hecho, provoca la llegada al pueblo de un legendario hombre del orden, Virgil Cole, y su fiel ayudante, Everett Hitch.

La confrontacción entres los dos hombres, que a partir de ahora serán la ley local, y Bragg no tardará en aparecer. Los asesinatos de tres caraduras de la banda de Bragg harán aparecer los aires de cambio en la ciudad. La llegada de un prófugo de su banda a los brazos de Cole, permitirá la acusación de asesinato y el encarcelamiento para su posterior muerte en la horca de Bragg.

Simultáneamente a todo ello, en el pueblo irrumpirá una joven viuda, Allison French. Ésta, será el eje en el desarrollo del film. Su atracción por Cole será inmediata, y comenzarán una relación, puesta en peligro por la facilidad de French a darse a otros hombres.

En el momento de transportar al futuro ejecutado, un par de bandoleros mercenarios contratados por éste, aboradarán el tren teniendo como rehén a French. Pedirán a cambio de la libertad de ésta, la libertad de Bragg. El sheriff no podrá oponorse debido a su amor. Todos huíran.

La obsesión por atrapar a Bragg, permitirá a Cole, descubrir con sus propios ojos como French, se cepilla a todo lo que se mueve en este grupito de bandoleros mercenarios. 

El indulto presidencial a Bragg devolverá la calma al pueblo. La aparente calma. Bragg jugará a ser un ciudadano noble comprando un hotel y a los negociantes locales. Cole insistirá en su relación con French, mientras que ésta seguirá siendo la chica alegre que es durante todo el film, acercándose, en esta ocasión, a Bragg.

Hitch, consciente de que Bragg no puede salir impune, decidirá retarlo. Con ello pondrá en prueba su lealtad y amistad con Cole. O la muerte, o el destierro, le esperarán tras el desafío. Con ello, no sólo ganará la justicia por la muerte del tirano, sino que además permitirá a Cole vivir tranquilamente con French, pues ésta ya no tendrá hombres poderosos cercanos a quién arrimarse, ya que la muerte de Bragg, y su propio destierro, le dejarán el camino libre a Cole.

Gran historia en el lejano oeste la escrita, dirigida e interpretada por Ed Harris. Una historia en la que se habla de algo llamado amistad. La que siente Hitch por Cole. Un Cole, que pese a su apariencia de chico duro, se mostrará como el mayor calzonazos en temas de mujeres, pues la avispada French, dirimirá y hará tambalear una relación de amistad y fidelidad, que hasta la llegada a Appaloosa, había sido lo más sólida posible.

Original la propuesta de ese triángulo amoroso compuesto por Cole, Hitch y French, que bailará al ritmo impuesto por el despótico Bragg. Buen western.